FENARETA

“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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El afán de lucro nos encanta

Sí. Unido al servicio a la comunidad. El hombre tiende a ser cada día mejor, en todos los aspectos, y quien quiera limitar su afán de mejora lo matará. Pero el afán de lucro sin su correlato de servicio a la comunidad es, sencillamente, un desorden espiritual, que acaba provocando un desorden material.

Solución: amor, convivencia y comunión, lo propiamente humano, frente a odio, disidencia y desunión. Los animales de la selva no están hechos para convivir, sino para matarse entre sí. Pero el hombre nació para la ayuda mutua y el lazo social es la condición para ser libre y ser persona.

Lo material y lo espiritual no se pueden oponer: los intereses han de converger, conforme a la naturaleza humana. Libertad con vínculos que la protejan, máxima libertad ordenada al bien común y que alienta el espíritu creativo del hombre.

Por el Estado, contra el estatalismo; por el capital contra el capitalismo; por la libertad contra el liberalismo; por lo social contra el socialismo; por la comunión contra el comunismo.

Va por delante nuestro empeño de descubrir la clara posibilidad de un mundo ciertamente mejor. Y no inventamos nada, esto ya lo dijeron otros hace años. Nos limitamos a recoger semillas que cayeron en terreno pedregoso y buscar donde puedan arraigar.

El jefe de todo esto

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Está calificada como comedia, pero nuestro querido Lars von Trier ha tenido que utilizar este registro para poder sostener la mirada de la realidad sin perder la compostura. No es una comedia: es un terrible drama ubicado en la tranquila cotidianeidad, que es donde suelen ocurrir los más terribles sucesos. Por eso el espectador asiste desasosegadamente a lo que, ad extra, parece un relato costumbrista más.

Cualquier asesino se estremecería si viese quién es en realidad su víctima, que no es otro que él mismo, dijo Víctor Hugo. Esta película procede del estremecimiento, del vértigo que se experimenta cuando uno se da cuenta de la propia brutalidad con la que se trata al Otro. Trata sobre la catarsis del verdugo, facilitada por el actor que se le enfrenta, como un espejo. Y acontece esta catarsis, este darse cuenta de la propia brutal ignorancia del Otro, en el tranquilo entorno de una empresa que está a punto de ser vendida por su auténtico propietario, oculto tras la figura del “jefe de todo esto”.

Como su protagonista se encarga de escenificar, cuando se llega al fondo del abismo, cuando no queda nada de una idea que dé cuenta y razón de los actos, cuando la forma no existe, acontece el horror, y lo hace en forma graciosa. Y cuando el horror se enseñorea de la escena, todo es posible, la superrealidad se adueña del timón, y provoca incluso que la escena no sea tal. Técnicamente sustentada sobre el recurso del framing, algunos la consideran una obra menor. Ahí radica también gran parte de su mérito.

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Von Trier “no ha trabajado” nunca, comenta en sus declaraciones sobre la película. No ha tenido que experimentar el absurdo de las relaciones laborales, donde unos trabajan con miedo de no subsistir y otros consideran el trabajo como una vulgar mercancía. Von Trier ha trabajado con vocación y eso se percibe en sus películas. Y su intuición le lleva a plasmar en la película aquello que no ha experimentado. Paradójico.

Sin una concepción filosófica del hombre y de la sociedad no es posible organizar la vida en común con criterios firmes. “El jefe de todo esto” realmente no existe. Y las personas sufren el horror y el caos, la arbitrariedad y la ausencia de sentido. Von Trier lo ha querido contar tal y como lo ha intuido. Y lo ha hecho con humor, como corresponde a un espíritu extraordinario. Vedla.

La venta de una empresa

Seguimos pensando la empresa y pensando la filosofía, tratando de entender qué falla en la empresa y por qué.

Sentimos gran desasosiego tanto cuando escuchamos que la filosofía no sirve para nada a la empresa como cuando escuchamos que la empresa es inmoral.

Y queremos entender.

Escribe nuestro amigo y protector Rodolfo Carpintier en su blog este post acerca del proceso de venta de una empresa.

¿Porque es tan difícil el cierre de una venta de compañía?

Las empresas de éxito lo son porque se crearon para ser una gran empresa a largo plazo y eso requiere muchos aspectos de organización interna y gestión empresarial que, en muchos casos, son difíciles de inculcar en una start-up centrada en crecer. Sin embargo, cuando el crecimiento es espectacular y el posicionamiento de la start-up como líder de cualquier sector es ya claro, le aparecen muchas novias.

Desde empresas tradicionales hasta grandes del sector online que quieren “absorver” un nuevo segmento de mercado hasta fondos de capital riesgo que especulan con una posible salida a Bolsa o consolidación de un mercado mayor a nivel Europeo o mundial.

Para entonces, la start-up tiene ya tras de sí varias rondas de ampliación de capital y contratos muy complejos con media docena de inversores, desde los Business Angels originales hasta los fondos que han entrado en las últimas rondas. En el caso de una venta, los intereses de todos ellos son dispares y eso da márgen para muchas negociaciones.

Por eso, lo habitual en estos casos, es que el cierre de la operación se haga a altas horas de la madrugada. Kelkoo se firmó sobre las 1:15 de la madrugada y, en mi experiencia, cada operación ha tenido un cierre similar en lo complejo y en las horas de firma. Alguién me dijo que, al final, la firma se realiza cuando están todos exhaustos y deciden no negociar más…

Hemos asistido a muchas negociaciones “a cara de perro”, algunas con los grandes ejecutivos de la economía mundial.Y Rodolfo sabe lo que dice, porque así sucede. La lucha es despiadada y los límites físicos y psíquicos a los que llegan los “contendientes” son difíciles de imaginar para la gente de la calle.

La guerra llega incluso a generar adicción.

Es una contienda: una batalla donde el principio básico es: “uno gana lo que el otro pierde”. Es un juego suma cero. Lo que se deje sobre la mesa para “el otro” será fruto de la piedad, pero nunca del convencimiento de que es bueno que el otro gane. Debemos citar aquí términos como la “trampa social” o la “tragedia de los comunes“.

Sin embargo, Fenareta tiene una concepción distinta de la economía en general y de la empresa en particular.

En ciertas negociaciones hemos tenido el “descaro” de decirle a nuestro interlocutor:

- “Oye, Mr. X, estamos detectando que haces muchas cábalas sobre lo que finalmente vamos a ganar nosotros en la operación… ¿no te molestará que ganemos mucho en esta operación, verdad? Porque sabemos que tú, de hecho, vas a ganar mucho más, y no nos molesta en absoluto: al contrario, nos alegra.”

A lo que Mr. X responde un poco azorado (cuando responde, porque a veces simplemente levanta la sesión hasta mejor momento, ante la vergüenza que siente):

- “… Mmm… Por supuesto que no. Eso son tonterías”.

Nos hemos aproximado siempre a las mesas de negociación con una cierta alegría, teniendo la intuición de que lo que se iba a negociar en esa mesa iba a ser algo bueno para todos: algo que no necesariamente tenía que ser lo que cada parte llevaba en la cabeza al sentarse, pero que, precisamente por eso, podría llegar a ser mejor que cualquier expectativa que los negociadores tuviesen.

Y efectivamente, las negociaciones más exitosas a las que hemos asistido han sido aquellas en las que las partes, juntas, dialogando, colaborativamente, han llegado a formular un escenario bueno para todos, en el que todos han tenido que renunciar o “morir” a parte del “equipaje de expectativas” que traían a la negociación para alcanzar una situación que todos comparten porque todos han contribuido, de buena fe, a crear.

Las mejores han sido aquellas negociaciones que han sido algo catárticas, donde lo personal se ha puesto de manifiesto y las partes han hablado sinceramente sin dejar nada en el tintero.

En lugar de un diálogo de sordos, se ha producido un verdadero diálogo, y los negociadores se levantan de la mesa siendo mejores y apreciando, sinceramente, a la persona que tuvieron enfrente. ¡En cuántas de estas ocasiones no hemos podido comprobar que se ha acabado forjando una amistad entre los negociadores, fundada en la admiración recíproca tanto moral como intelectual que se les ha generado a las partes, escuchando sus argumentos, sus relatos, sus fines y contemplando los esfuerzos por alcanzar una solución satisfactoria para todos!

Ha sido este alumbrar un marco de trabajo que todos comparten y están dispuestos a defender -incluso contra sus propios camaradas escépticos- lo que nos ha llevado a pensar que la negociación puede ser otra cosa muy distinta. Más un diálogo para hacer nacer “lo bueno” que una guerra para quitarle “lo bueno” al otro y dejarle lo nuestro “menos bueno” o incluso “malo”.

Como hemos tenido ya varias de estas experiencias, nos sentimos impulsados a contestarle a Rodolfo lo siguiente, que ha publicado finalmente:

Tienes toda la razón. Normalmente las negociaciones son duras. Muy duras.

Es difícil compartir el principio de que de la mesa de negociación (y de cualquier diálogo en general: una negociación es sólo eso, un diálogo) uno debe levantarse con la sensación de que ha perdido algo valioso para ganar algo también valioso. De una negociación todos deben levantarse con la convicción, porque así sea en realidad, de que son mejores que cuando se sentaron a negociar. De que su vida y la obra de su vida vale más, en todos los sentidos.

Sin embargo, suele uno negociar con la intención de desprenderse de lo que vale poco y llevarse lo que vale más. Para ello, como el interlocutor no es idiota, debe tratar de idiotizarlo: agotándolo, cambiando términos a última hora, usando técnicas de “poli bueno y malo”, apurando el tiempo si al otro le hace falta, etc.

Esa actitud, al final, años después, lleva a que lo que parecía un buen futuro acabe convertido en una decepción. Es pan para hoy, hambre para mañana. Has machacado al otro. Nada más. Le has expoliado. Pero eso, a la larga, no genera más que aniquilación.

Es un planteamiento pobrista y desesperanzado, que considera que la riqueza no se puede crear ex novo, sino que hay que quitársela al de enfrente.

Son ejemplos de mala negociación. De negociación no ética. De esas hemos visto muchas.

A fin de cuentas, responden todas a lo mismo: falta de cultura empresarial de la de verdad.

Equipo Fenareta
http://fenareta.org/blog/

Fenareta tiene mucho que decir a este respecto.

Ya va articulando sus primeras palabras.

Ordo amoris

Ya estamos de vuelta, tras unos días especialmente intensos.

Compartimos con vosotros hoy, dentro de Arte de Vida, un escrito de Alfonso López Quintás. “El ordo amoris y la cultura del corazón.” Es bastante extenso, pero indica bien por dónde empieza a caminar Fenareta. Cómo pretende ofrecer una alternativa al mundo empresarial, cambiando, humildemente, las premisas del actual debate. Un diálogo que, simplemente, no es tal. Porque nadie está dispuesto ni a “morir” para alumbrar una verdad que le supere ni a salvar la proposición del otro.

El “ordo amoris”, la ordenación que viene del amor y está llamada a crear más amor, debe ser fundado por el ser humano en relación a las realidades de su entorno.

¿Qué entiende Fenareta por “empresa”?

“Los filósofos que han especulado sobre la significación de la vida y el destino del hombre, no han notado lo suficiente que la naturaleza se ha tomado la molestia de informarnos sobre sí misma. Ella nos advierte por un signo preciso que nuestro destino está alcanzado. Ese signo es la Alegría. Digo la Alegría, no el placer.

El placer no es más que un artificio imaginado por la naturaleza para obtener del ser viviente la conservación de la vida; no indica la dirección en la que la vida es lanzada. Pero la alegría anuncia siempre que la vida ha triunfado, que ha ganado terreno, que ha conseguido una victoria: toda gran alegría tiene un acento triunfal.

Ahora bien, si tomamos en cuenta esta indicación y seguimos esta nueva línea de hechos,  hayamos que por todas partes donde hay alegría, hay creación: más rica es la creación, más profunda es la alegría”.

Henri Bergson

El socialismo marxista y el liberalismo capitalista han acabado por defenestrar el concepto de empresa y la antropología subyacente, al situarlas en medio de un dilema que no es tal: ¿libertad o justicia?

Los teóricos de la libertad han defendido el llamado “mercado” por encima de todo, mientras que los defensores de la llamada justicia social han dado la preferencia al Estado. De estas opciones han nacido las oposiciones mercado-estado, liberalismo-socialismo o riqueza-poder. Fenareta ofrece un giro radical en el pensamiento de la empresa, en paralelo con el giro que propone a nivel antropológico. La empresa es una persona, y la persona no es ni un lobo infinitamente voraz que caza por cazar ni un gusano ocioso deseoso de ser alimentado simplemente para engordar. La persona tiene un sentido y todo lo que hace, lo comparte.

Creemos en la persona humana con todas sus dimensiones, y consideramos que el valor de la misma se puede concentrar en la vida. La persona tiene un sentido, la Vida, y el sentido actúa de tractor, de elan, de impulso, de fuerza que impulsa a la persona a perseverar en su vida, a crear más vida, a buscar la verdad de la vida y a contemplar la belleza de la vida.

La persona crea valor cuando crea vida con lo que es y lo que hace. Crea valor cuando contribuye a la creación facilitando las circunstancias que hacen posible y digna la vida. Creando valor se perfecciona según su naturaleza: llega a ser lo que debe ser, lo que es. Lo consigue como individuo, pero fundamentalmente lo consigue en la comunidad en la que vive, que ayuda a vivificar y que le vivifica.

Desde esta estructura vital animada por la vida se crea lo valioso, la nueva vida. Esta creación produce en el hombre una intensa alegría al constatar con sus propias manos que la vida no cesa y que el bien triunfa en la lucha contra el mal.

La creación de la vida por el hombre se produce mediante la utilización de determinados recursos, limitados, que son los que configuran la creación económica. Esos recursos responden siempre a una organización, que es la que conduce a la consecución de los proyectos. Estar en camino de conseguir los proyectos es el síntoma de la justicia social, y no estarlo es la mayor injusticia social imaginable. La creación económica es la ordenación de recursos limitados de cara a proyectos que responden al sentido de toda actividad humana: la creación de vida.

La empresa es el modo habitual de organizar esa actividad de creación económica, con la única salvedad de que el comercio y el tráfico mercantil han perfeccionado hasta tal punto esa organización específica que la han dotado de personalidad económico-jurídica. Así pues, la empresa es la persona jurídica que tiene como vocación el crear vida de forma económica –con recursos limitados.

En su dinamismo propio (la creación de vida), la empresa cuenta con recursos limitados -bienes fabricados, aquellos que forman una suma limitada o nula: su distribución acaba por agotarlos- y otros ilimitados, bienes creacionales, aquellos que se pueden compartir o repartir y que nunca se terminan (tales como la bondad, la generosidad, la confianza, el sacrificio, el ingenio, la paciencia, etc.). –que serían

La empresa se convierte, en la visión de Fenareta, en persona cuya vocación es contribuir a la creación, desde su campo de conocimiento específico, la creación económica. Penetran, por tanto, la vida y el impulso vital dentro de la empresa, haciéndola emerger hacia el entorno –la comunidad, el mercado y el Estado- para ofrecer su mano creadora allá donde ella vea que se necesita.

Desde la empresa creadora, y obrando conforme al sentido, se alcanzan los proyectos, y el caminar hacia ellos, utilizando los recursos, limitados o ilimitados, conforma la justicia, siempre social. Así pues, el dilema no es tal y la vida puede realizarse plenamente, libre y justa.

H-introspección

Los viernes ponemos en marcha Cuaderno Bitácora, tratando de recoger los andares semanales de Fenareta, contándoos lo que ha hecho, lo que ha conseguido, en que está ocupando su aprendizaje, a quién ha conocido, las caídas que más le han enseñado…

Esta primera semana se ha dedicado Fenareta a escuchar a los amigos que la vieron nacer, transmitiéndoles su disposición a aprender y a colaborar en la misión de acercar la filosofía, la auténtica filosofía, a donde hace más falta. A los lugares donde no hay luz ni amor por la luz.

Nos hemos reunido con Mónica para escuchar su opinión sobre lo que hacemos, recibir consejos desde su experiencia y ponernos a su disposición en lo que podamos ayudar. Hemos escuchado las propuestas de Eduardo en referencia la creación de marca y el impulso que le debemos dar a Fenareta en el mundo digital, siguiendo modelos de éxito en divulgación como el de The New Yorker. De momento hemos colgado una web estática, que animaremos en breve.

Hemos recibido felicitaciones de varias personas que están entusiasmadas con la idea, animándonos a acometer el reto de contar nuestros objetivos en otros foros, como el hospitalario, el bancario, etc. Se ha generado entusiasmo entre nuestros colaboradores, donde se han originado debates que en años no se habían suscitado, sobre la nobleza, la sinceridad, la verdad…

Nos ha escrito desde Sevilla José Barrientos, que lleva el Grupo de Investigación “Filosofía Aplicada: Sujeto, Sufrimiento y Sociedad” y que trabaja la filosofía aplicada al conflicto. Amablemente nos ha incluido en su blog. Parece que nacemos entre algodones. Asimismo, han compartido con nosotros los amigos de la Escuela de Filosofía la reseña que publicaron en Expansión hablando de la filosofía aplicada a las empresas: 040810_Expansión

Nos estamos poniendo en orden financiero también, y ya hemos abierto una cuenta corriente en Caja Navarra, institución de la que intuimos que vamos a recibir apoyo. Aspiramos a que, cuando tengamos los materiales preparados, nos escuche y comparta con nosotros ciertas visiones e iniciativas. El nuestro será uno de los proyectos que aparecerá en su web en unas semanas.

Hemos organizado este blog, que va a tener varias secciones en la semana:

  • Ésta de Cuaderno Bitácora, los viernes.
  • Arte de la vida los lunes, donde combatiremos esa inercia laboral que dirige a muchos este día, con fotografías, películas, músicas, libros… que contribuyan a empezar la semana laboral con calidad de vida, integrando esta con el alma y el corazón, sintiendo y examinando.
  • Los martes nos colaremos dentro del mundo empresarial para dar guerra, por el flanco más insospechado, tratando de ofrecer una reflexión donde habitualmente no se espera que acontezca. Filosof-ando.
  • Los miércoles se escucha polifonía en el blog, se escuchan voces desde la psicología, desde la filosofía, desde la empresa, desde todos los lugares que quieran cantarle a Fenareta. Se admiten voluntarios.
  • Y emprendemos el vuelo los jueves, mostrando una parte recóndita del asesoramiento filosófico: la espiritual. Trataremos aquí de compartir ejercicios espirituales, lecturas, auto-observación o, simplemente, silencio de vida.

¿Qué hemos aprendido? Sobre todo, hemos aprendido que tenemos que perfilar mejor, antes de salir a la calle a hablar de Fenareta, la visión que Fenareta tiene de la empresa y de la filosofía. Ser cuidadosos con los términos y precisos con la metodología. Eso es lo que nos está llevando ahora la mayor parte de la dedicación: poner por escrito lo que Fenareta piensa de la empresa, lo que Fenareta entiende por filosofía, y cómo va a conectar ambas de manera armónica. Cómo Fenareta va a aportar valor a la empresa y a la filosofía.

La semana que viene estaremos desde el miércoles desperdigados, reencontrándonos con familias y orígenes, y volveréis a saber de Fenareta el viernes 13. Nuestro propósito para la semana que entra es ese, descansar y encontrarnos a nosotros mismos. Probablemente mediante la introspección. Eso de lo que, como publica El Mundo haciendo referencia a los aviadores que lanzaron la primera bomba atómica sobre Hiroshima un 6 de agosto de hace 65 años, el entrenamiento militar protegía a sus pilotos.

Veremos si somos capaces de cumplir nuestro sencillo propósito.

Fenareta se presenta en sociedad

A las ocho y media de una tranquila mañana de finales de julio, cuando se suponía que casi todo Madrid estaba dormido o de vacaciones, se ha presentado en el Hotel Miguel Ángel de Madrid la Fundación Fenareta Empresa Filosófica, una iniciativa promovida por varios filósofos y empresarios que busca acercar la reflexión filosófica y la actitud de búsqueda de la verdad a la empresa española, que tan necesitada está de repensar sus principios y objetivos.

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Arropada por otros empresarios de sectores tan diversos como Rodolfo Carpintier (DAD), Alejandro Suárez (Genolab y Ocio Networks), Miguel Díaz (Intelectia Capital), o Yolanda Herreros (Innova Ocular), todos ellos sensibilizados con la necesidad de acercar a la empresa la reflexión sobre principios y valores, y con el apoyo de filósofos como Mónica Cavallé, Miguel García-Baró, Evaristo Palomar, Txetxu Ausín, Josefina Pooley o Mariano Betés, Fenareta, que adopta el nombre en homenaje a la madre de Sócrates (comadrona de profesión que inspiró al filósofo en la elaboración de su método para ayudar a “dar a luz” ideas) pretende acercar la filosofía a las empresas e instituciones públicas, en formatos que se adapten correctamente a las restricciones de tiempo y forma que la vida laboral presenta.

Fenareta introduce de forma institucionalizada en España una disciplina que se viene cultivando en países como Alemania, Holanda, Francia o Estados Unidos desde hace más de 30 años, de la mano de asesores como Lou Marinoff, Gerd Achenbach u Oscar Brenifier.

En estos países, donde la filosofía no es vista como algo inútil o abstracto sino como una herramienta esencial para la vida, muchos cargos directivos acuden a los gabinetes de filósofos para revisar sus planteamientos vitales o los de la empresa que dirigen, y tienen una formación humanística de la que echan mano a la hora de tomar decisiones estratégicas. Ha sido con la lectura de los filósofos clásicos y la asistencia a sesiones individuales o grupales de asesoramiento filosófico como se han enfrentado a retos estratégicos con criterios que van más allá de lo utilitarista.

Fenareta, que quiere dar ejemplo sosteniéndose mediante la prestación de servicios, pretende acercar, por primera vez de forma institucionalizada, la filosofía a las empresas españolas y ayudar a decenas de filósofos a salir del ostracismo o el academicismo, convirtiéndose en “útiles” para la sociedad emprendedora. Lo hará en estrecha cooperación con ámbitos afines como la psicología, el coaching, la consultoría estratégica o la formación universitaria. La Fundación, en constitución, ya está trabajando en varios proyectos de asesoramiento filosófico empresarial para hedge funds, multinacionales e instituciones educativas a nivel nacional e internacional.

Presentación del proyecto Fenareta en el Hotel Miguel Ángel (Madrid), 29 de Julio de 2010

Presentación del proyecto Fenareta en el Hotel Miguel Ángel (Madrid)