Mística, S.A.

Fenareta vive del esfuerzo de la gente que la compone. Pero esto nunca es suficiente. Tiene que confiar.

Como toda planta, como todo ser vivo, necesita de cierto cuidado del entorno. Tratándose de una creación humana que aspira a tener vida propia, ese entorno que ofrece sus cuidados se podría llamar comunidad.

Porque, a diferencia de lo que sucede con los animales y las plantas, en el entorno humano se generan vínculos, que nacen de la convivencia y la comunión, y que desembocan en el amor.

En el entorno de Fenareta, en la comunidad donde crece, se respira amor: las personas que se topan con ella la llevan amorosamente de la mano a enseñarle y ofrecerle lo único valioso que tienen: su vida.

Vínculos mediante los cuales, sirviendo y conviviendo, los hombres hallan profundas alegrías personales, purificando e ilustrando un egoísmo que, redimido, se transmuta en el mencionado amor.

Amor que necesariamente es libertad, pues el amor no se puede forzar.

Libertad que activa la emulación y la competencia del esfuerzo creativo, lucha y fecundo riesgo que están en nuestra naturaleza, que favorecen la unidad y cuya ausencia conduce a la decadencia y la muerte.

Sin vínculos no hay libertad, sin libertad no hay vínculos.

Aplicando esto mismo a otras “personas” como Fenareta, a otras instituciones, podríamos ir incluso más allá.

Faltas de comunión entre sus miembros, que no son capaces de converger en un diálogo de vida, proponemos a la empresa la comunión más elevada que existe: más allá de la mutua comprensión, proponemos la comunión en la contemplación, el encuentro profundo en un estado de amor silencioso “en el que el espíritu se encuentre realmente con el espíritu”.

Todo esto lo inspira nuestra amiga Maribel Rodríguez, quien en su página web se explica mucho mejor. Y su trabajo sobre la mística como terapia aplicada a las religiones ha sido la fuente inspiradora para nosotros. Su voz hoy, desde la psicología, nos lleva amorosamente de la mano a la claridad.

¿Puede ser la mística una vía de diálogo en las empresas, una terapia para sanarlas y transformarlas en lugares donde acontezca la vida en plenitud?

El místico es el respetuoso por excelencia, el que respeta profundamente lo real, al Otro, porque se siente esencialmente unido a él. ¿Qué diálogo más auténtico puede pensarse? ¿Qué comunidad más lograda que la de la experiencia espiritual profunda y abierta radicalmente al amor del Otro? ¿Y qué es acaso esta experiencia sino la experiencia de la Vida, experiencia completa e integral (en cuerpo, mente y espíritu) y concentrada en lo esencial?

Esta totalidad de la experiencia que no nos distrae de lo cotidiano sino que ubica lo eterno en el instante temporal nos lanza recreados al apasionante juego de la vida, integrando la contemplación en la acción del día a día.

Este sentirse unificado con todo lo demás creado, en simpatía universal y sobrecogido ante el mundo sucedería con la instalación vital en una actitud contemplativa, expectante, estética y artística ante la vida.

Eso sí, antes de llegar al final del itinerario místico, surcaríamos una nada de ideas, sentimientos y estados de ánimo, una nada de uno mismo, el gran abismo previo a la llegada al todo.

Ascética y mística, ¿camino terapéutico para muchas entidades, entre ellas para la maltrecha empresa?

Unidad en la plenitud de la realidad: imposible entrar en conflicto con el Otro al que uno está íntimamente unido, al que ama.

Resta entonces el gran diálogo preñado de Fruto. El gran silencio.

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PD: Va por Ada este post, que tantas horas, tanto esfuerzo y tanta vida le está poniendo a Fenareta y a su blog. “Plenamente feliz”, dice que se encuentra haciéndolo.

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