FENARETA

“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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Arcadia

Es la materialización del sueño renacentista, la idílica paz donde una Utopía natural puede tomar forma, la tierra del buen salvaje, aún no “corrompido” por la civilización.

Es también el título español de la película “Le couperet” (La corporación) que estrena Costa-Gavras en 2005, usando el nombre para denominar a la corporación a la cual el protagonista, Bruno Davert, quiere pertenecer.

Bruno (José Garcia) es un alto ejecutivo francés de una fábrica de papel que lleva quince años dedicado a la empresa, simplificada en patronos y accionistas. Debido a un proceso de “reestructuración” económica de la empresa, de la noche a la mañana es despedido junto con cientos de sus compañeros.

En principio la medida no le preocupa; es joven (tiene cerca de cuarenta años), cuenta con una preparación excelente y cree que no tardará demasiado en encontrar otro puesto de un nivel similar.

Tres años después, aún sin trabajo, sólo tiene en mente sobrevivir y preservar su propio bienestar material, y salvaguardar el futuro de su esposa e hijos. Con la ayuda de un arma decidirá pasar a la acción y comenzar a aniquilar a su competencia de una forma ordenada y lógica. Al mismo tiempo prepara el asalto a la Corporación Arcadia, el último obstáculo entre él y el puesto laboral que ansía (labutaca.net).

En un mundo despersonalizado, donde la división del trabajo ha alejado tanto al trabajador del sentido de su obra que ha reducido la dinámica laboral a un simple proveerse de dinero para mantener el “nivel de vida” a nivel biológico, el hombre, ahora anónimo individuo, debe luchar por la comida como la piraña entre sus anónimos semejantes: con ferocidad.

Independientemente de las situaciones cómicas, por lo terroríficas, en que se va adentrando la historia, varios matices nos hacen reflexionar sobre lo que acontece: la normalidad con la que, ad extra, vive el ya individuo su tragedia; el final aparentemente “feliz” en el que paradójicamente desemboca dicha tragedia; el envilecimiento del feroz entorno que rodea al protagonista…

Incluso el efecto que puede llegar a causar la película en el espectador, generando cierta simpatía con la suerte del protagonista, que pudiera considerarse amoral.

¿Es posible la situación que plantea? ¿Es probable? ¿Es real? Es real. No es ficción social. Se da, lo hemos vivido, cuando la supervivencia física y mental se pone en cuestión: entonces ciertas cosas, ciertos recursos, que no valían empiezan a valer, y el brillo en los ojos de los semejantes, en los nuestros, se vuelve feroz.

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¿Individualismo elevado a la máxima potencia? Es cuestión de convertir a la persona en individuo: hay técnicas explícitas -por ejemplo, los campos de exterminio- y otras que lo son menos.

Pero funciona.

Entre las ratas. Y también entre los humanos, cuando se les despoja de todo lo que les humaniza. La reducción de la persona a la simple lucha por los recursos es el camino. Hoy en día la dinámica social (empleados, empresas, gobiernos, sindicatos…) lo favorece al extremo.

Es el tiempo de los recursos, entre ellos, los recursos humanos.