FENARETA

“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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Ejecutiva agresiva (Heard on the street I)

Se escuchan cosas en la calle, en un bar, en el metro.

Ejecutiva agresiva, escoltada por dos compañeros de trabajo. Traje de chaqueta, delgada ella, fibrosa. Voz segura, contundente: le ha costado mucho llegar hasta ahí. Directiva de agencia de comunicación, probablemente. Hora de la comida. Estarán buscando algo rápido, para volver a la oficina enseguida.

–Todos lo que nos llegan son licenciados en Historia del Arte, Bellas Artes… ¡Y a mí qué me importa lo que hayan estudiado! ¡Me da igual! ¡A mi lo único que me importa es que vendan, que vendan! –bramaba por la calle, ensordecedoramente silenciosa a esa hora.

Ellos asienten con un silencio respetuoso.

Fenareta, asustada, se agitaba en mi interior, aunque notaba yo que se envalentonaba y quería decirle a la agresiva algunas cosas tales como:

  • ¡Pues trate de considerar importante lo que su gente ha estudiado, doña Agresiva, porque son personas, y probablemente antes que vender, han estado preocupados en formarse un corazón, una cabeza, unas manos y unos hábitos!
  • ¡Lo que quiera que usted venda, doña Agresiva, lo venderá mejor si de venderlo se encargan personas, antes que “vendedores”!
  • ¿Por qué no ejerce usted verdaderamente de mujer, de persona femenina, y le aporta usted a esa empresa que “sólo” vende una visión algo más amplia de modo que la ayude a posicionarse como una empresa humana, una empresa personal?
  • ¿Por qué no le da usted una vuelta a eso de equiparar la persona jurídica “empresa” con la persona humana?

La mujer se ha liberado. Tan alto ha volado que se ha esfumado. Y la empresa ha perdido con esta “ascensión” una gran oportunidad de perfeccionarse, de volverse mejor, más completa. Su monótona composición nos hastía.

Escuela de Filosofía: comienza el curso 2010-11

Nuestros amigos de la Escuela de Filosofía presentaron el lunes el curso 2010-2011, con dos programas de referencia: el de Historia del Pensamiento Filosófico y el que trata sobre los Monoteísmos. Asimismo, se trabajará en otro nuevo programa de diálogos filosóficos.

En franco diálogo ya con ellos, les deseamos un buen año y trataremos de dar a conocer a quien se nos acerque la labor que están realizando desde hace años por difundir la filosofía como actitud.

Le mandaremos el folleto general a quien nos lo solicite.

Segundamano y trueque

Hace años, cuando conocí Berlín por primera vez, me llamó la atención encontrar en las calles, depositados en las amplias aceras, electrodomésticos. Fue la amiga que me acogió en la visita quien me explicó que los alemanes reciclan. Que intercambian o aprovechan objetos usados, y que las bicicletas o las lavadoras de segunda mano son objetos apreciados y que forman parte de la vida normal de los alemanes.

Su bicicleta, de hecho, esa bicicleta que horas antes de mi vuelo de regreso se empeñó en llevarme por última vez a callejear por la ciudad y que casi me hace perder el avión si no es por la contrarreloj urbana que me marqué en el último momento, era de segunda mano. Apenas le costo unos 20 euros.

En España estábamos con el euro, multiplicando el precio del café por seis de la noche a la mañana, aumentando exponencialmente la base de nuevos ricos, comprando coches de alta gama como su fueran utilitarios y camino de pedir la tercera hipoteca (comprados ya el piso y la casa vacacional, quedaba acometer la “inversión financiera” pura). Eso de alquilar (tan usual en Alemania) era de pobres. A lo sumo, tráfico de influencias en la adjudicación de VPO, y alquilar el piso dormitorio a 900 euros para ir pagando la tercera hipoteca. La banca invitaba al festín, hasta que le dejaron de prestar para prestar.

Siempre he pensado que el uso racional de las cosas es síntoma de desarrollo. Desarrollo que he observado tanto entre poblaciones relativamente pobres -esas que no han llegado a afanarse con las cosas- como entre poblaciones relativamente ricas -esas que ya no se afanan con las cosas.

El trueque -no entendido como un sistema económico propiamente dicho, sino como una forma sencilla de ajustar necesidades sencillas en entornos domésticos- siempre me ha parecido un síntoma de desarrollo, tanto económico como personal, por la funcionalidad que otorga a las cosas.

Tanto trueque como mercados de cosas usadas se ubican en este desarrollo. ¡Cuánta desazón produce la necesidad de comprar, usar y tirar, para volver a comprar en un ciclo sin fin! ¡Y qué sorprendente ese reusar la ropa de hermanos a hermanos, heredar los libros, utilizar con cuidado el coche 10 ó 15 años y tantas costumbres que, parece, ahora empiezan a recuperarse por una capa social un poco desnortada en los últimos años!

Parece que surgen y se rescatan algunas iniciativas en esta línea, moderando la necesidad emocional del español de comprar.

Un ejemplo, que usa el lema: “no gastes, cambia“, lo pone en marcha una ONG que promueve el trueque urbano. Se habla de educación para el consumo, de comunidad, de generar riqueza (fuera del sistema económico), del dinero, del poder, del capitalismo, de la economía, del bien del grupo… y de personas.

Con el uso de ciertos términos no estamos muy de acuerdo, pero no importa. Indica algo su presencia. Son pequeños pasos hacia un sentido. Ello afectará a las empresas, por supuesto.

Y nos alegra.