FENARETA

“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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Vinilo por decreto

¿Qué tienen en común la Zentropa del film Europa, una discográfica actual y la mina donde se “alojaron” durante 70 días los mineros chilenos?

Primeramente su instrumentalidad teórica:

  • Zentropa es la empresa que explota los trenes en la Alemania destruida de 1945.
  • Las discográficas producen, graban, comercializan y distribuyen música al gran público.
  • La mina es el lugar de donde los mineros extraen sistemáticamente mineral para su posterior procesado y venta en los mercados de materias primas.

Son teóricamente instrumentales. ¿Qué es la instrumentalidad? Para explicarlo, un fragmento del trabajo de Víctor Tirado que citábamos el otro día:

“(…) Tampoco los productos de la técnica en tanto que tales productos técnicos son obras de arte: un vehículo en tanto que vehículo o un martillo o un teléfono móvil en tanto que meros utensilios no son obras de arte, pues son siempre para algo (um… zu etwas, que dice Heidegger: Werkzeuge), su sentido ontológico es instrumental, son siempre un medio para un fin extrínseco: el vehículo para transportar, el martillo para sujetar y el templo para orar. Por eso decía Aristóteles que la técnica es una actividad humana inferior, porque no es en sí misma un fin, está al servicio, como decíamos más arriba, de las necesidades perentorias de la vida, o, como dice Heidegger a su manera, al servicio de la ‘cura’ del Dasein, de su cuidado (Sorge).

Damos entonces por supuesto que atienden necesidades de la vida más o menos perentorias. Cuanto más perentoria sea la necesidad que atienden, menos, de lo diferencialmente humano, constituirá su naturaleza.

¿Podríamos decir que hay acuerdo en la afirmación “cuanto más instrumentalidad, menos humanidad“?

Trabajos como la minería o la conducción del Metro son extremadamente duros porque requieren de los trabajadores que los ejecutan una actividad cercana a la de la máquina: muy instrumental pues, muy maquinal. Poco humana.


¿Son poco humanas las tres entidades mencionadas? Podría afirmarse de la mina.

También de la Zentropa de la película. Cuando el entorno, la sociedad, la comunidad perecen o son aniquiladas -caso de la Alemania de 1945 (1)- se nos hace fantasmal la visión de un tren en medio de una ciudad en ruinas o un campo devastado. Su función, su sentido, puramente instrumental, parece que se esfuma. ¿Por qué no nos sucede así con la visión de un poeta o un violinista? ¿Por qué le concedemos mayor pervivencia de sentido a lo bello que a lo instrumental? Probablemente porque lo tiene.

¿Serviría de criterio medidor de la humanidad de una labor el situarla en un paisaje desolado y contemplarla en dicho marco, comprobando si aún tiene sentido o lo ha perdido por completo? ¿Es acaso cuando se le despoja al hombre de toda la parafernalia de medios que le rodean cuando mejor se puede distinguir el sentido de lo que hace?

Encontrar sentido a actividades rutinarias o automáticas es un esfuerzo que muchas personas realizan a diario. También hay ejemplos de películas que lo relatan.

Sucumbir a dicho intento es frecuente, y puede contemplarse maravillosamente descrito en la Parábola del naúfrago de Delibes. Hay un momento en el que los medios, los instrumentos, se comen a los fines, al hombre.

Proponemos la desinstrumentalización del trabajo, en la medida de lo posible.

Cuándo no es posible es un asunto del que nos ocuparemos en otro momento.

Pero, ¿y cuando es posible, pero no se hace? ¿Y cuando la entidad se aferra a la instrumentalidad, temerosa de acercarse a la belleza?:

Naturalmente, que todo suele darse mezclado en la vida del hombre, porque la vida humana es a la postre una, de manera que integra sus medios en sus fines últimos, y así, en la medida de sus posibilidades embellece sus útiles, trata de embellecer los coches y los templos, algo menos los martillos… ¿Qué quiere decir esto? No todas las utilidades parecen estar al mismo nivel. Hay utilidades que se funden con los fines a los que sirven de manera tal que ellas mismas son inseparables del fin y el fin de ellas. Si cojo el autobús para venir a Silos, el autobús es un mero medio, cuya bondad reside y se agota en llevarme a su destino de la manera más rápida y cómoda posible, pues sólo quiero el medio en la medida en que me posibilita el fin. Pero no siempre es esto así. El embellecimiento de los templos y su iconografía es un medio que sirve a la oración. Sin embargo, no ocurre aquí, me parece, como con el autobús; el valor de la belleza no es accesorio y prescindible, meramente medial y utilitario, sino que el templo en su conjunto, la iconografía, sus esculturas, etc. hacen presente a Dios mismo… La verdadera belleza no es una medialidad como postula Platón refiriéndose a la belleza sensible, sino que es ya un fin en sí misma, está adscrita a los fines primordiales de la vida del hombre, como puedan serlo la verdad y el bien.”

Nos ocupamos ahora de las discográficas. Dejando sólo una reflexión en el aire: su negocio consistía en la canalización de la música hacia el consumidor de música: ellas ofrecían, a un precio razonable, el soporte en el cual la música podía ser escuchada. Música que producía en quien la escuchaba sensaciones y emociones alejadas de lo instrumental: cercanas a constituirse en fines en sí mismas.

Hoy, gracias a un invento llamado internet, dicho soporte ya no es necesario.

Al igual que sucede con algunos yacimientos de mineral -a causa de la existencia de energías alternativas- o con algunas rutas ferroviarias -que no conducen a zonas demandadas- su instrumentalidad ha dejado de existir. Se puede disfrutar de la misma experiencia sin necesidad de contar con el soporte tradicional. Y dentro de poco, cuando el internet vaya inserto en el cerebro, sin soporte alguno.

Se resisten, sin embargo, a aceptarlo y a abandonar el negocio que les ha servido de soporte durante tantos años: el soporte puramente físico. Hacen lobbying y pelean por que se considere delito un comportamiento tan natural como no pagar por lo que se puede obtener gratis.

Se resisten a abandonar su instrumentalidad: probablemente porque han tomado la parte (el disco) por el todo (la música).

¿Cuál es el fin, el sentido, de las discográficas? ¿Acercar el soporte físico de la música al aficionado? ¿O acercar la música al aficionado? Estimamos que por ahí debiera ir encaminada la reflexión en este sector, que tendrá que renovarse o morir. Como han hecho muchas compañías ferroviarias y mineras.

La respuesta para las discográficas, en nuestra opinión, está en la belleza. No en la instrumentalidad; algo de lo que la humanidad, cuanto más humana, más se aleja.

(1) Son recomendables, por lo dolorosamente clarificadores, las lecturas de varios libros de Giorgio Agamben y el Otoño alemán de Stig Dagerman, de quien también os recomendamos la siguiente lectura.