¿Planificación urbana o cervecitas? ¿Progreso o historia?

Hoy miramos, en Arte de vida, a la arquitectura. Ese magnífico intento del hombre por acercar la belleza a la vida cotidiana.

Son el tipo de comentarios que mencionamos más abajo los que le quitan gravedad a los esfuerzos científicos y políticos y demuestran que, en ocasiones, la vida acaba fluyendo a sus anchas, por mucho que la ingeniería social y el utopismo (sueños de la razón) se empeñen en canalizarla hacia un ideal que, a fin de cuentas, sólo existe en una mesa de reuniones.

La arquitectura y el urbanismo de las ciudades dice mucho de la vida que aloja. Londres es buena prueba de ello y un ejemplo de entendimiento y respeto de sus planificadores por la naturaleza y espontaneidad de la vida ciudadana.

¿Hacer ciudad o dejar que sea? ¿Ciudades vivas o ciudades fantasma?

Algún material interesante aquí. Y no dejemos de hojear la Breve historia del urbanismo de Chueca Goitia, con su preciosa descripción de la conformación de las ciudades en base a la antropología de los pueblos.

¿Es la empresa una obra de ingeniería social? ¿Cuenta la empresa con los “ciudadanos” que la conforman? ¿Dispone de los “espacios públicos” adecuados donde la vida se pueda dinamizar mediante el diálogo y el intercambio? ¿Forma parte la empresa, como un ciudadano más, de ese espacio público creador y vive “escondida”? ¿Es la empresa creadora de comunidad?

Y el artículo mencionado de Expansión:

“El cotilleo entre banqueros es la base del éxito de la City”

22.10.2010 Londres R. Casado / A. Polo

Detrás del crecimiento de Londres como centro financiero internacional durante las últimas décadas se esconde un nombre poco conocido. No es banquero, ni ministro, ni regulador financiero.

Peter Rees ocupa su actual cargo desde 1985. �Debo ser quien más tiempo lleva en la City en el mismo trabajo�
Peter Rees ocupa su actual cargo desde 1985. �Debo ser quien más tiempo lleva en la City en el mismo trabajo�

Se trata de Peter Rees, y es el jefe de Planificación Urbana de la City de Londres, una milla cuadrada de terreno donde cada mañana acuden 350.000 personas a trabajar en bancos, aseguradoras, despachos de abogados y firmas de auditoría.

Rees, arquitecto galés de 62 años, ocupa ese cargo desde 1985. “Debo de ser el trabajador de la City que más tiempo lleva en el mismo puesto”, dice con humor. “Me llamaron entonces porque, tras la liberalización del sector financiero británico aprobada por el Gobierno de Margaret Thatcher, se esperaba una llegada masiva de nuevas firmas para instalar oficinas en Londres, como así fue”.

Bajo la supervisión de Rees, la cara de la City ha cambiado radicalmente. En 1986, Richard Rogers erigió el edificio del mercado de seguros Lloyds, símbolo del denominado boom de la City de los ochenta. La otra década maravillosa de las finanzas británicas, la que acabó de forma repentina con la actual crisis, tuvo su reflejo arquitectónico en el Gherkin, la torre diseñada por Norman Foster con forma de torpedo que fue abierta en 2004.

Durante los últimos tres años, la crisis y su duro impacto en los bancos de la City frenaron el desarrollo de nuevos proyectos inmobiliarios. Pero ahora, el aumento de la demanda ha vuelto a activar diversas iniciativas. Edificios diseñados por arquitectos como Jean Nouvel, Rafael Viñoly, Eugene Kohn, William Perdersen y, de nuevo, Rogers y Foster cambiarán el skyline de la City. El hombre que aprueba cada uno de esos proyectos es Rees.

“En primer lugar, quiero edificios originales, variados, eficientes y capaces de liderar al resto del mundo en términos arquitectónicos. Ello atrae talento internacional a trabajar en la City y refuerza su imagen internacional”, indica. De hecho, esta zona de Londres empieza a convertirse en una atracción turística por su interés arquitectónico.

Espíritu
“Mi segundo criterio para autorizar proyectos es el mantenimiento del viejo espíritu del barrio [el origen histórico de Londres está en la City]. Los nuevos desarrollos deben respetar la existencia tradicional de callejones con pubs, placitas con pequeños jardines e iglesias históricas. Esto permite afianzar el verdadero secreto del éxito de la City: el cotilleo”. Según explica Rees, “el que los banqueros puedan bajar de la oficina y citarse en un café donde charlar, tomar una pinta de cerveza en un pub mientras escuchan conversaciones de los competidores y sentarse en un banco donde tomar un sándwich con un colega es la clave de este negocio. Estas relaciones sociales son las que abren oportunidades de hacer negocios y las que dan ideas para su desarrollo posterior”.

Como prueba de sus palabras, el arquitecto recuerda que “bancos como Barclays y Lloyds nacieron en un pub. Y varias aseguradoras tienen su origen en las casas de café de Londres. Allí se juntaba la gente a negociar préstamos o asegurar sus bienes”. Esta segunda característica es lo que hace muy difícil sustituir a la City de Londres, según Ress. “Cada cierto tiempo, París y Fráncfort dicen que quieren crear un gran centro financiero internacional. Pero no vale con construir unas torres en un barrio de esas ciudades. París sigue adoleciendo de la multiculturalidad que atrae talento y Fráncfort no deja de ser el viejo pueblo de mercado que siempre fue”.

La City ya tiene edificios de Nouvel, Viñoly, Foster y Rogers. Peter Rees admite que falta Calatrava

Uno de los retos de la City es potenciar su oferta comercial. La próxima apertura de un gran centro de tiendas cerca de la catedral de San Pablo puede paliar esa ausencia. “Los banqueros de la City tienen dinero pero poco tiempo para gastarlo. Al final, hacen sus compras en el aeropuerto. Tiene sentido instalar tiendas cerca de sus oficinas. También permiten atraer a los turistas, y esperamos que venga gente los fines de semana para dar vida a la zona”, dice Rees.

Lo que la City no quiere es un incremento del número de residentes (sólo viven unos diez mil, uno de ellos es el propio Rees). “Por definición, se oponen a los cambios. Esto dificultaría la renovación y desarrollo que necesita la City y sus empresas”. Una de las habituales criticas a Londres es la imprevisibilidad de su red de transporte. Rees rehúye ese ataque. “Antes de la Segunda Guerra Mundial, medio millón de personas llegaban y se iban de la City en trenes de vapor, todos a la misma hora. Ahora, hay menos gente (unos 350.000), mejores medios de transporte y los horarios son mas diverso”.

El autor conceptual del centro financiero londinense si admite un fallo. “Me gustaría que el arquitecto español Santiago Calatrava firmara pronto un proyecto en la City”.

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