FENARETA

“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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“A mi me retirarán: me levantarán del suelo y me retirarán”

Esto dijo hace semanas en una reunión alguien muy querido para nosotros.

“Mi padre lo ha podido disfrutar: se ha jubilado y lleva quince años descansando y disfrutando su bien ganada jubilación. Yo sé que a mi, sin embargo, me retirarán: un día se me acercará alguien y me quitará de donde esté ubicado, porque me habré muerto trabajando. Lo tengo asumido: yo no tendré pensión. Intento al menos que me guste lo que hago, y lo consigo. Por eso me marché de la empresa donde trabajaba: porque, aun con un muy buen sueldo y una posición relevante, sentía que estaba congelado en la seguridad que me daban, sin avanzar como persona.”

Así concluyo su descarnada reflexión.

¿Rebelarse contra esta realidad? ¿Tenemos derecho a…? ¿Marca la época y el déficit el derecho que tenemos o dejamos de tener? ¿Vivimos hoy, como el que recibe la luz del sol, los efectos económicos de las decisiones que se tomaron hace años, alegremente?

Un link que también hace pensar:

Sea realista con su pensión futura o se cocerá como una rana

PD: Los colores de la rana no los elegimos nosotros. La rana es así por naturaleza.

DES-CONECTA

Voces desde la publicidad nos ofrecen este sugerente mensaje.

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Y dos botones de muestra, conversaciones recientes:

- “Quedan en un bar pero no hablan de nada, no saben, suena la música, se chillan algo pero no se oyen. Luego llega cada uno a su casa y se meten en el chat durante horas. Y me pregunto, ¿no se podían decir lo que se decían en el chat cuando estaban en el bar a centímetros de distancia?”

- “Es imposible irse de vacaciones con los niños. Están de mal humor, se aburren… Hemos tenido que deshacernos de las blackberrys para que salgan al sol y se bañen; y al cabo de unos días exigen volver a Madrid, donde tienen el ordenador y los móviles. Sí, les hackeamos el Tuenti porque ya no sabes ni lo que hacen ni con quien quedan.”

- “No saben hablar, no saben decir lo que sienten, usan palabras inadecuadas… Sin embargo todo lo escriben. El texto es lo único que no ha desaparecido. No leen libros, porque no tienen la paciencia para leerlos, pero leen SMS, posts… leen todo el día.”

¿Es la interacción con una pantalla que devuelve decenas de respuestas a nuestros estímulos comparable con la relación que se tiene con un rostro de una persona durante una conversación?

El país de los hermanos Marx

Hoy Filosof-ando nos acerca a la economía “real”.

El titular que nos da pie para la reflexión es sintomático:

“El Gobierno sume a las grandes constructoras en el caos contable”

Y lo que sigue, aún más aterrador:

“Salgado evita la quiebra de firmas de servicios público-privados, pero instaura una contabilidad bipolar que daña a las grandes concesionarias, que ven peligrar su hegemonía mundial.”

Completan el artículo una fotografía espectacular de la nueva autopista que uno de estos monstruos ha construido en Florida (EE.UU.) y una sorprendente tabla: la de las principales concesionarias del mundo. En ella, y clasificadas por orden de inversión en millones de euros desde 1985 hasta 2009, destacan 6 compañías españolas, situadas entre las 11 primeras. Las otras cinco son: una australiana, dos francesas y dos alemanas.

Vamos directos al asunto:

  • Primer nivel: ¿Qué tipo de país es aquel en el que el Gobierno es capaz de “sumir a las grandes constructoras en el caos contable”? ¿Qué tipo de país es aquel en el que un ministro “evita la quiebra” de un sector? ¿Qué tipo de economía practica? ¿Practica la misma economía con todas las empresas, independientemente de su tamaño y tipología?
  • Segundo nivel: ¿Qué tipo de país es aquel que presenta a 6 de las primeras 11 concesionarias mundiales, con un monto de inversión histórico de más de 100 mil millones de euros? ¿Por qué los demás países líderes en el sector, excepto la curiosa presencia de Australia, son también economías continentales? ¿Por qué no hay economías anglosajonas en el ranking?
  • Tercer nivel: ¿Qué es una concesión? ¿Qué tipo de negocio es una concesión? ¿Es un negocio real? ¿Es un monopolio? ¿Quien puede montar una concesión? ¿Tiene muchas o pocas barreras de entrada? ¿Montada una concesión, quién determina el precio del servicio? ¿Se puede perder una concesión? ¿Tiene riesgo una concesión?

El razonamiento se completa volviendo en círculo al primer nivel.

Y ahora una ensalada de sonatinas de las que se escuchan en la calle, relacionadas con este sistema económico recientemente salvado por el Gobierno. Corresponden a varios personajes reales, y su parecido con la realidad no es casualidad:

  1. “En España se emprende poco, falta espíritu emprendedor”.
  2. “Los bancos tienen la culpa de la crisis”.
  3. “La especulación del ladrillo”.
  4. “Somos todos mileuristas”.
  5. “Tú sacate una carrera, oposita y eso ya no te lo quita nadie. Eso es para toda la vida”.
  6. “Hasta que no me case no me voy de casa de mis padres”.
  7. “La casita en la playa la compramos con la hipoteca del piso. Y ahora no hay manera de alquilarla. Imagínate cómo estamos”.
  8. “¿Qué cómo estoy? Pues, ¿cómo voy a estar? De lunes, hombre, de lunes. ¿Cómo se puede estar un lunes por la mañana? Pues mal, hombre, pues mal.”
  9. “¿Cuánto es el café? ¿Uno treinta? Eso son 216 pesetas… ¡jo-der!”.
  10. “Yo no doy las malas noticias en el banco, que al que da las malas noticias lo echan. A mi me quedan cuatro años de carrera de mi hija y siete para la jubilación. Ya sabemos que los activos están inflados, pero yo no seré el que dé las malas noticias. Yo calladito y a aguantar”.

Dejamos ahí estas reflexiones.

Ápeiron

Solía quedar con un amigo, filósofo malagueño, en su casa de Plaza Castilla, en Madrid. Desde la ventana de su piso, ya en la madrugada, había un momento en que la conversación se nos apagaba. Era el momento en que la entidad -la falta de entidad- de la vista que teníamos enfrente se adueñaba de nuestro espíritu.

La mirada desde el balcón constituía motivo de reflexión. Apta para un Arte de vida como el de hoy.

- To ápeiron, decía mi amigo.

- Sí, ahí sigue. Y cada vez que lo tocan, más to ápeiron se vuelve.

Era tal la aberración arquitectónica y urbanística de la zona -imposible encontrar comodidad vital entre tanto chirimbolo y conato de monumento cuya belleza se mide en metros- que denominábamos al entorno, cariñosamente, el ápeiron.

Hoy nos desayunamos con un nuevo ápeiron. En Dubai. Un hotel. Arquitectura, ¿signo de los tiempos? Galería de fotos sobre el interfecto hotel.

En unos días le consultaremos a u amigo arquitecto por qué los edificios “emblemáticos” de la actualidad invitan tan poco a ser habitados.