¡Fracasado?

Interesantes las reflexiones de Andrés Betancor en Expansión.

La línea que separa el fracaso del éxito a veces es casi invisible: se ha logrado que dependa exclusivamente del resultado, no de los medios empleados.

No tan invisibles son los premios o castigos que le esperan, al guerrero, a uno u otro lado de esa fina línea. El sistema, netamente legal, se encarga de ello.

San Kerviel

11.10.2010 Andrés Betancor

El 5 de octubre, el Tribunal Correccional de París dictó sentencia. J. Kerviel es declarado culpable por haber introducido fraudulentamente datos en un sistema informático, por alteración fraudulenta de la verdad en escritos, por uso de aquella falsedad y por abuso de confianza.

Estos delitos le han hecho merecedor de una pena de cinco años de prisión y de la obligación de indemnizar a Société Générale, el banco para el que trabajaba, con la cantidad de 4.915.610.154. Las 78 páginas de la sentencia provocan desazón.

¿J. Kerviel, un joven de poco más de 30 años, que ocupaba una posición secundaria en un gran banco, puede provocar una pérdida del importe que ahora debe indemnizar? La juventud, la soledad, el lugar secundario, la magnitud de la pérdida y, sobre todo, la ausencia de lucro, son aspectos llamativos. No hubo apropiación del dinero del banco, sino el error de un joven.

¿Cómo se produjo ese error o cadena de errores? ¿cuál fue la fuerza que le impulsó a asumir unos riesgos tan importantes que provocaron las pérdidas del banco? Y, sobre todo, ¿qué fallo para que los manejos de Kerviel no fueran detectados? La sentencia responde a estas preguntas entregando toda la responsabilidad a Kerviel. La historia se habría escrito de otra manera si las apuestas de Kerviel hubiesen tenido éxito.

Estaríamos hablando de un exitoso trader que ha enriquecido notablemente al banco. Estaríamos ante un nuevo joven-genio de las finanzas. En cambio, el juego acabó en derrota. El azar es esa fina frontera que separa el fracaso del éxito, la catástrofe del premio; la moneda lanzada al aire y la apuesta equivocada. El azar que alimenta el riesgo. Más y más riesgo, hasta el triunfo final. Más riesgo para ocultar el riesgo fracasado anterior. Una espiral que no tiene fin hasta que el castillo de naipes se desmorona.

El negocio en el sistema financiero está basado en la asunción de riesgos, pero la posibilidad del fracaso se intenta minimizar. El conocimiento y mil y una técnicas se utilizan para compensar los riesgos. El riesgo está en el corazón del sistema. El problema sistémico sobreviene cuando el riesgo es alimentado por la codicia. La codicia sin freno, sin límites… La codicia de la ganancia ilimitada y estratosférica. Más y más riesgos a lomos de la codicia. Una carrera que sólo puede conducir al fracaso.

La sentencia condena a una persona, pero está condenando también, en cierta medida, a todo el sistema financiero. Kerviel encarna una etapa en la historia de aquel sistema. Entrará en prisión por su responsabilidad, pero también por la de los demás. Al menos, el banco no le reclamará el pago de los más de 4.900 millones de euros.

Con sus ingresos actuales, necesitaría 180.000 años de vida, además ascética, para pagarlos. La generosidad del banco es la contrapartida a la de Kerviel de entrar en prisión en nombre de todos. Tiene todo el derecho a la canonización: San Kerviel, el santo del sistema financiero.

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