Atención con el Leviatán europeo

Visto en Expansión. Indica por dónde pueden estar yendo los tiros de la financiación, esa lucha eterna de la clase política por contar con “presupuesto”. La entidad política viene definida por el presupuesto: si no cuenta con él, no existe.

Ambos, empresas y gobiernos, parece que experimentan un movimiento paralelo: por un lado tienden a la globalización, a adoptar un tamaño cada vez más grande, una configuración más abstracta: ahí tenemos a las multinacionales, a la ONU, a las diferentes uniones territoriales…

Y por otro, tienden a lo local, a la microempresa de internet, al autogobierno municipal,  a la autogestión, a las iniciativas populares, a la economía informal…

Glocalización, Leviatanización.

Atención con el Leviatán europeo

21.10.2010 Gabriel Calzada

El pasado martes, Elena Salgado se volvía a desdecir durante la defensa de sus cuentas de la lechera para 2011.

Si unas semanas antes la ministra aseguraba que el proyecto de ley de Presupuestos no requeriría de un plan B, ni de esfuerzos fiscales adicionales, ese día nos advertía de posibles nuevas actuaciones (léase subidas de impuestos) “si llegarán a ser necesarias” para reducir el déficit. Ese mismo día, a 1.314 kilómetros de distancia, un selecto grupo de políticos europeos estudiaba cómo asaltar nuestras carteras.

Desde septiembre, llueven críticas sobre Bruselas por mantener su presupuesto intacto, mientras que los ciudadanos e incluso algunos estados se aprietan el cinturón. La voz más destacada hasta el momento ha sido la de Vince Cable, ministro de Negocios e Innovación de Reino Unido, que declaró durante un encuentro en el Parlamento Europeo que el empecinamiento de la Comisión y del Parlamento en escapar a los recortes presupuestarios podía salirle caro en términos de la opinión y la legitimidad que los europeos dan a estas instituciones.

Sin embargo, Barroso y su equipo, lejos de presentar recortes, propusieron el martes el establecimiento de nuevos impuestos a nivel europeo. El argumento de la Comisión es que “el actual mix de recursos no es apropiado”. Lo que molesta a estos políticos europeos es que casi el 90% de los fondos de la Unión provengan de aportaciones de los Estados miembros. En la actualidad, los únicos fondos realmente propios del presupuesto europeo provienen de los aranceles aduaneros que gravan productos procedentes de Estados que no pertenecen a la UE.

Fondos del contribuyente
¿Y cuál es el problema? Pues, sencillamente, que los políticos y altos funcionarios europeos no quieren depender de la renovación quinquenal que los Estados miembros hacen de los programas de gasto de la Unión. Como todo político, preferirían poder obtener directamente los fondos del contribuyente. El fenómeno no es nuevo.

Entre los siglos XIX y el XX, en EEUU los políticos federales lucharon por incrementar los escasos impuestos que en aquel entonces podían exigir a los ciudadanos norteamericanos para dejar de depender así de los estados de la Unión, que eran los que financiaban el grueso del gasto.

El resultado, como ha mostrado a lo largo de su obra el economista estadounidense Robert Higgs (a quien Carlos Rodríguez Braun dedicó dos magníficas columnas en EXPANSIÓN el 4 y el 11 de octubre), ha sido el enorme crecimiento de programas y agencias federales alejadas del control y las demandas de los ciudadanos a costa del presupuesto local, tradicionalmente más difícil de elevar y dedicar a caprichos políticos.

Parece que Barroso ha aprendido la lección del otro lado del Atlántico y sabe que la creación de un fuerte Estado europeo requiere impuestos que liberen al Euroleviatán de las ataduras nacionales que suponen la actual fuente de ingresos. En esto de inventar impuestos, los políticos europeos han mostrado una desbordante creatividad de la que no hicieron gala cuando se trataba de evitar la crisis financiera o poner en marcha medidas que ayudaran a la recuperación.

Las principales propuestas de la Comisión consisten en el establecimiento de un IVA europeo, la implantación de un impuesto sobre el transporte aéreo, la recolección de beneficios de la subasta de derechos de emisión de CO2, la implantación de un impuesto sobre las actividades financieras, una cuota sobre un nuevo impuesto energético europeo o la introducción de un impuesto sobre la renta a nivel de toda Europa. Se trata en su mayoría de impuestos que reducirán la competitividad europea y el atractivo de trabajar en Europa y que, eso sí, irán destinados a fastuosos programas para la mejora de esa misma competitividad del Viejo Continente.

Para sacar adelante algunas de estas propuestas el presidente del Partido Popular Europeo, Joseph Daul, ha dejado entrever que ofrecerán a los Estados miembros un pacto que no podrán rechazar. A cambio de poder ir friendo paulatinamente a impuestos a los contribuyentes desde Bruselas, los Estados miembros podrían reducir sus aportaciones al presupuesto comunitario, de tal modo que a los gobiernos les quedaría dinero para ampliar programas de gasto público nacional en tiempos de estrecheces presupuestarias. Así todos salen ganando; todos menos los ciudadanos europeos.

One Comments to “Atención con el Leviatán europeo”

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