La recta y la curva

…sólo podré decir qué es la recta cuando he conocido las curvas.

Viviré en la realidad cuando admita que está formada por rectas y curvas.

De vivir en la realidad saben mucho el Arte y la Filosofía.

Y de la rectitud habla el filósofo San Anselmo, curiosamente en su opúsculo (por lo claro y sencillo) De veritate.

Negar la realidad de las curvas es negar una faceta de la realidad.

Negar la curva acaba conduciendo a negar la recta, su correlato (algunos llegan a decir que una recta no es más que una curva de radio infinito).

Tanta negación suele acabar mal. Suele acabar en mal. Suele suele acabar del todo y acabar en nada.

Y tras el fin de todo, tras el fin del final, suele aparecer de nuevo algo.

Sobre esto escribieron mucho los filósofos y literatos rusos, que sabían bastante del Todo, la Nada y los finales.

Islandia es casi nada: tiene los mismos habitantes que La Rioja.

Es tan pequeña la que los islandeses conductores se han tenido que educar especialmente en la aceptación de la existencia de las curvas, para evitar caer continuamente al océano mientras conducen.

Porque en el océano habitan los leviatanes.

Esta educación especial les ha permitido a los islandeses, en lo financiero, dejar quebrar a sus bancos (dejarles caer al océano), en el convencimiento de que sólo reconociendo la existencia de curvas y dejando que algún banco se despeñe se puede de nuevo convencer a los supervivientes para que se atengan al trazado.

Es importante aceptar las reglas de la realidad, no sólo cuando nos benefician, no sólo cuando nos llevan cómodamente  por la recta sin fin.

No hacerlo conduce inevitablemente al lugar donde habitan los leviatanes.

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