El club de los ex

Actúa, habla y piensa como si fueras a abandonar la vida en cualquier momento. No te demores, cada instante nos acerca a la muerte y nuestra inteligencia tiene una vida aun más corta.

Recuerda que solo se vive el presente, este instante fugaz, anguila ágil y resbaladiza. Lo demás, o se ha vivido, o es incierto.” Palabras de Marco Aurelio, emperador filósofo que conoció a las responsabilidades del poder, apremiando a vivir. No debe ser fácil abandonar el poder.

Cuando tantas personas quedan atrapadas en sus seductoras redes, algún embrujo especial debe tener caballero tan poderoso. Para muchos profesionales, la pérdida de poder abre un periodo incierto caracterizado por el vacío, el hastío o hasta la depresión.

En política, abundan los expresidentes que viven entre la nostalgia de un tiempo que se fue o el resentimiento de pensamientos y emociones agrias. La mente, clavada en un pasado irrecuperable, no puede pasar página y escribir capítulos nuevos. El personaje adquirió tal rango que engulló a la persona.

Desmarcándose de esta tendencia, las últimas semanas he charlado con varios hombres y mujeres, todos ellos ejecutivos de primera fila que en la actualidad disfrutan la experiencia del expoder.

Por unas razones u otras, en plena forma, física e intelectual, voluntaria o inducidamente dejaron la primera línea de batalla. Conversando sobre su momento vital, sin racionalizaciones traídas forzadamente a colación, era fácil encontrar un hilo conductor común. Primera obviedad, el teléfono suena menos, y además los que llaman no siempre son pesos pesados. La agenda, antes estresada y estirada al máximo, ahora tiene huecos para la reflexión, el ocio y un sinfín de retos profesionales.

En este selecto club de viejas glorias, se da una feliz convergencia. Por un lado, viven con la serenidad y paz del que ya no lleva en sus hombros la pesada carga de la cuenta de resultados. Accionistas, empleados, roadshows con
inversores, consejeros, clientes, viajes matadores no acechan como antaño.

Por otra parte, distan mucho de estar inactivos. Sea la asistencia a varios consejos, una conferencia que impartir, un libro que escribir, una inversión a estudiar, una reunión con emprendedores, una fundación o proyecto social que precisa de su talento y gestión, el día rebosa contenido e ilusión. La familia también ha sido una de las grandes beneficiadas.

Sacrificada en un océano de viajes, sobresaltos bursátiles, reuniones, negociaciones y decisiones, ahora dispone de un tiempo que antes le robaron. No cabe recuperar la infancia y adolescencia de hijos criados entre maletas y despedidas, pero el ritmo familiar agradece el actual equilibrio ocio-negocio. Deslumbrante en todos ellos es la claridad y hondura de su análisis. Ahora que no son actores principales de la película, estrenando distancia y perspectiva desde el patio de butacas, su diagnostico gana en finura y precisión.

Sea la globalización, los problemas de nuestro sistema financiero –opacidad e intervencionismo político–, los déficits de nuestro sistema educativo, el furo de nuestra juventud, la inviabilidad futura de nuestra arquitectura constitucional, su conversación arroja frescura, sinceridad y tranquilidad, no exenta de pasión y preocupación.

A todos ellos les he conocido en la cresta de la ola. Básicamente siguen siendo los mismos, pero reconozco mi debilidad por su actual fase.” El buen carácter es, de todas las cualidades morales, la que más necesita el mundo, y el buen carácter es la consecuencia de la tranquilidad y de la seguridad, no de una vida de ardua y constante lucha”, dice Bertrand Russell. Habiendo tanta tensión, nervios y crispación en los salones directivos, reconforta encontrarse con personas libres y ecuánimes. El fin de una vida buena es vivir con mayúsculas, y en ello están estos profesionales.

Egoístamente, pensando no en ellos sino en este país, tengo dos deseos. Uno, que vuelvan algún día a ejercer el poder, por capacidad y edad es más que factible. En su reentré aportarían el caudal de conocimientos, experiencias y relaciones del pasado, aderezado por la sabiduría, aprendizaje e independencia de esta “parada y fonda”.

Dos, en futuras reuniones en La Moncloa, sea quien sea el inquilino de palacio tan abrasivo, que inviten a una representación distinguida de estos ex. Liberados de las hipotecas del poder, sin extenuantes calendarios que cumplir, sus consejos y opiniones valen su peso en oro.

Santiago Álvarez de Mon, profesor del IESE.

Visto en CLICK.

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