FENARETA

“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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…not just any idea, ¡something colossal!…

Buen ejemplo de lo que debe ser el empresario:

Inspiracional, que sufre con los demás, que no se resigna a que las cosas estén mal, valiente, que sabe ver las virtudes y los defectos de su gente y los suyos propios, capaz de hacer que sientan la belleza que son, capaz de imaginar una idea “colosal”, de verla donde otros nunca la verían y de llevarla a la práctica, que confía en la capacidad de aprender y en la voluntad de superación, que sabe comprender y llorar cuando es el momento, que defiende a su equipo cuando los demás lo ofenden -sin dejar de reconocer sus debilidades-, que sabe motivar y no imponer, ganarse la confianza y no defraudar, que respeta la libertad de los demás para no confiar, que sabe leer las emociones de su equipo, que encuentra la inspiración en la cotidianeidad de su entorno, que logra (quizá usando la manipulación en este ejemplo) hacer hacer…

Timothy ha sido siempre considerado como un paradigma del educador, como aquél capaz de hacer que los demás saquen de sí mismos ese “yo más yo que ellos mismos, ese maravilloso ser que llevan dentro” …

¿Será esta también la labor del empresario con su equipo, con su entorno, consigo mismo?

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La gran torre de elefantes finalmente se cae, pero esa no era la idea colosal.

La idea colosal era lograr que un pequeño elefante de grandes orejas volara con ellas, utilizándolas para un bien.

Para ser plenamente quien realmente estaba llamado a ser.

Work without hope

Un poema inspirador del magnifíco Samuel Taylor Coleridge, alguien que supo encontrar donde otros ni siquiera pensaron en buscar.

“All Nature seems at work. Slugs leave their lair –
The bees are stirring — birds are on the wing –
And Winter slumbering in the open air,
Wears on his smiling face a dream of Spring!
And I the while, the sole unbusy thing,
Nor honey make, nor pair, nor build, nor sing.

Yet well I ken the banks where amaranths blow,
Have traced the fount whence streams of nectar flow.
Bloom, O ye amaranths! bloom for whom ye may,
For me ye bloom not! Glide, rich streams, away!
With lips unbrightened, wreathless brow, I stroll:
And would you learn the spells that drowse my soul?
Work without Hope draws nectar in a sieve,
And Hope without an object cannot live.”

El mundo, las cosas

Uno de los puntos más candentes en el debate público reside en la consideración del Planeta como un objeto a dominar o como un sujeto de derechos. Hay más posturas, por supuesto.

Asuntos como las energías renovables, el crecimiento de la población, los recursos planetarios, el cambio climático, la contaminación ambiental… están en la agenda de cada vez más personas y grupos estructurados.

La empresa, agente intenso en la transformación y creación del mundo (¿para bien o para mal?), es protagonista en este debate. Y del resultado final depende su misma existencia. Por ello cátedras como la Focus – Abengoa acometen la reflexión sobre estos temas desde hace años.

Hablamos de modo muy general, puesto que las antropologías (teorías políticas, metafísicas, etc.) que sostiene cada posición en el debate, si bien no muy explicitadas en la mente de los contendientes, si lo son en su acción, que llega a tomar cariz de contienda.

Hoy aportamos, desde Arte de Vida, un poco de poesía a este debate tan enconado, y quizá sirva nuestra aportación, al menos, para provocar una actitud algo menos belicosa.

Queremos ayudar a pensar el mundo, y no de modo maniqueo, hoy desde la poesía: como oímos hace tiempo, a veces hay que recurrir a la literatura cuando las demás palabras ya no sirven para entender la realidad.

Primeramente acudimos a Juana de Ibarbourou, poetisa uruguaya que nos lega este poema sobre el agua, mirada llena de respeto y reverencia (como dice Santiago Arellano, quien ayuda a los padres a educar con la literatura), tanto a la obra del esfuerzo humano -la canalización- como a aquello que no depende de nosotros y que se nos da en gratuidad. Ocasión mixta para mirar con gozo la cotidianeidad, en cuyas esquinas, con sólo mirar atentamente, se puede descubrir la hermosura:

EL AGUA CORRIENTE

Esta agua que viene
por los nervios pardos de las cañerías
A dar a mi casa su blanca frescura
y el don de limpieza de todos los días

Esta agua bullente
que el grifo derrama,
está henchida del hondo misterio
del cauce del río, del viento y la grama.

Yo la miro con ávido anhelo…
Es mi hermana la honda viajera
que a la inmensa ciudad ha venido
de no sé que lejana pradera.

Y parada ante el grifo que abierto
me salpica de cuentas la enagua,
siento en mí la mirada fraterna
de los mil ojos claros del agua.

De esta primera mirada concreta podemos pasar a una segunda más general y abarcante, una mirada cotidiana simplemente a todas las cosas, esas que nos afanan cada día, probablemente porque no las hemos sabido entender del todo. Y el atisbo de una nueva forma de relacionarnos con ellas (¿dónde se ubica la economía ahora?):

LAS COSAS

No les pido a las cosas que sean más que cosas
No le pido a la rama que sea más que rama
No espero que la llama arda más que la llama
No sueño que las rosas parezcan más que rosas.

No les pido a las frutas que sean milagrosas.
No exijo al sol el oro de su fama.
No ansío que florezcan diamantes las retamas.
Siendo más no serían más hermosas.

Sea fiel a sí misma la manzana
Y sea el viento, viento consecuente.
No le preocupe al campo ser barbecho.

Sea la nieve solitaria y cana.
Bástele al agua con ser transparente.
Dios con ser Dios, lo halló todo bien hecho.

José Luis Martín Descalzo

Y para concluir esta especie de metafísica de los entes en las cosas cotidianas, Azorín, en sus Confesiones de un pequeño filósofo, libro que se debe leer en algún momento de la vida, o en varios.

MI FILOSOFÍA DE LAS COSAS

¿Qué son las cosas? En los bazares, en las ferias de los pueblos, en los pequeños comercios oscuros de estos percoceros que hacen silenciosamente delicadas bujerías de plata, yo he sentido siempre una inquietud extraña. Todas estas cosas que están inmóviles en las vitrinas van a partir hacia la vida. ¿Cuál será el rumbo por el mundo? Todas estas cosas inertes bajo los cristales van a acompañarnos en nuestras alegrías y en nuestros dolores. Su misión es muy alta: ellas son las obradoras de nuestros destinos inciertos. Un mueble, un objeto anodino, una baratilla que vemos todos los días y a todas horas, encierra tanta vida como nosotros mismos. Yo creo que el alma del Universo, esta alma profunda y poderosa, tiene sus irradiaciones en las cosas. Tenedlo bien presente: no hay ninguna cosa vulgar, como no hay ningún ser despreciable.

Todas las cosas tienen un reflejo del alma universal: amaréis los viejos muebles que reposan en las estancias suculares, las cornucopias, los bernegales con orlas de oro, los relojes de caja con la esfera de metal grabado; pero yo aseguro que lo que causa en mí una impresión honda, una impresión angustiosa, son todas estas cosas anodinas, estas cosas baratas, estas cosas feas, los jarrones, las polveras, los portarretratos, los barómetros, los despertadores, que viven en las casas de los pueblos, sobre las cómodas, en las rinconeras, una vida de vulgaridad y de hastío.

Ahí lo dejamos, con estas tres voces, ahora ya silenciosas, y la sencilla sabiduría que su emocionado trabajo aún transmite.

Ápeiron

Solía quedar con un amigo, filósofo malagueño, en su casa de Plaza Castilla, en Madrid. Desde la ventana de su piso, ya en la madrugada, había un momento en que la conversación se nos apagaba. Era el momento en que la entidad -la falta de entidad- de la vista que teníamos enfrente se adueñaba de nuestro espíritu.

La mirada desde el balcón constituía motivo de reflexión. Apta para un Arte de vida como el de hoy.

- To ápeiron, decía mi amigo.

- Sí, ahí sigue. Y cada vez que lo tocan, más to ápeiron se vuelve.

Era tal la aberración arquitectónica y urbanística de la zona -imposible encontrar comodidad vital entre tanto chirimbolo y conato de monumento cuya belleza se mide en metros- que denominábamos al entorno, cariñosamente, el ápeiron.

Hoy nos desayunamos con un nuevo ápeiron. En Dubai. Un hotel. Arquitectura, ¿signo de los tiempos? Galería de fotos sobre el interfecto hotel.

En unos días le consultaremos a u amigo arquitecto por qué los edificios “emblemáticos” de la actualidad invitan tan poco a ser habitados.

¿Planificación urbana o cervecitas? ¿Progreso o historia?

Hoy miramos, en Arte de vida, a la arquitectura. Ese magnífico intento del hombre por acercar la belleza a la vida cotidiana.

Son el tipo de comentarios que mencionamos más abajo los que le quitan gravedad a los esfuerzos científicos y políticos y demuestran que, en ocasiones, la vida acaba fluyendo a sus anchas, por mucho que la ingeniería social y el utopismo (sueños de la razón) se empeñen en canalizarla hacia un ideal que, a fin de cuentas, sólo existe en una mesa de reuniones.

La arquitectura y el urbanismo de las ciudades dice mucho de la vida que aloja. Londres es buena prueba de ello y un ejemplo de entendimiento y respeto de sus planificadores por la naturaleza y espontaneidad de la vida ciudadana.

¿Hacer ciudad o dejar que sea? ¿Ciudades vivas o ciudades fantasma?

Algún material interesante aquí. Y no dejemos de hojear la Breve historia del urbanismo de Chueca Goitia, con su preciosa descripción de la conformación de las ciudades en base a la antropología de los pueblos.

¿Es la empresa una obra de ingeniería social? ¿Cuenta la empresa con los “ciudadanos” que la conforman? ¿Dispone de los “espacios públicos” adecuados donde la vida se pueda dinamizar mediante el diálogo y el intercambio? ¿Forma parte la empresa, como un ciudadano más, de ese espacio público creador y vive “escondida”? ¿Es la empresa creadora de comunidad?

Y el artículo mencionado de Expansión:

“El cotilleo entre banqueros es la base del éxito de la City”

22.10.2010 Londres R. Casado / A. Polo

Detrás del crecimiento de Londres como centro financiero internacional durante las últimas décadas se esconde un nombre poco conocido. No es banquero, ni ministro, ni regulador financiero.

Peter Rees ocupa su actual cargo desde 1985. �Debo ser quien más tiempo lleva en la City en el mismo trabajo�
Peter Rees ocupa su actual cargo desde 1985. �Debo ser quien más tiempo lleva en la City en el mismo trabajo�

Se trata de Peter Rees, y es el jefe de Planificación Urbana de la City de Londres, una milla cuadrada de terreno donde cada mañana acuden 350.000 personas a trabajar en bancos, aseguradoras, despachos de abogados y firmas de auditoría.

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Máquinas

Con su imagen, el cine puede llegar a transmitir muy distintas ideas. Emociones, incluso.

Es frecuente su recurso a la máquina para hacernos comprender la locura, para transmitirnos la tragedia del hombre contemporáneo, atrapado en el automatismo de la civilización que ha contribuido a crear. Cualquier afán por hacerse su propio camino es vano: su destino ya le está dado.

Si hace días era la máquina quien demostraba mayor humanidad que el hombre, en el post de hoy el hombre sucumbe a la máquina. La maquina se enseñorea de todo y el mundo se convierte en la Gran Máquina.

La máquina, simbolizada por el tren, por una fresadora o por un coche, lleva al hombre, sin descanso, a todos los lugares y a ninguno. La máquina que somete al hombre aparece normalmente vinculada a la actividad laboral, al trabajo.

Es la soga que ahorca al trabajador en el patíbulo de la empresa. Basta recordar “El maquinista”, de Brad Anderson.

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Las mismas máquinas que, en el paisaje en ruinas de la Alemania de postguerra, siguen surcando las tierras sin descanso, día y noche. Zentropa, la omnipresente protagonista de Europa, de Lars von Trier, no se detiene en su quehacer.

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Tampoco lo hace el coche de Travis en Taxi Driver, tratando de navegar en las cloacas de la ciudad:

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Ni el camión de Duel, de Spielberg.

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¿Cómo reaccionan estos ciudadanos sencillos cuando se ven aniquilados por el sistema, simbolizado por esas máquinas que sirven a las empresas que las emplean?

Imagen-acción

El valor del cuerpo, el valor del espíritu… Caminar, meditar.

La banalidad que ofrece el momento, el esquema establecido.

En oposición, el uso de la imaginación en un sentido completamente distinto del posmoderno, moral incluso.

Deliciosa en la textura.

Como se comenta al principio, “As I descended into impossible rivers I no longer felt guided by the ferrymen”.

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“Hay límites de hasta dónde puede ser controlada tu imaginación. Tu imaginación no puede ser controlada por alguien que te diga que esto es la realidad. Y ahora nos damos de bruces contra la realidad porque, por ejemplo, podemos decir que no nos gustan los combustibles fósiles, y que no creo que la usura, así que no creo que las tarjetas de crédito. Pero esta es la estructura de este modelo de lo que llamamos realidad. Como cineasta no puedo dejar de volar en un avión o de conducir mi coche o de usa la tarjeta de crédito. Todo lo hermoso de la realidad procede de la imaginación. Y creo que vivimos en un periodo interesante, casi siento que como si viviéramos en la cúspide del Apocalipsis del pensamiento, porque todos estos modelos que nos dicen que son la realidad están tambaleándose.” Dice el director en una entrevista.


- “How did you get in?”

Lo sorprendente sería que alguien contestase, un buen día, al de la corbata (el “americano”, al que hay que matar según el guión):

- “I used my imagination”

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p+E+R+S+O+N+E+I+D+A+D

El cine puede llegar a explicar, mediante la imagen en movimiento, lo que cientos de libros no lograrían ni siquiera aproximar.

Un libro recomendable es, a este respecto, “La filosofía va al cine” (“Philosophy Goes to the Movies”), de Christopher Falzon.

Una introducción a los problemas que aborda la filosofía (conocimiento, moral, persona, política…), con basamento en películas de todas las épocas y estilos.

En nuestro caminar hacia el entendimiento de lo que la empresa es y lo que debe ser, lo primero que encontramos, siempre, son personas. Personas humanas. Son varios los materiales que cifran la clave del entendimiento de la empresas y sus problemas en la dimensión personal de su actuación. Humanismo empresarial, puede denominarse esta posición. Hablaremos de ello próximamente.

Ya hemos abierto la reflexión acerca de la posibilidad de considerar a la empresa como una persona (ved los posts de referencia). Aparentemente este ejercicio de traslación forzaría y simplificaría violentamente las cosas.

Sin embargo, el cine puede ofrecernos señales más favorables para realizar dicho ejercicio. En concreto, acerca de la noción de persona y personeidad y sus diferentes aplicaciones.

Era Locke uno de los filósofos que trataba de distinguir entre persona y ser humano, entre identidad personal e identidad de un ser humano. Razón, conciencia y autoconciencia constituyen la personeidad para él, siendo la memoria el criterio de la identidad personal.

¿Tienen razón las empresas? ¿Y conciencia? ¿Y autoconciencia? ¿Y memoria? Parece que el basar la personeidad en la mismidad de la memoria -en su perduración en el tiempo- en lugar de basarla en la mismidad de la sustancia puede llegar a variar mucho las cosas…

¿Qué pasaría, en la concepción de Locke, si la memoria se rompe o aniquila? ¿Desaparece la persona?

El cine ha tratado estos temas con su habitual frescura, y la llamada “ciencia ficción” nos ha dejado buenas señales para seguir. Pero no sólo la ciencia ficción. Era un grito de reivindicación de la personeidad el que profería La Motta en la escena de “Raging bull” en la que golpea su cabeza y sus puños contra la pared de la carcel, diciendo: “They called me an animal. I’m not an animal“. El mismo que John Merrick pronuncia en “El hombre elefante“, esta vez afirmando que él es un ser humano (¿y una persona?): “I am not an animal! I am a human being!“.

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Las líneas de separación entre lo simplemente humano y lo personal se difuminan en películas como “Blade runner“:

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Y dichas líneas quedan también cuestionadas por Kubrick en su 2001, con la contraposición que hace entre los despersonalizados astronautas y el “ordenador personal” llamado HAL (I-1, B-1 y M-1), una máquina ansiosa, preocupada, emocional, neurótica y orgullosa cuya programación para mentir acaba por averiarla y destruirla:

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Si persona es aquel o aquello que siente, quizá la noción debería revisarse. Quizá hay más personas entre las empresas de lo que pensamos y menos personas entre los humanos de lo que creemos.

El cine nos hace pensar.

Y sentir. Nos “personeiza”.

¿Coreografía o música de los golpes? – Raging bull

Empezamos la semana con fotografías, películas, músicas y libros que contribuyen a hacer de la vida diaria un ejercicio de reflexión e integración personal. Combatiendo la inercia y el automatismo laboral“.

Así se describe este apartado de los lunes. Hoy una mirada. A esta secuencia (Raging bull de Martin Scorsese).

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Una mirada que podría sostenerse horas, días. Que podría servir como mirada de contemplación ante las personas que encontramos en nuestro trabajo. Mirada a nosotros mismos.

Como una eterna nota, el púgil baila en el tri-grama que marcan las rústicas cuerdas del cuadrilátero, en primer término. Cuerdas que marcan, con sangre a veces, el argumento de su vida. La vida de un boxeador envuelto en un ropaje que le hace casi ridículo. El papel que le ha tocado jugar, probablemente delimitado por esas cuerdas, de las que su bailoteo y sus golpes nunca lograrán sacarle. El personaje que, irremisiblemente, irá golpeando cuanto se encuentre.

Hace días nos planteábamos la pregunta: ¿por qué luchas? E intuíamos que, en una vida pensada, la lucha no lo era todo. La lucha puede llevar a perder la libertad. ¿Qué sucede cuando se lucha para recobrarla? ¿Y cuándo se lucha porque no se tiene ninguna posibilidad adicional? ¿Por qué luchan tanto ciertas personas, algunas, como Jake La Motta, que provienen de un origen tan difícil? ¿Y otras que lo tienen todo?

Hoy, en la visión del legendario Jake La Motta que Scorsese nos ofrece, vemos que la pregunta queda fuera del marco, de la pantalla. A veces nos tocará enfrentarnos a personajes como el que aparece enjaulado en la pantalla, y nuestro cometido será sentarnos con ellos y escuchar, sin cuestionar, sin preguntar.

Asistir a su baile, a veces desaforado, incluso patético, sin aspirar a que se justifiquen. Sin exigir que den cuenta y razón. Porque a veces la cuestión no va de cuentas, ni de razones, ni de causas. Simplemente suena la musica y ellos bailan, dentro del espacio que dejan las cuerdas. Con la ropa que llevan puesta y sin percatarse de su apariencia. Bailan y nosotros miramos.

Acompañemos. En silencio. Comprendiendo el sufrimiento que la persona lleva consigo y que reparte, como caramelos, a quien se le acerca, a quien entra en el ring de su vida.

En ciertas circunstancias que vamos viviendo, la primera reacción es juzgar, contrastando lo que vemos con lo que pensamos que debería ser. Las personas abren su corazón y manifiestan una situación de sufrimiento. ¡Qué difícil es no juzgar para el espectador! ¡Qué difícil es simplemente acoger! ¡Qué difícil es saltar al cuadrilátero y compartir los golpes!

Sin embargo, cuando se alcanza a comprender los extremos en que se deselvuelve la vida de estas personas, la palabra del juicio se apaga, se avergüenza, dando paso al silencio. Surge la simpatía, la compasión… Ni causas ni razones. No se pueden encontrar razones ni causas cuando, tras los golpes de la vida, Jake, con la cara literalmente partida, le recuerda a Ray que se mantiene en pie, lo cual se convierte en su sentido:

“Ya never got me down Ray……Ya hear me? ya never got me down….”

Entonces una llamada, una voz, tiene sentido. Entonces, tras la acción inmediata, se acierta a divisar todo un horizonte que la bruma del instante había, por un momento, ocultado, pero que se muestra de nuevo. Entonces surge la posibilidad de la vida.

“They called me an animal. I’m not an animal.”

Entonces se entienden afirmaciones como la que le hace Jake a su abandonada esposa, mientras cocina para él:

“Don’t overcook it. You overcook it, it’s no good. It defeats its own purpose.”

Seguimos caminando y buscando esa serenidad para aceptar lo que no podemos cambiar, la valentía para cambiar lo que podemos cambiar y la sabiduría para discernir unas de otras. Sabiduría que a veces surge inesperadamente:

“I’ve done a lotta bad things, Joey. Maybe it’s comin’ back to me.”

Cuando ello sucede, suena la música.

Suena esta música: el Intermezzo de la Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni. Es también clarificador. Es muy curioso cómo, contrastando con su placidez y serenidad, ha servido para acompañar películas de gran violencia. Películas donde las personas se resistían violentamente, golpeandolo todo, a un trágico destino que les estaba, desde el comienzo, indicado.

Suena esta música, quizás, a ¿liberación? ¿O a aceptación serena del destino? ¿O a discernimiento? ¿A qué le suena al protagonista cuando dice:

“There’s no way I’m goin’ down. I don’t go down for nobody.”

Habría quizá que reflexionar acerca de las cuerdas que marcan el cuadrilátero en que se mueven las organizaciones, y quizá madurar nuestra actitud ante ellas y las personas que las forman. Para poder entender:

“I remember those cheers,
They still ring in my ears,
And for years they remain in my thoughts.
‘Cause one night I took off my robe,
And what’d I do? I forgot to wear shorts.
I recall every fall, every hook, every jab,
The worst way a guy can get rid of his flab,
As you know, my life wasn’t drab.
Though I’d rather hear you cheer
When I delve into Shakespeare …
‘A horse! A horse! My kingdom for a horse!’
I haven’t had a winner in six months.
And though I’m no Olivier,
If he fought Sugar Ray, he would say
That the thing ain’t the ring, it’s the play.
So give me a stage
Where this bull here can rage,
And though I can fight,
I’d much rather recite.
That’s entertainment.”?

La Cavalleria en diferentes tonalidades.

  • Dirigiendo Lim Kek-tjiang a la Evergreen Symphony Orchestra:
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  • En la maravillosa “El Padrino”:
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  • Levon Manukyan
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  • Zubin Metta
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  • Un magnífico adiós
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  • Ricardo Muti
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Acaba la película con una cita bíblica:

“So, for the second time, [the Pharisees]
summoned the man who had been blind and said:
‘Speak the truth before God.
We know this fellow is a sinner.’
‘Whether or not he is a sinner, I do not know.’
the man replied.
‘All I know is this:
once I was blind and now I can see.’
John IX. 24-26

Arcadia

Es la materialización del sueño renacentista, la idílica paz donde una Utopía natural puede tomar forma, la tierra del buen salvaje, aún no “corrompido” por la civilización.

Es también el título español de la película “Le couperet” (La corporación) que estrena Costa-Gavras en 2005, usando el nombre para denominar a la corporación a la cual el protagonista, Bruno Davert, quiere pertenecer.

Bruno (José Garcia) es un alto ejecutivo francés de una fábrica de papel que lleva quince años dedicado a la empresa, simplificada en patronos y accionistas. Debido a un proceso de “reestructuración” económica de la empresa, de la noche a la mañana es despedido junto con cientos de sus compañeros.

En principio la medida no le preocupa; es joven (tiene cerca de cuarenta años), cuenta con una preparación excelente y cree que no tardará demasiado en encontrar otro puesto de un nivel similar.

Tres años después, aún sin trabajo, sólo tiene en mente sobrevivir y preservar su propio bienestar material, y salvaguardar el futuro de su esposa e hijos. Con la ayuda de un arma decidirá pasar a la acción y comenzar a aniquilar a su competencia de una forma ordenada y lógica. Al mismo tiempo prepara el asalto a la Corporación Arcadia, el último obstáculo entre él y el puesto laboral que ansía (labutaca.net).

En un mundo despersonalizado, donde la división del trabajo ha alejado tanto al trabajador del sentido de su obra que ha reducido la dinámica laboral a un simple proveerse de dinero para mantener el “nivel de vida” a nivel biológico, el hombre, ahora anónimo individuo, debe luchar por la comida como la piraña entre sus anónimos semejantes: con ferocidad.

Independientemente de las situaciones cómicas, por lo terroríficas, en que se va adentrando la historia, varios matices nos hacen reflexionar sobre lo que acontece: la normalidad con la que, ad extra, vive el ya individuo su tragedia; el final aparentemente “feliz” en el que paradójicamente desemboca dicha tragedia; el envilecimiento del feroz entorno que rodea al protagonista…

Incluso el efecto que puede llegar a causar la película en el espectador, generando cierta simpatía con la suerte del protagonista, que pudiera considerarse amoral.

¿Es posible la situación que plantea? ¿Es probable? ¿Es real? Es real. No es ficción social. Se da, lo hemos vivido, cuando la supervivencia física y mental se pone en cuestión: entonces ciertas cosas, ciertos recursos, que no valían empiezan a valer, y el brillo en los ojos de los semejantes, en los nuestros, se vuelve feroz.

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¿Individualismo elevado a la máxima potencia? Es cuestión de convertir a la persona en individuo: hay técnicas explícitas -por ejemplo, los campos de exterminio- y otras que lo son menos.

Pero funciona.

Entre las ratas. Y también entre los humanos, cuando se les despoja de todo lo que les humaniza. La reducción de la persona a la simple lucha por los recursos es el camino. Hoy en día la dinámica social (empleados, empresas, gobiernos, sindicatos…) lo favorece al extremo.

Es el tiempo de los recursos, entre ellos, los recursos humanos.