FENARETA

“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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A moving company

ritmo.

(Del lat. rhythmus, y este del gr. ῥυθμός, de ῥεῖν, fluir).

1. m. Orden acompasado en la sucesión o acaecimiento de las cosas.

2. m. Grata y armoniosa combinación y sucesión de voces y cláusulas y de pausas y cortes en el lenguaje poético y prosaico.

3. m. Metro o verso. Mudar de ritmo.

4. m. Mús. Proporción guardada entre el tiempo de un movimiento y el de otro diferente.

 

“Orden”, “armoniosa combinación”, “proporción”…

“Il n’y a pas de mouvement sans rythme”…

“A moving company”

Inspirado por Brisebois, de nuevo.

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brainstorming

Con un poco de humor

Juan Gómez Pérez, consultor de “XXX” (P.G.A.C.),  fue detenido ayer en las oficinas de esta empresa por «desafiar a los  directivos, al utilizar en repetidas ocasiones un correctísimo español  en su labor profesional», según consta en la denuncia presentada en la  comisaría madrileña de la calle de la Luna.

El detenido, según los testigos, habría provocado diversas escenas de  terror lingüístico entre sus compañeros. Los problemas comenzaron en  abril, cuando Gómez Pérez llegó a la empresa e insistió en poner Jefe de  producto en su tarjeta de visita, en lugar del ‘Product Manager’ que  aparecía en las de sus compañeros.

«Desde el primer día nos extrañó su actitud», comentó Francisco de Borja  Acebo-Guindaleda y Álvarez de Las Asturias, Account Manager (director  de cuentas) de PGAC, pero nunca creímos que fuera a reaccionar con la violencia verbal con que se despachó después».

Un mes más tarde, durante la presentación del catálogo comercial, Gómez  Pérez proyectó sobre una pantalla varias láminas que mostraban rótulos  escritos en un perfecto castellano, mientras comentaba en voz alta los  gráficos y cifras de la empresa en un discurso totalmente desprovisto de  anglicismos.

Ante los ojos de sus compañeros -«horrorizados», según su propio  testimonio- desfilaron varias decenas de frases escritas en la lengua de  Cervantes sin que el consultor mostrara ningún pudor o vergüenza por lo  que estaba haciendo. «El catálogo de la empresa había sido traducido y,  por lo tanto, manipulado», aseguró el Managing Director (director  general), Juan Jacobo O´Callaghan García-Carrizosa de Fontejudo: «Este  sujeto había sustituido todos los ‘markets’, ‘targets’, ‘inputs’,  ‘slides’ y ‘sponsors’… por mercados, objetivos, entradas, diapositivas  y patrocinadores y otros varios que fueron apareciendo.

«El resultado fue que no entendíamos nada de la presentación, provocando  el desconcierto general». Además, y según consta en la denuncia, el  detenido habría cambiado las palabras ‘outsourcing’, ‘finances’ y  ‘transactions’ por subcontratas, finanzas y transacciones. «Y se había  quedado tan ancho; hasta ahí podríamos llegar», comentó indignado el  responsable de PGC.

Gómez Pérez no pudo terminar su presentación, pues fue reducido por dos  compañeros de la empresa -el Phone&Door Manager (recepcionista) y el  Security Surveillance Officer (vigilante jurado)- y maniatado hasta la  llegada de la policía municipal, que puso al consultor a disposición  judicial. «Lo ha hecho para provocar», comentaba ayer Ramón María  Antúnez de Biedma y Fernández-Malvarrosa, consultor de PGC, refiriéndose  a la actitud de Gómez Pérez.

« ¿Quién se cree que es?, ¿un Vicepresident (subdirector)? No se puede  ser tan hortera.», concluyó el Manager’s Ball (pelota del director).  Debe tratarse de un morning-singer de three to the quarter   (cantamañanas de tres al cuarto).

Cambiar el mundo

Elogio de la duda

04.01.2011 Santiago Álvarez de Mon

Semana atípica de transición, víspera de Reyes, tiempo que invita a conversar con los demás y con uno mismo. Pareciera como si la cadencia de nuestro ritmo vital remitiera un poco, y pensar se hiciera un sitio en nuestra abotargada agenda.

“El sentido de la vida es la pregunta más apremiante”, afirma Albert Camus en uno de sus ensayos. Víctor Frankl, prisionero de Auschwitz, la contestó después de una prueba trágica, de ahí su clásico El hombre en busca de sentido. La adversidad suele ser un disparadero certero de preguntas inquietantes. En la abundancia, etapa proclive para que nuestro ego se hinche como un globo, tendemos a aburguesarnos. Es en el desierto, en la penuria y dificultad de experiencias desestabilizadoras, cuando el ser humano se recoge sobre sí mismo y desciende a un plano más profundo y sabio de su diálogo interior. Reparando otra vez en la crisis que nos aqueja, económica, cultural y filosófica, sigo echando de menos preguntas inteligentes y me sobran respuestas fáciles para problemas difíciles.

La sencillez no es un atajo para sortear los dilemas más enrevesados, sino un lugar al que se llega después de haber bregado pacientemente con la complejidad y diversidad de retos descomunales. ¿Qué sentido tiene esta crisis? ¿En qué nos hemos equivocado? ¿Cuál es el verdadero significado de la palabra mercado? ¿Y de la idea de Estado? ¿Cómo se inserta en una realidad global e interconectada? ¿Cuál debiera ser el destino de los recursos públicos? ¿Fomentan la autonomía individual, la dignidad personal, o incuban la dependencia infantil? ¿Qué hemos aprendido de años en los que “vivimos peligrosamente”?

Bertrand Russell dice con su acostumbrada sagacidad: “Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se debe a que los ignorantes están completamente seguros, y los inteligentes, llenos de dudas”. No cito a Russell para reivindicar y perpetuar la indecisión, para alimentar la parálisis de personas inseguras que, alérgicas al error, buscan la infalibilidad. Liderar es decidir, y decidir es actuar, previa honesta y rigurosa reflexión. Uno lee los periódicos y encuentra demasiadas afirmaciones gratuitas, análisis superficiales, verdades a medias, descalificaciones fariseas del adversario.

¿Cuántas personas conoce que se han replanteado en serio sus paradigmas de siempre? ¿Cuántos liberales se formulan cuestiones sobre la justicia y solidaridad de algunas medidas? ¿Cuantas personas de ideario más intervencionista someten al Estado a una revisión profunda de su papel?

¿Qué valor tienen nuestras convicciones si no son cocinadas en la brasa de la duda? Preguntar, escuchar, meditar, dudar, verbos decisivos, auténticas parteras de un liderazgo transformador, tienen un escaso protagonismo en el debate público. Si me urgen enunciar una sola cualidad del liderazgo, diría que la humildad. Válida para el triunfo y la derrota, es la virtud que me blinda de la desesperación, de la vanidad, y me anima a bregar con una realidad más vasta y rica que mis modelos mentales. Abundan expedidores de recetas, diseñadores de eslogans y carteles publicitarios, ideólogos de la nostalgia, y faltan mentes jóvenes y curiosas que miran de frente a la vida para ahondar en sus misterios y sugerencias. Me despido con una anécdota real que a mí me ha hecho pensar.

Un día, Arthur Schlensiger le preguntó a Alice Longworth, la hija de Theodore Roosevelt: ¿Por qué a su padre le desagradaba tanto Winston Churchill? Porque se parecen mucho, respondió Mrs. Longworth. El prójimo, el otro, puede ser espejo puñetero que devuelve imágenes ciertas de uno mismo, no están trucadas. Necesitamos quiebros emocionales como este, sutilezas sicológicas para recorrer nuestros meandros, para descubrir nuestras deficiencias. Estas son el mejor antídoto contra la soberbia, la terquedad, la vagancia, el pesimismo, el talibanismo y la cerrazón.

“¿Quieres cambian el mundo?, empieza por ti mismo”, aconsejaba Gandhi. Ésta es mi petición a los Reyes Magos. Que durante este 2011 recién entrado, en lugar de empeñarnos en cambiar al otro, quienquiera que éste sea, empecemos con nosotros mismos. Desde dentro hacia afuera, ése es el orden natural del cambio. Entonces los acontecimientos cobran otra dimensión, las relaciones mejoran, el tiempo se aprovecha y la vida cobra un nuevo sentido.

(Expansión)

Casa: hogar vs. inversión

La casa, ¿gasto o inversión?

Mucho se ha escrito sobre este asunto.

Independientemente del victimismo -si gano, para mi, por arriesgado; si pierdo, que me ayuden-, tan habitual en la irresponsabilidad (en este país “ser víctima de algo” es como pertenecer a un club en Inglaterra) la viñeta citada por el artículo merece la pena:

Y el artículo hace pensar:

¿Y si cambiase la Ley Hipotecaria? Entrega la casa, salda la deuda

Es más que improbable. Prácticamente imposible. Está pactado. Sólo un milagro podría sacar adelante una atrevida propuesta que hoy se vota en el Pleno del Congreso de los Diputados y que pondría patas arriba el sistema hipotecario español. A la formación catalanista CiU que encabezan Artur Más y Josep Antoni Durán i Lleida le gustaría instaurar el modelo estadounidense por el cual con la entrega de la vivienda se salda la deuda hipotecaria.  Pero, ¿y si sucediese?

La medida se enmarca dentro de un paquete de medidas presentadas por el grupo parlamentario catalán en respuesta a los problemas sociales que están provocando el aumento de desahucios y ejecuciones hipotecarias como consecuencia de la profunda crisis que sufre España. El portavoz de Vivienda de CiU, Pere Macias, defenderá la moción consecuencia de interpelación que hace dos semanas dirigió al ministro de Fomento, José Blanco, solicitando que modifique la legislación hipotecaria y procesal a este fin. Aunque Blanco se mostró “abierto a estudiar” algunas de las propuestas de CiU, el Gobierno y el Grupo Socialista han remarcado que “bajo ningún concepto” está dispuesto a evaluar “ni mucho menos aplicar” esta idea.

¿Cómo entender el modelo hipotecario español? El New York Times lo calificó de ‘condena de por vida’. El dibujante Forges lo acaba de plasmar en una de sus viñetas este mismo lunes. En ella, una persona se lamenta de que el banco le concediese un crédito hipotecario tras una tasación que, poco después, tras ejecutar la hipoteca por morosidad vuelve a ser tasada, pero con un importe inferior a la mitad. Resultado, el propietario pasa a dejar de serlo, pero continúa debiéndole al banco unos 180.000 euros tras perder la casa. Ese es el resumen rápido de las consecuencias de no poder pagar una hipoteca en España.

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Despojo y saqueo: hipérbole de la golfería

Lo llevamos diciendo meses, en diferentes foros, y molesta. Hoy lo vamos a comentar aquí, en Filosof-ando, pues se trata de reflexionar sobre la economía tratando de acercarnos a la verdad de la misma.

La verdad de la economía es que no es bueno mentir: la verdad de la economía no dista mucho de la verdad de casi cualquier materia.

Las cajas están quebradas, como los bancos, debido a la burbuja de valoración generalizada que existe en España -un café no puede valer €1,3, ó 216 pesetas- desde que entró el Euro y decidimos forrarnos a costa del tipo de cambio. Y eso molesta.

Desde que una moneda de euro se hizo equivalente en la mente española a la de 100 pesetas, todo se ha encarecido en esa proporción, un 66%. No sacaron el billete de euro -que ofrece mayor percepción que el metal- y eso fue el principio de la burbuja. Se empezó a vivir una mentira.

Si usted ha prestado a personas para comprar cafés -o lo que sea: pisos, tierras, empresas- a 216 pesetas (cuando días antes valían 70 pesetas ó €0,42), usted ha prestado mal, le han mentido o se ha dejado engañar.

Y un día alguien, al final de la cadena de préstamos, decidirá que no sigue el juego, corregirá el valor, y usted no podrá recuperar sus 216 pesetas: recuperará lo que ese último esté dispuesto a pagar, de acuerdo al sentido común: probablemente las 70 pesetas y un poco más. No se podrá seguir engañando.

Las cajas están quebradas porque, adicionalmente, los políticos que están dentro de ellas no son “politikós”, sino golfos: golfos cuya responsabilidad debemos asumir todos los que les hemos puesto ahí, es decir, usted y yo. Nosotros somos los golfos de base y ellos los golfos que nos representan.

Lo cual quiere decir que las cajas están doblemente quebradas, pues los préstamos, inflados objetivamente de por sí, se han hecho a amigos, golfos también, lo cual significa “inflación subjetiva”: el golfo prestatario no los merece, pues no tiene intención de devolverlos.

Las cajas tienen que ser políticas porque son la herramienta que tiene la “polis” para articular financieramente su funcionamiento comunitario, su comunidad. Igual que tiene que ser político el Parlamento -pero compuesto por verdaderos políticos: no vale privatizarlo porque los que acuden allí a Parlamentar sean unos golfos. Igual que tiene que ser política la polis: si los ciudadanos somos unos golfos, tendremos que dejar de ser golfos, no ciudadanos.

No hay que “despolitizar” las cajas.

Ni vendiéndolas -a menos que se vendan a la polis, a la gente, a los ciudadanos -ya des-golfados-, a cooperativas de ciudadanos que quieras gestionarlas como herramientas financieras de la polis-, ni fusionándolas para tapar bajo una gran alfombra común la basura individual, ni maquillando ratios para cumplir unos supuestos test que nadie ha cumplido…

La limpia del sistema financiero es mucho más sencilla de lo que se nos quiere anunciar: en lo objetivo, quiebras.

En lo subjetivo, comienza por uno mismo. Responsabilidades y, cuando dejemos de ser unos golfos, ciudadanos depurando a sus políticos.

Es decir, limpia de abajo a arriba. Echamos de menos acusaciones populares, defensores del ciudadano y ministerios fiscales tomando la iniciativa. No hay ciudadanos que lo exijan porque… nadie está libre de culpa.

Cualquier otro mecanismo es un enjuague o un “esto lo arreglamos entre todos”.

Para muestra, uno, ó 1,000, botones. CLICK

La recta y la curva

…sólo podré decir qué es la recta cuando he conocido las curvas.

Viviré en la realidad cuando admita que está formada por rectas y curvas.

De vivir en la realidad saben mucho el Arte y la Filosofía.

Y de la rectitud habla el filósofo San Anselmo, curiosamente en su opúsculo (por lo claro y sencillo) De veritate.

Negar la realidad de las curvas es negar una faceta de la realidad.

Negar la curva acaba conduciendo a negar la recta, su correlato (algunos llegan a decir que una recta no es más que una curva de radio infinito).

Tanta negación suele acabar mal. Suele acabar en mal. Suele suele acabar del todo y acabar en nada.

Y tras el fin de todo, tras el fin del final, suele aparecer de nuevo algo.

Sobre esto escribieron mucho los filósofos y literatos rusos, que sabían bastante del Todo, la Nada y los finales.

Islandia es casi nada: tiene los mismos habitantes que La Rioja.

Es tan pequeña la que los islandeses conductores se han tenido que educar especialmente en la aceptación de la existencia de las curvas, para evitar caer continuamente al océano mientras conducen.

Porque en el océano habitan los leviatanes.

Esta educación especial les ha permitido a los islandeses, en lo financiero, dejar quebrar a sus bancos (dejarles caer al océano), en el convencimiento de que sólo reconociendo la existencia de curvas y dejando que algún banco se despeñe se puede de nuevo convencer a los supervivientes para que se atengan al trazado.

Es importante aceptar las reglas de la realidad, no sólo cuando nos benefician, no sólo cuando nos llevan cómodamente  por la recta sin fin.

No hacerlo conduce inevitablemente al lugar donde habitan los leviatanes.

CLICK

… pero con happy end, si es posible …

Desde Fenareta querríamos ser capaces de contribuir a la reflexión sobre la economía y la empresa (Filosof-ando) en una forma tan amena y gráfica como la que ofrece David Harvey.

En su web encontramos más trabajo en esa línea.

Quisiéramos ser capaces de llegar, sin embargo, a un final algo más feliz que el que Harvey propone. Aunque si la reflexión no lo permite, habrá que estar a la reflexión, claro.

La nuestra no es marxista, sin embargo. Como ya comentamos hace tiempo, quizá es la hora de pensar más que de transformar.

Disfrutad:

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El país de los hermanos Marx

Hoy Filosof-ando nos acerca a la economía “real”.

El titular que nos da pie para la reflexión es sintomático:

“El Gobierno sume a las grandes constructoras en el caos contable”

Y lo que sigue, aún más aterrador:

“Salgado evita la quiebra de firmas de servicios público-privados, pero instaura una contabilidad bipolar que daña a las grandes concesionarias, que ven peligrar su hegemonía mundial.”

Completan el artículo una fotografía espectacular de la nueva autopista que uno de estos monstruos ha construido en Florida (EE.UU.) y una sorprendente tabla: la de las principales concesionarias del mundo. En ella, y clasificadas por orden de inversión en millones de euros desde 1985 hasta 2009, destacan 6 compañías españolas, situadas entre las 11 primeras. Las otras cinco son: una australiana, dos francesas y dos alemanas.

Vamos directos al asunto:

  • Primer nivel: ¿Qué tipo de país es aquel en el que el Gobierno es capaz de “sumir a las grandes constructoras en el caos contable”? ¿Qué tipo de país es aquel en el que un ministro “evita la quiebra” de un sector? ¿Qué tipo de economía practica? ¿Practica la misma economía con todas las empresas, independientemente de su tamaño y tipología?
  • Segundo nivel: ¿Qué tipo de país es aquel que presenta a 6 de las primeras 11 concesionarias mundiales, con un monto de inversión histórico de más de 100 mil millones de euros? ¿Por qué los demás países líderes en el sector, excepto la curiosa presencia de Australia, son también economías continentales? ¿Por qué no hay economías anglosajonas en el ranking?
  • Tercer nivel: ¿Qué es una concesión? ¿Qué tipo de negocio es una concesión? ¿Es un negocio real? ¿Es un monopolio? ¿Quien puede montar una concesión? ¿Tiene muchas o pocas barreras de entrada? ¿Montada una concesión, quién determina el precio del servicio? ¿Se puede perder una concesión? ¿Tiene riesgo una concesión?

El razonamiento se completa volviendo en círculo al primer nivel.

Y ahora una ensalada de sonatinas de las que se escuchan en la calle, relacionadas con este sistema económico recientemente salvado por el Gobierno. Corresponden a varios personajes reales, y su parecido con la realidad no es casualidad:

  1. “En España se emprende poco, falta espíritu emprendedor”.
  2. “Los bancos tienen la culpa de la crisis”.
  3. “La especulación del ladrillo”.
  4. “Somos todos mileuristas”.
  5. “Tú sacate una carrera, oposita y eso ya no te lo quita nadie. Eso es para toda la vida”.
  6. “Hasta que no me case no me voy de casa de mis padres”.
  7. “La casita en la playa la compramos con la hipoteca del piso. Y ahora no hay manera de alquilarla. Imagínate cómo estamos”.
  8. “¿Qué cómo estoy? Pues, ¿cómo voy a estar? De lunes, hombre, de lunes. ¿Cómo se puede estar un lunes por la mañana? Pues mal, hombre, pues mal.”
  9. “¿Cuánto es el café? ¿Uno treinta? Eso son 216 pesetas… ¡jo-der!”.
  10. “Yo no doy las malas noticias en el banco, que al que da las malas noticias lo echan. A mi me quedan cuatro años de carrera de mi hija y siete para la jubilación. Ya sabemos que los activos están inflados, pero yo no seré el que dé las malas noticias. Yo calladito y a aguantar”.

Dejamos ahí estas reflexiones.

Vinilo por decreto

¿Qué tienen en común la Zentropa del film Europa, una discográfica actual y la mina donde se “alojaron” durante 70 días los mineros chilenos?

Primeramente su instrumentalidad teórica:

  • Zentropa es la empresa que explota los trenes en la Alemania destruida de 1945.
  • Las discográficas producen, graban, comercializan y distribuyen música al gran público.
  • La mina es el lugar de donde los mineros extraen sistemáticamente mineral para su posterior procesado y venta en los mercados de materias primas.

Son teóricamente instrumentales. ¿Qué es la instrumentalidad? Para explicarlo, un fragmento del trabajo de Víctor Tirado que citábamos el otro día:

“(…) Tampoco los productos de la técnica en tanto que tales productos técnicos son obras de arte: un vehículo en tanto que vehículo o un martillo o un teléfono móvil en tanto que meros utensilios no son obras de arte, pues son siempre para algo (um… zu etwas, que dice Heidegger: Werkzeuge), su sentido ontológico es instrumental, son siempre un medio para un fin extrínseco: el vehículo para transportar, el martillo para sujetar y el templo para orar. Por eso decía Aristóteles que la técnica es una actividad humana inferior, porque no es en sí misma un fin, está al servicio, como decíamos más arriba, de las necesidades perentorias de la vida, o, como dice Heidegger a su manera, al servicio de la ‘cura’ del Dasein, de su cuidado (Sorge).

Damos entonces por supuesto que atienden necesidades de la vida más o menos perentorias. Cuanto más perentoria sea la necesidad que atienden, menos, de lo diferencialmente humano, constituirá su naturaleza.

¿Podríamos decir que hay acuerdo en la afirmación “cuanto más instrumentalidad, menos humanidad“?

Trabajos como la minería o la conducción del Metro son extremadamente duros porque requieren de los trabajadores que los ejecutan una actividad cercana a la de la máquina: muy instrumental pues, muy maquinal. Poco humana.


¿Son poco humanas las tres entidades mencionadas? Podría afirmarse de la mina.

También de la Zentropa de la película. Cuando el entorno, la sociedad, la comunidad perecen o son aniquiladas -caso de la Alemania de 1945 (1)- se nos hace fantasmal la visión de un tren en medio de una ciudad en ruinas o un campo devastado. Su función, su sentido, puramente instrumental, parece que se esfuma. ¿Por qué no nos sucede así con la visión de un poeta o un violinista? ¿Por qué le concedemos mayor pervivencia de sentido a lo bello que a lo instrumental? Probablemente porque lo tiene.

¿Serviría de criterio medidor de la humanidad de una labor el situarla en un paisaje desolado y contemplarla en dicho marco, comprobando si aún tiene sentido o lo ha perdido por completo? ¿Es acaso cuando se le despoja al hombre de toda la parafernalia de medios que le rodean cuando mejor se puede distinguir el sentido de lo que hace?

Encontrar sentido a actividades rutinarias o automáticas es un esfuerzo que muchas personas realizan a diario. También hay ejemplos de películas que lo relatan.

Sucumbir a dicho intento es frecuente, y puede contemplarse maravillosamente descrito en la Parábola del naúfrago de Delibes. Hay un momento en el que los medios, los instrumentos, se comen a los fines, al hombre.

Proponemos la desinstrumentalización del trabajo, en la medida de lo posible.

Cuándo no es posible es un asunto del que nos ocuparemos en otro momento.

Pero, ¿y cuando es posible, pero no se hace? ¿Y cuando la entidad se aferra a la instrumentalidad, temerosa de acercarse a la belleza?:

Naturalmente, que todo suele darse mezclado en la vida del hombre, porque la vida humana es a la postre una, de manera que integra sus medios en sus fines últimos, y así, en la medida de sus posibilidades embellece sus útiles, trata de embellecer los coches y los templos, algo menos los martillos… ¿Qué quiere decir esto? No todas las utilidades parecen estar al mismo nivel. Hay utilidades que se funden con los fines a los que sirven de manera tal que ellas mismas son inseparables del fin y el fin de ellas. Si cojo el autobús para venir a Silos, el autobús es un mero medio, cuya bondad reside y se agota en llevarme a su destino de la manera más rápida y cómoda posible, pues sólo quiero el medio en la medida en que me posibilita el fin. Pero no siempre es esto así. El embellecimiento de los templos y su iconografía es un medio que sirve a la oración. Sin embargo, no ocurre aquí, me parece, como con el autobús; el valor de la belleza no es accesorio y prescindible, meramente medial y utilitario, sino que el templo en su conjunto, la iconografía, sus esculturas, etc. hacen presente a Dios mismo… La verdadera belleza no es una medialidad como postula Platón refiriéndose a la belleza sensible, sino que es ya un fin en sí misma, está adscrita a los fines primordiales de la vida del hombre, como puedan serlo la verdad y el bien.”

Nos ocupamos ahora de las discográficas. Dejando sólo una reflexión en el aire: su negocio consistía en la canalización de la música hacia el consumidor de música: ellas ofrecían, a un precio razonable, el soporte en el cual la música podía ser escuchada. Música que producía en quien la escuchaba sensaciones y emociones alejadas de lo instrumental: cercanas a constituirse en fines en sí mismas.

Hoy, gracias a un invento llamado internet, dicho soporte ya no es necesario.

Al igual que sucede con algunos yacimientos de mineral -a causa de la existencia de energías alternativas- o con algunas rutas ferroviarias -que no conducen a zonas demandadas- su instrumentalidad ha dejado de existir. Se puede disfrutar de la misma experiencia sin necesidad de contar con el soporte tradicional. Y dentro de poco, cuando el internet vaya inserto en el cerebro, sin soporte alguno.

Se resisten, sin embargo, a aceptarlo y a abandonar el negocio que les ha servido de soporte durante tantos años: el soporte puramente físico. Hacen lobbying y pelean por que se considere delito un comportamiento tan natural como no pagar por lo que se puede obtener gratis.

Se resisten a abandonar su instrumentalidad: probablemente porque han tomado la parte (el disco) por el todo (la música).

¿Cuál es el fin, el sentido, de las discográficas? ¿Acercar el soporte físico de la música al aficionado? ¿O acercar la música al aficionado? Estimamos que por ahí debiera ir encaminada la reflexión en este sector, que tendrá que renovarse o morir. Como han hecho muchas compañías ferroviarias y mineras.

La respuesta para las discográficas, en nuestra opinión, está en la belleza. No en la instrumentalidad; algo de lo que la humanidad, cuanto más humana, más se aleja.

(1) Son recomendables, por lo dolorosamente clarificadores, las lecturas de varios libros de Giorgio Agamben y el Otoño alemán de Stig Dagerman, de quien también os recomendamos la siguiente lectura.

Realidad sonora – Una antropología esperanzada para la empresa

No nos gusta esto de auto citarnos, habiendo tantas voces más autorizadas que nosotros.

Pero amablemente José Ochoa nos visitó ayer y mantuvimos una interesante conversación. Pidió permiso para grabar la reunión con una especie de bolígrafo-grabadora como la de James Bond, y hoy nos ha mandado el material editado, que ha colgado en 101claves.com

Aquí os lo adjuntamos, para el que tenga un rato para escuchar. Será hoy el contenido de Filosof-ando: reflexiones sobre Fenareta y su misión, la economía y la empresa, en tiempo real. Los ruidos de fondo, las llamadas de teléfono, los golpes de alguien reparando algo, son también reales.

Así suena una de las voces de Fenareta: CLICK.

Por cierto, tratándose de un filólogo, aprendimos que “Fenareta” (el nombre es Fenarete propiamente, pero tuvimos que hacerlo algo más “comercial”) significa “la de virtud evidente”.

Inmensa gratitud hacia José. Un nuevo amigo de Fenareta.