FENARETA

“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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Ejecutiva agresiva (Heard on the street I)

Se escuchan cosas en la calle, en un bar, en el metro.

Ejecutiva agresiva, escoltada por dos compañeros de trabajo. Traje de chaqueta, delgada ella, fibrosa. Voz segura, contundente: le ha costado mucho llegar hasta ahí. Directiva de agencia de comunicación, probablemente. Hora de la comida. Estarán buscando algo rápido, para volver a la oficina enseguida.

–Todos lo que nos llegan son licenciados en Historia del Arte, Bellas Artes… ¡Y a mí qué me importa lo que hayan estudiado! ¡Me da igual! ¡A mi lo único que me importa es que vendan, que vendan! –bramaba por la calle, ensordecedoramente silenciosa a esa hora.

Ellos asienten con un silencio respetuoso.

Fenareta, asustada, se agitaba en mi interior, aunque notaba yo que se envalentonaba y quería decirle a la agresiva algunas cosas tales como:

  • ¡Pues trate de considerar importante lo que su gente ha estudiado, doña Agresiva, porque son personas, y probablemente antes que vender, han estado preocupados en formarse un corazón, una cabeza, unas manos y unos hábitos!
  • ¡Lo que quiera que usted venda, doña Agresiva, lo venderá mejor si de venderlo se encargan personas, antes que “vendedores”!
  • ¿Por qué no ejerce usted verdaderamente de mujer, de persona femenina, y le aporta usted a esa empresa que “sólo” vende una visión algo más amplia de modo que la ayude a posicionarse como una empresa humana, una empresa personal?
  • ¿Por qué no le da usted una vuelta a eso de equiparar la persona jurídica “empresa” con la persona humana?

La mujer se ha liberado. Tan alto ha volado que se ha esfumado. Y la empresa ha perdido con esta “ascensión” una gran oportunidad de perfeccionarse, de volverse mejor, más completa. Su monótona composición nos hastía.