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“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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Business: ¿problema o solución? (Soft y hard II)

Buen artículo de nuestro amigo Santiago Álvarez de Mon en Expansión.

Hace días nuestra amiga Deborah nos preguntaba por las habilidades soft, en comentario a nuestro post “Soft o hard: ¿qué es qué?”. Quizá este artículo sea explicativo.

Cuando estas líneas vean la luz, estaremos en plena jornada de huelga. Buena excusa para reflexionar sobre una institución clave, la empresa moderna, fuente de esperanza y frustración.

Hasta que la sociedad civil someta la política a una experiencia catártica –deplorable la altura intelectual del debate– y obligue a la Universidad a salir de su endogamia (analizar, pensar, hacer, decidir, debatir, disfrutar, no son verbos dominantes entre los muros universitarios), espero más de la empresa en términos de cambio y renovación. Urgida por un mercado implacable no tiene más remedio. El instinto de supervivencia despierta las neuronas del ingenio y el trabajo.

Algunos factores en su haber
-Talento a granel. Afortunadamente me relaciono con multitud de profesionales. Bien formados, esforzados, dispuestos a estudiar, a viajar, incluso a sortear la infranqueable barrera del inglés, constituyen un ejército donde no sólo brillan las estrellas de los generales.

-Un potencial inmenso de innovación y creatividad, pendiente de estallar en cuanto se den las circunstancias propicias para ello, fundamentalmente libertad, responsabilidad y exigencia.

- La calidad humana de hombres y mujeres que piden a sus carreras algo más que una nómina. También les mueve la solidaridad y el servicio. El comportamiento de nuestras empresas en el concierto internacional confirma estas fortalezas. El atrevimiento, la sana ambición, la falta de complejos, pensar a lo grande, se han encontrado y el resultado está a la vista.

Elementos en su debe
-Incapacidad, cerrazón o desidia para revisar paradigmas periclitados, para hacer una mínima autocrítica. La crisis es producto de muchas variables, entre otras, la codicia e inmoralidad de algunos listillos que saldrán indemnes de ella. En este contexto, repetir el latiguillo de la autorregulación y repudiar todo lo que se acerque a control y rigor suena irresponsable. Reglas claras, transparencia y seguridad jurídica constituyen el ecosistema de las comunidades de aprendizaje del futuro.

-Alergia a la incertidumbre, hábitat natural de la experiencia humana de vivir. Tecnologías, complejidad, globalización, diversidad, mueven nuestro suelo, y en pleno movimiento de tierras buscamos seguridad y calor. ¿Resultado? Angustia y actitudes defensivas, el río sigue su marcha. El cambio es lo único cierto.

-Un preocupante déficit cultural, particularmente grave en un mundo global e interconectado. Al acervo técnico de conocimientos tenemos que unir un set de habilidades soft (historia, psicología, filosofía…) imprescindible para no hacer el ridículo en países desconocidos. Negocios y humanidades no tienen porqué estar a la greña.

-Una carencia sensible de perfiles emprendedores que se vienen arriba frente al riesgo y el vacío. Ante las incógnitas y desafíos del presente nos falta adrenalina y espíritu aventurero, y nos sobran “empresarios” acostumbrados a hacer negocios pendientes del BOE. Negocios y Gobierno, juntos, encamados, no pinta bien. Unos, a jugar sin marrullerías y ventajas, y el otro, árbitro imparcial y justo que delimita y respeta las normas de la competición.

-Falta de sensibilidad social. Privatizar egoístamente las ganancias y socializar descaradamente las pérdidas, megablindajes y despidos indiscriminados, no son una buena oferta “electoral”. ¿Se puede ir muy lejos con el slogan de crear valor para el accionista? ¿No hay otros stakeholders en juego? ¿Alguien se deja la piel por objetivo tan limitado? ¿Las nuevas generaciones se sienten seducidas por criterios estrictamente económicos? Propósito, sentido, causa, sueño, justicia, son ideas fuertes que afectan, y muy mucho, a la cuenta de resultados. No entender esto y seguir manipulando al personal con homilías huecas y frías sobre management explican la pérdida de legitimidad y credibilidad de más de un gestor. Las personas no son kleenex de usar y tirar, son los protagonistas principales de la película, al menos mientras ésta dura.

Si no se ahonda en la naturaleza moral de la empresa, desde su eficiencia e independencia económicas, estaremos sembrando el caldo de cultivo para la demagogia, la nostalgia, el populismo y, a lo peor, la violencia. Si la economía y las finanzas se ponen a trabajar al servicio del espíritu humano, si definimos la misión y visión de la empresa de un modo más auténtico, noble y atractivo, a lo mejor les ahorramos a nuestros hijos espectáculos como el de hoy. Talento e inteligencia no faltan. Voluntad y carácter, no estoy tan seguro.

Sobre la confianza

Traemos hoy a Voces el interesante trabajo sobre la confianza de Richard Brisebois.

Richard Brisebois es Miembro asociado del Instituto Empresa y Humanismo. Doctor en Administración de Empresas por la Universidad de Navarra, Master en Finanzas por Concordia
University (Montreal, Canadá) y Licenciado en Linguística por McGill University (Montreal,
Canadá). Imparte las asignaturas de Negociación, Liderazgo y Comportamiento Humano en el

programa de MBA de McGill University. Ha sido profesor de l’Ecole des Hautes Etudes Commerciales (HEC, Montreal) y de la Universidad de Navarra. Es socio del International Business Management Group (Montreal, Canadá). Ha sido Director de la cartera de préstamos del Bank of Nova Scotia (Toronto, Canadá) a países latinoamericanos y Asesor en finanzas internacionales. Dirigió proyectos de inversión en Estados Unidos de América, México,  Ecuador, Chile, Jamaica y Filipinas.

En el trabajo que adjuntamos, analiza los momentos de la confianza, concluye que los empresarios prefieren trabajar contando con ella que sin contar con ella y da lugar a una interesante noción de empresa: “la asociación de personas comprometidas entre sí en una tarea común a la que contribuyen con sus respectivos talentos”. Y afronta 17 mitos sobre la confianza que convendría revisar, tal y como él hace. Por ejemplo:

Mito nº 1: No te fíes nunca de quien no conoces.

Realidad: Confiar en lo que dicen de ellos mismos es la única forma de conocerles.

O:

Mito nº 2: Pero puedo conseguir información sobre esta persona.

Realidad: Tendrás de todos modos que fiarte de tus fuentes de información.

O:

Mito nº 10: “Algunos enfrentan situaciones nuevas con una confianza casi ingenua: aceptan desconocidos, consideran como veraces cualquier anuncio o vendedor, y firman contratos sin leerlos”.

Realidad: La ingenuidad no es lo mismo que la confianza. No es confianza hacerse dependiente
sin creer al otro. Tampoco lo es una dependencia cuyo fundamento sea otro que la fiabilidad de la persona misma.

Seguimos, pues, coleccionando señales.

Os adjuntamos, en Lugares para pararse a pensar, el link a su blog, cada día más sugerente. Contiene cosas como estas (nihil novum…):

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