FENARETA

“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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Creación económica (I)

Vamos inaugurando esta sección para los jueves. Su objetivo es acercar a las personas que nos siguen reflexiones y experiencias vitales sobre este importante concepto que, para la metodología Fenareta, es fundamental.

La Creación Económica.

Si hacéis una búsqueda en el blog veréis que ya se han dibujado algunas líneas directrices en este sentido. Se ha hablado de creación económica como creación de vida; de empresa creadora y de la significación de los recursos en todo el esquema. Asimismo, ha surgido un síntoma o un fruto “colateral”, la alegría, de la creación.

Pues bien, ya estamos dando los pasos en la cimentación de este concepto, utilizando “concretos” diferentes pero compatibles. Se irán citando en esta sección.

Recomendamos intensamente la lectura del libro de José Antonio MarinaLa creación económica“, uno de los que hace años más nos inspiraron en la gestación de lo que ahora es Fenareta.

Dice el resumen:

“Para el autor la empresa es el centro de la actividad creadora económica. La aparición de las “tecnologías de la inteligencia” ha acelerado los procesos de innovación, por lo que las empresas que no mantienen vivas sus capacidades creativas desaparecerán. La actividad creadora se da siempre en un contexto que la estimula o la bloquea. Un ambiente deprimido, rutinario, envidioso, que recela la innovación, limita las posibilidades creadoras. Marina impone como gran tarea social la configuración de una cultura de la creación, en la que la economía tiene un papel especial. Por esta razón, concede y exige a las empresas un mayor protagonismo en este Gran Proyecto Ético, por la gran influencia real que tienen en el mundo y por la cantidad de talento que concentran.

La riqueza de una nación ya no reside en el conjunto de sus bienes o de dinero sino en el talento y la suma de todas las posibilidades creadoras de sus habitantes. Gran parte de esas posibilidades dependen de la realización del Gran Proyecto Ético, en el cual han de tener acomodo las creaciones del espíritu. Si el talento es el gran recurso, cada talento despreciado es una fuente de riqueza perdida.

Este libro es, pues, una teoría de la inteligencia económica, que no materializa la inteligencia sino que espiritualiza la economía.”

La venta de una empresa

Seguimos pensando la empresa y pensando la filosofía, tratando de entender qué falla en la empresa y por qué.

Sentimos gran desasosiego tanto cuando escuchamos que la filosofía no sirve para nada a la empresa como cuando escuchamos que la empresa es inmoral.

Y queremos entender.

Escribe nuestro amigo y protector Rodolfo Carpintier en su blog este post acerca del proceso de venta de una empresa.

¿Porque es tan difícil el cierre de una venta de compañía?

Las empresas de éxito lo son porque se crearon para ser una gran empresa a largo plazo y eso requiere muchos aspectos de organización interna y gestión empresarial que, en muchos casos, son difíciles de inculcar en una start-up centrada en crecer. Sin embargo, cuando el crecimiento es espectacular y el posicionamiento de la start-up como líder de cualquier sector es ya claro, le aparecen muchas novias.

Desde empresas tradicionales hasta grandes del sector online que quieren “absorver” un nuevo segmento de mercado hasta fondos de capital riesgo que especulan con una posible salida a Bolsa o consolidación de un mercado mayor a nivel Europeo o mundial.

Para entonces, la start-up tiene ya tras de sí varias rondas de ampliación de capital y contratos muy complejos con media docena de inversores, desde los Business Angels originales hasta los fondos que han entrado en las últimas rondas. En el caso de una venta, los intereses de todos ellos son dispares y eso da márgen para muchas negociaciones.

Por eso, lo habitual en estos casos, es que el cierre de la operación se haga a altas horas de la madrugada. Kelkoo se firmó sobre las 1:15 de la madrugada y, en mi experiencia, cada operación ha tenido un cierre similar en lo complejo y en las horas de firma. Alguién me dijo que, al final, la firma se realiza cuando están todos exhaustos y deciden no negociar más…

Hemos asistido a muchas negociaciones “a cara de perro”, algunas con los grandes ejecutivos de la economía mundial.Y Rodolfo sabe lo que dice, porque así sucede. La lucha es despiadada y los límites físicos y psíquicos a los que llegan los “contendientes” son difíciles de imaginar para la gente de la calle.

La guerra llega incluso a generar adicción.

Es una contienda: una batalla donde el principio básico es: “uno gana lo que el otro pierde”. Es un juego suma cero. Lo que se deje sobre la mesa para “el otro” será fruto de la piedad, pero nunca del convencimiento de que es bueno que el otro gane. Debemos citar aquí términos como la “trampa social” o la “tragedia de los comunes“.

Sin embargo, Fenareta tiene una concepción distinta de la economía en general y de la empresa en particular.

En ciertas negociaciones hemos tenido el “descaro” de decirle a nuestro interlocutor:

- “Oye, Mr. X, estamos detectando que haces muchas cábalas sobre lo que finalmente vamos a ganar nosotros en la operación… ¿no te molestará que ganemos mucho en esta operación, verdad? Porque sabemos que tú, de hecho, vas a ganar mucho más, y no nos molesta en absoluto: al contrario, nos alegra.”

A lo que Mr. X responde un poco azorado (cuando responde, porque a veces simplemente levanta la sesión hasta mejor momento, ante la vergüenza que siente):

- “… Mmm… Por supuesto que no. Eso son tonterías”.

Nos hemos aproximado siempre a las mesas de negociación con una cierta alegría, teniendo la intuición de que lo que se iba a negociar en esa mesa iba a ser algo bueno para todos: algo que no necesariamente tenía que ser lo que cada parte llevaba en la cabeza al sentarse, pero que, precisamente por eso, podría llegar a ser mejor que cualquier expectativa que los negociadores tuviesen.

Y efectivamente, las negociaciones más exitosas a las que hemos asistido han sido aquellas en las que las partes, juntas, dialogando, colaborativamente, han llegado a formular un escenario bueno para todos, en el que todos han tenido que renunciar o “morir” a parte del “equipaje de expectativas” que traían a la negociación para alcanzar una situación que todos comparten porque todos han contribuido, de buena fe, a crear.

Las mejores han sido aquellas negociaciones que han sido algo catárticas, donde lo personal se ha puesto de manifiesto y las partes han hablado sinceramente sin dejar nada en el tintero.

En lugar de un diálogo de sordos, se ha producido un verdadero diálogo, y los negociadores se levantan de la mesa siendo mejores y apreciando, sinceramente, a la persona que tuvieron enfrente. ¡En cuántas de estas ocasiones no hemos podido comprobar que se ha acabado forjando una amistad entre los negociadores, fundada en la admiración recíproca tanto moral como intelectual que se les ha generado a las partes, escuchando sus argumentos, sus relatos, sus fines y contemplando los esfuerzos por alcanzar una solución satisfactoria para todos!

Ha sido este alumbrar un marco de trabajo que todos comparten y están dispuestos a defender -incluso contra sus propios camaradas escépticos- lo que nos ha llevado a pensar que la negociación puede ser otra cosa muy distinta. Más un diálogo para hacer nacer “lo bueno” que una guerra para quitarle “lo bueno” al otro y dejarle lo nuestro “menos bueno” o incluso “malo”.

Como hemos tenido ya varias de estas experiencias, nos sentimos impulsados a contestarle a Rodolfo lo siguiente, que ha publicado finalmente:

Tienes toda la razón. Normalmente las negociaciones son duras. Muy duras.

Es difícil compartir el principio de que de la mesa de negociación (y de cualquier diálogo en general: una negociación es sólo eso, un diálogo) uno debe levantarse con la sensación de que ha perdido algo valioso para ganar algo también valioso. De una negociación todos deben levantarse con la convicción, porque así sea en realidad, de que son mejores que cuando se sentaron a negociar. De que su vida y la obra de su vida vale más, en todos los sentidos.

Sin embargo, suele uno negociar con la intención de desprenderse de lo que vale poco y llevarse lo que vale más. Para ello, como el interlocutor no es idiota, debe tratar de idiotizarlo: agotándolo, cambiando términos a última hora, usando técnicas de “poli bueno y malo”, apurando el tiempo si al otro le hace falta, etc.

Esa actitud, al final, años después, lleva a que lo que parecía un buen futuro acabe convertido en una decepción. Es pan para hoy, hambre para mañana. Has machacado al otro. Nada más. Le has expoliado. Pero eso, a la larga, no genera más que aniquilación.

Es un planteamiento pobrista y desesperanzado, que considera que la riqueza no se puede crear ex novo, sino que hay que quitársela al de enfrente.

Son ejemplos de mala negociación. De negociación no ética. De esas hemos visto muchas.

A fin de cuentas, responden todas a lo mismo: falta de cultura empresarial de la de verdad.

Equipo Fenareta
http://fenareta.org/blog/

Fenareta tiene mucho que decir a este respecto.

Ya va articulando sus primeras palabras.

¿Qué entiende Fenareta por “empresa”?

“Los filósofos que han especulado sobre la significación de la vida y el destino del hombre, no han notado lo suficiente que la naturaleza se ha tomado la molestia de informarnos sobre sí misma. Ella nos advierte por un signo preciso que nuestro destino está alcanzado. Ese signo es la Alegría. Digo la Alegría, no el placer.

El placer no es más que un artificio imaginado por la naturaleza para obtener del ser viviente la conservación de la vida; no indica la dirección en la que la vida es lanzada. Pero la alegría anuncia siempre que la vida ha triunfado, que ha ganado terreno, que ha conseguido una victoria: toda gran alegría tiene un acento triunfal.

Ahora bien, si tomamos en cuenta esta indicación y seguimos esta nueva línea de hechos,  hayamos que por todas partes donde hay alegría, hay creación: más rica es la creación, más profunda es la alegría”.

Henri Bergson

El socialismo marxista y el liberalismo capitalista han acabado por defenestrar el concepto de empresa y la antropología subyacente, al situarlas en medio de un dilema que no es tal: ¿libertad o justicia?

Los teóricos de la libertad han defendido el llamado “mercado” por encima de todo, mientras que los defensores de la llamada justicia social han dado la preferencia al Estado. De estas opciones han nacido las oposiciones mercado-estado, liberalismo-socialismo o riqueza-poder. Fenareta ofrece un giro radical en el pensamiento de la empresa, en paralelo con el giro que propone a nivel antropológico. La empresa es una persona, y la persona no es ni un lobo infinitamente voraz que caza por cazar ni un gusano ocioso deseoso de ser alimentado simplemente para engordar. La persona tiene un sentido y todo lo que hace, lo comparte.

Creemos en la persona humana con todas sus dimensiones, y consideramos que el valor de la misma se puede concentrar en la vida. La persona tiene un sentido, la Vida, y el sentido actúa de tractor, de elan, de impulso, de fuerza que impulsa a la persona a perseverar en su vida, a crear más vida, a buscar la verdad de la vida y a contemplar la belleza de la vida.

La persona crea valor cuando crea vida con lo que es y lo que hace. Crea valor cuando contribuye a la creación facilitando las circunstancias que hacen posible y digna la vida. Creando valor se perfecciona según su naturaleza: llega a ser lo que debe ser, lo que es. Lo consigue como individuo, pero fundamentalmente lo consigue en la comunidad en la que vive, que ayuda a vivificar y que le vivifica.

Desde esta estructura vital animada por la vida se crea lo valioso, la nueva vida. Esta creación produce en el hombre una intensa alegría al constatar con sus propias manos que la vida no cesa y que el bien triunfa en la lucha contra el mal.

La creación de la vida por el hombre se produce mediante la utilización de determinados recursos, limitados, que son los que configuran la creación económica. Esos recursos responden siempre a una organización, que es la que conduce a la consecución de los proyectos. Estar en camino de conseguir los proyectos es el síntoma de la justicia social, y no estarlo es la mayor injusticia social imaginable. La creación económica es la ordenación de recursos limitados de cara a proyectos que responden al sentido de toda actividad humana: la creación de vida.

La empresa es el modo habitual de organizar esa actividad de creación económica, con la única salvedad de que el comercio y el tráfico mercantil han perfeccionado hasta tal punto esa organización específica que la han dotado de personalidad económico-jurídica. Así pues, la empresa es la persona jurídica que tiene como vocación el crear vida de forma económica –con recursos limitados.

En su dinamismo propio (la creación de vida), la empresa cuenta con recursos limitados -bienes fabricados, aquellos que forman una suma limitada o nula: su distribución acaba por agotarlos- y otros ilimitados, bienes creacionales, aquellos que se pueden compartir o repartir y que nunca se terminan (tales como la bondad, la generosidad, la confianza, el sacrificio, el ingenio, la paciencia, etc.). –que serían

La empresa se convierte, en la visión de Fenareta, en persona cuya vocación es contribuir a la creación, desde su campo de conocimiento específico, la creación económica. Penetran, por tanto, la vida y el impulso vital dentro de la empresa, haciéndola emerger hacia el entorno –la comunidad, el mercado y el Estado- para ofrecer su mano creadora allá donde ella vea que se necesita.

Desde la empresa creadora, y obrando conforme al sentido, se alcanzan los proyectos, y el caminar hacia ellos, utilizando los recursos, limitados o ilimitados, conforma la justicia, siempre social. Así pues, el dilema no es tal y la vida puede realizarse plenamente, libre y justa.