FENARETA

“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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El jefe de todo esto

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Está calificada como comedia, pero nuestro querido Lars von Trier ha tenido que utilizar este registro para poder sostener la mirada de la realidad sin perder la compostura. No es una comedia: es un terrible drama ubicado en la tranquila cotidianeidad, que es donde suelen ocurrir los más terribles sucesos. Por eso el espectador asiste desasosegadamente a lo que, ad extra, parece un relato costumbrista más.

Cualquier asesino se estremecería si viese quién es en realidad su víctima, que no es otro que él mismo, dijo Víctor Hugo. Esta película procede del estremecimiento, del vértigo que se experimenta cuando uno se da cuenta de la propia brutalidad con la que se trata al Otro. Trata sobre la catarsis del verdugo, facilitada por el actor que se le enfrenta, como un espejo. Y acontece esta catarsis, este darse cuenta de la propia brutal ignorancia del Otro, en el tranquilo entorno de una empresa que está a punto de ser vendida por su auténtico propietario, oculto tras la figura del “jefe de todo esto”.

Como su protagonista se encarga de escenificar, cuando se llega al fondo del abismo, cuando no queda nada de una idea que dé cuenta y razón de los actos, cuando la forma no existe, acontece el horror, y lo hace en forma graciosa. Y cuando el horror se enseñorea de la escena, todo es posible, la superrealidad se adueña del timón, y provoca incluso que la escena no sea tal. Técnicamente sustentada sobre el recurso del framing, algunos la consideran una obra menor. Ahí radica también gran parte de su mérito.

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Von Trier “no ha trabajado” nunca, comenta en sus declaraciones sobre la película. No ha tenido que experimentar el absurdo de las relaciones laborales, donde unos trabajan con miedo de no subsistir y otros consideran el trabajo como una vulgar mercancía. Von Trier ha trabajado con vocación y eso se percibe en sus películas. Y su intuición le lleva a plasmar en la película aquello que no ha experimentado. Paradójico.

Sin una concepción filosófica del hombre y de la sociedad no es posible organizar la vida en común con criterios firmes. “El jefe de todo esto” realmente no existe. Y las personas sufren el horror y el caos, la arbitrariedad y la ausencia de sentido. Von Trier lo ha querido contar tal y como lo ha intuido. Y lo ha hecho con humor, como corresponde a un espíritu extraordinario. Vedla.