FENARETA

“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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Acusica

El “latino” (triste palabra francesa, apropiada hoy para la realidad que se describe) tiene muy interiorizada la ley, pero en sentido negativo: existe una especie de simpatía y camaradería hacia aquél que hace trampa, probablemente porque la ley, con eso de que desciende de lo alto, se considera más obra divina que humana: más imposición que acuerdo. Limita la libertad, señora de la época.

Aún resuenan los gritos de esa alemana que, aterrizado un vuelo en Barajas, voceaba a la tripulación mientras acusaba señalando a un español que se había puesto a hablar por el móvil con el avión en marcha. El único que no la oía era el del móvil…

No sacó la alemana en cuestión beneficio de la denuncia al español parlanchín, pues este ni siquiera dejó de hablar por su móvil. El pasaje ni se movió: si acaso se agitó en sus asientos ante el jaleo que estaba montando la “legal” alemana.

Sin embargo, en EE.UU. la denuncia o demanda qui tam se premia. Sobre ello nos hace pensar el artículo de Manuel Conthe en Expansión.

Todo empezó, como suele empezar, en el sector más innovador a la hora de experimentar nuevas prácticas: en el ejército. Así, década tras década, resulta que el self interest adamita -mal traducido como egoísmo al español- combinado con el temor a ser denunciado, sirven como mecanismo conformador del orden jurídico, a la más pura manera push. El señalar con el dedo tiene premio.

Esta es una visión descarnada del asunto: el denunciar porque hay recompensar por ello.

Pero ¿y el hacerlo por honor al bien, por motivos altruistas, sin esperar nada a cambio? Decía Kant (en Si el género humano se halla en progreso constante hacia mejor, 1798) con ocasión de sus reflexiones sobre el sentido de la Historia en referencia a la Revolución Francesa (sumatorio por excelencia de señalamientos, que luego acabó yéndose un poco de las manos y tomando forma de orgía sangrienta):

“Esto y la participación afectiva en el bien, el entusiasmo,

aunque como todo afecto en cuanto tal, merece reproche y, por lo tanto,

no puede ser aprobado por completo, ofrece, sin embargo, por mediación

de esta historia, ocasión para la siguiente observación, importante para la

antropología: que el verdadero entusiasmo hace siempre referencia a lo ideal,

a lo moral puro, esto es, al concepto del derecho, y no puede ser henchido por

el egoísmo. Los enemigos de los revolucionarios no podían con recompensas

de dinero alcanzar el celo tenso y la grandeza de ánimo que el mero concepto

del derecho insuflaba en aquellos, y el mismo concepto de honor de la vieja

aristocracia militar (un análogo del entusiasmo) cedía ante las armas de aquellos

que se habían entusiasmado por el derecho del pueblo al que pertenecían.

¡Y con qué exaltación simpatizó entonces el público espectador desde fuera,

sin la menor intención de tomar parte!”

¿Qué hay del whistle blowing en la empresa? Probablemente coincide su aceptación como noción positiva o altruista con la silueta de la denuncia negativa mencionada. Y es que, a fin de cuentas, lo de la ley del Oeste (en sus dos facetas) nos sigue sorprendiendo a este lado del océano.

Sin embargo, no hay que olvidar que el “Nuevo Mundo” se sitúa en el Occidente, en el atardecer. ¿Indicará ello destino y/o sentido?

¿Premiar la actitud proactiva en la empresa? ¿Incentivar a quien contribuya a la mejora del lugar en el que trabaja? ¿Fomentar la cultura del “sí se puede” y del “sí, debes” en la empresa? Preguntas que nos van surgiendo…

Dice Conthe:

Crónicas mínimas

El martes pasado se supo que los laboratorios GlaxoSmithKline han aceptado pagar al Ministerio de Justicia estadounidense 750 millones de dólares por las responsabilidades civiles y penales derivadas de haber producido en Puerto Rico varios medicamentos defectuosos financiados por la sanidad pública. Lo más llamativo de la noticia fue que la antigua responsable de calidad de los laboratorios, Cheryl Eckhard, percibirá 96 millones de dólares (esto es, el 16% de los 600 millones de indemnización civil). En efecto, la Sra. Eckhard, tras alertar sin éxito a la dirección de los laboratorios de los fallos que había detectado en su planta de Puerto Rico, fue poco después despedida y decidió demandar a su antigua empresa por las irregularidades que había constatado.

De Lincoln a la Ley Dodd-Frank

Su recompensa es consecuencia de la False Claims Act , que permite a los particulares entablar acciones legales contra quienes defraudan al Estado. Tales demandas, aunque secretas, son comunicadas a la Fiscalía. Si -como ocurrió en el caso de Glaxo- ésta las hace suyas, el denunciante (relator) recibirá una recompensa de entre el 15% y el 25% del importe obtenido por el Estado; si el Estado no hace suya la demanda pero el particular la mantiene y tiene éxito, éste recibirá entre el 25 % y el 30% de la indemnización que el Estado obtenga.

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¿Coreografía o música de los golpes? – Raging bull

Empezamos la semana con fotografías, películas, músicas y libros que contribuyen a hacer de la vida diaria un ejercicio de reflexión e integración personal. Combatiendo la inercia y el automatismo laboral“.

Así se describe este apartado de los lunes. Hoy una mirada. A esta secuencia (Raging bull de Martin Scorsese).

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Una mirada que podría sostenerse horas, días. Que podría servir como mirada de contemplación ante las personas que encontramos en nuestro trabajo. Mirada a nosotros mismos.

Como una eterna nota, el púgil baila en el tri-grama que marcan las rústicas cuerdas del cuadrilátero, en primer término. Cuerdas que marcan, con sangre a veces, el argumento de su vida. La vida de un boxeador envuelto en un ropaje que le hace casi ridículo. El papel que le ha tocado jugar, probablemente delimitado por esas cuerdas, de las que su bailoteo y sus golpes nunca lograrán sacarle. El personaje que, irremisiblemente, irá golpeando cuanto se encuentre.

Hace días nos planteábamos la pregunta: ¿por qué luchas? E intuíamos que, en una vida pensada, la lucha no lo era todo. La lucha puede llevar a perder la libertad. ¿Qué sucede cuando se lucha para recobrarla? ¿Y cuándo se lucha porque no se tiene ninguna posibilidad adicional? ¿Por qué luchan tanto ciertas personas, algunas, como Jake La Motta, que provienen de un origen tan difícil? ¿Y otras que lo tienen todo?

Hoy, en la visión del legendario Jake La Motta que Scorsese nos ofrece, vemos que la pregunta queda fuera del marco, de la pantalla. A veces nos tocará enfrentarnos a personajes como el que aparece enjaulado en la pantalla, y nuestro cometido será sentarnos con ellos y escuchar, sin cuestionar, sin preguntar.

Asistir a su baile, a veces desaforado, incluso patético, sin aspirar a que se justifiquen. Sin exigir que den cuenta y razón. Porque a veces la cuestión no va de cuentas, ni de razones, ni de causas. Simplemente suena la musica y ellos bailan, dentro del espacio que dejan las cuerdas. Con la ropa que llevan puesta y sin percatarse de su apariencia. Bailan y nosotros miramos.

Acompañemos. En silencio. Comprendiendo el sufrimiento que la persona lleva consigo y que reparte, como caramelos, a quien se le acerca, a quien entra en el ring de su vida.

En ciertas circunstancias que vamos viviendo, la primera reacción es juzgar, contrastando lo que vemos con lo que pensamos que debería ser. Las personas abren su corazón y manifiestan una situación de sufrimiento. ¡Qué difícil es no juzgar para el espectador! ¡Qué difícil es simplemente acoger! ¡Qué difícil es saltar al cuadrilátero y compartir los golpes!

Sin embargo, cuando se alcanza a comprender los extremos en que se deselvuelve la vida de estas personas, la palabra del juicio se apaga, se avergüenza, dando paso al silencio. Surge la simpatía, la compasión… Ni causas ni razones. No se pueden encontrar razones ni causas cuando, tras los golpes de la vida, Jake, con la cara literalmente partida, le recuerda a Ray que se mantiene en pie, lo cual se convierte en su sentido:

“Ya never got me down Ray……Ya hear me? ya never got me down….”

Entonces una llamada, una voz, tiene sentido. Entonces, tras la acción inmediata, se acierta a divisar todo un horizonte que la bruma del instante había, por un momento, ocultado, pero que se muestra de nuevo. Entonces surge la posibilidad de la vida.

“They called me an animal. I’m not an animal.”

Entonces se entienden afirmaciones como la que le hace Jake a su abandonada esposa, mientras cocina para él:

“Don’t overcook it. You overcook it, it’s no good. It defeats its own purpose.”

Seguimos caminando y buscando esa serenidad para aceptar lo que no podemos cambiar, la valentía para cambiar lo que podemos cambiar y la sabiduría para discernir unas de otras. Sabiduría que a veces surge inesperadamente:

“I’ve done a lotta bad things, Joey. Maybe it’s comin’ back to me.”

Cuando ello sucede, suena la música.

Suena esta música: el Intermezzo de la Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni. Es también clarificador. Es muy curioso cómo, contrastando con su placidez y serenidad, ha servido para acompañar películas de gran violencia. Películas donde las personas se resistían violentamente, golpeandolo todo, a un trágico destino que les estaba, desde el comienzo, indicado.

Suena esta música, quizás, a ¿liberación? ¿O a aceptación serena del destino? ¿O a discernimiento? ¿A qué le suena al protagonista cuando dice:

“There’s no way I’m goin’ down. I don’t go down for nobody.”

Habría quizá que reflexionar acerca de las cuerdas que marcan el cuadrilátero en que se mueven las organizaciones, y quizá madurar nuestra actitud ante ellas y las personas que las forman. Para poder entender:

“I remember those cheers,
They still ring in my ears,
And for years they remain in my thoughts.
‘Cause one night I took off my robe,
And what’d I do? I forgot to wear shorts.
I recall every fall, every hook, every jab,
The worst way a guy can get rid of his flab,
As you know, my life wasn’t drab.
Though I’d rather hear you cheer
When I delve into Shakespeare …
‘A horse! A horse! My kingdom for a horse!’
I haven’t had a winner in six months.
And though I’m no Olivier,
If he fought Sugar Ray, he would say
That the thing ain’t the ring, it’s the play.
So give me a stage
Where this bull here can rage,
And though I can fight,
I’d much rather recite.
That’s entertainment.”?

La Cavalleria en diferentes tonalidades.

  • Dirigiendo Lim Kek-tjiang a la Evergreen Symphony Orchestra:
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  • En la maravillosa “El Padrino”:
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  • Levon Manukyan
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  • Zubin Metta
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  • Un magnífico adiós
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  • Ricardo Muti
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Acaba la película con una cita bíblica:

“So, for the second time, [the Pharisees]
summoned the man who had been blind and said:
‘Speak the truth before God.
We know this fellow is a sinner.’
‘Whether or not he is a sinner, I do not know.’
the man replied.
‘All I know is this:
once I was blind and now I can see.’
John IX. 24-26

El afán de lucro nos encanta

Sí. Unido al servicio a la comunidad. El hombre tiende a ser cada día mejor, en todos los aspectos, y quien quiera limitar su afán de mejora lo matará. Pero el afán de lucro sin su correlato de servicio a la comunidad es, sencillamente, un desorden espiritual, que acaba provocando un desorden material.

Solución: amor, convivencia y comunión, lo propiamente humano, frente a odio, disidencia y desunión. Los animales de la selva no están hechos para convivir, sino para matarse entre sí. Pero el hombre nació para la ayuda mutua y el lazo social es la condición para ser libre y ser persona.

Lo material y lo espiritual no se pueden oponer: los intereses han de converger, conforme a la naturaleza humana. Libertad con vínculos que la protejan, máxima libertad ordenada al bien común y que alienta el espíritu creativo del hombre.

Por el Estado, contra el estatalismo; por el capital contra el capitalismo; por la libertad contra el liberalismo; por lo social contra el socialismo; por la comunión contra el comunismo.

Va por delante nuestro empeño de descubrir la clara posibilidad de un mundo ciertamente mejor. Y no inventamos nada, esto ya lo dijeron otros hace años. Nos limitamos a recoger semillas que cayeron en terreno pedregoso y buscar donde puedan arraigar.