FENARETA

“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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Luces

Así vamos, en la pista de rodaje, en la previa al despegue. Y vemos luces; no sabemos si las mismas que pedía sediento Goethe al morir, pero a lo alto conducen. Cada semana, al repasar las citas de la agenda y los emails mandados y recibidos, el trabajo realizado vuelve a cobrar entidad. Parece que se paladea de nuevo.

Una de las visiones estéticamente más cautivadoras es la que corresponde a las luces en la oscuridad, en todas sus presentaciones. Desde una farola solitaria en una calle oscura hasta los dinámicos fuegos artificiales que se ven a lo lejos sin oirse.

El alumbrado de la pista del aeropuerto siempre es un espectáculo al que los viajeros no se resisten, y todos retorcemos el cuello y la espalda para poder asomarnos por las ventanillas del avión y contemplar, por un instante, la pista en perspectiva: es el único momento en el que al viajero se le indica el camino -justo el momento en que más se aleja de él: el momento perpendicular.

Luego el piloto se ocupa del asunto, enfilando el avión a la pista, y el viajero pasa a ser simple espectador, algo frustrante a veces. Nuestra tendencia a la frontalidad, seres netamente visuales cuyos órganos de visión están ubicados en el frente, nos pide continuamente mirar de frente al camino.

Viajar en avión es una experiencia visual similar a la del cachalote: el cachalote tiene los ojos como las ventanillas del avión: situadas a los lados. ¿Cómo configura su cerebro una sola imagen si perciben sus ojos dos mundos distintos -el derecho y el izquierdo- separados por la oscuridad que su inmensa frente produce? Son preguntas que se pueden resolver, entre otras, leyendo a Melville.

Como cachalotes en el océano, o como pasajeros en el avión, nos encontramos con dos mundos -filosofía y empresa, reflexión y organización- y una frente para entender que forman parte de lo mismo. Que son lo mismo. Que son puntos cardinales de la misma realidad. Pistas de despegue a ambos lados que son la misma; luces que nos guían, esperamos que hacia un mismo lugar.

Ha sido una semana más tranquila que la anterior, pero también movida.

El lunes nos reunimos con el Director General de Universia -por aquello de ir entendiendo lo que una entidad empresarialmente tan poderosa como el SCH entiende por educación y Universidad. En gran medida gracias a Carlos Puig, socio de Nexus People, la reunión transcurrió de forma muy positiva y se atisban luces de proyectos en el horizonte. Quedamos asimismo, también gracias a Carlos (bendito networking),  con José Ochoa para la semana del 11, para hablar de su proyecto en México.

El martes fuimos centrando la reunión con Oliver de la semana que entra y trabajando de puertas adentro.

El miércoles de la huelga nos reunimos con Josefina y Alberto y dialogamos sobre el gran proyecto que están preparando en crecimiento personal, donde Fenareta quiere ejercer el doble papel de compañero de viaje en la definición y “celestino” que permita al proyecto encontrar la financiación que va a necesitar. Algo de eso ya estamos haciendo.

Contactamos asimismo con Luis Berruete, de Creas, para encontrarnos con él al día siguiente. Y por la tarde nos vimos con Miriam, quien ya nos ha traído buen material para trabajar uno de los desayunos Fenareta.

El jueves por la mañana nos reunimos Ada y yo para revisar los proyectos y definir quién participa en cada uno. Hicimos actualización de temas y comentamos sobre este blog.

Por la tarde estuvimos en la presentación de Creas Fondo de Capital Riesgo Social. Allí saludamos a Daniel Romero, amigo emprendedor con quien compartimos mucho tiempo en una iniciativa algo relacionada con Fenareta, llamada Thinking Heads, gran parte de cuya estructura actual contribuimos a pensar y montar (como se ve en la foto del enlace, nos lo pasamos bien). Fenareta tendrá relación con Thinking Heads, especialmente en las solicitudes de conferencias que recibamos. La estrategia audiovisual de Thinking es muy interesante.

Saludamos también a otros conocidos como Ángel María, creador del gran proyecto Bubok (donde son socios algunos de nuestros apoyos y a quien le ayudamos ahora a entrar en México), y Lotfi, con quien trabajaremos probablemente alguno de los proyectos que ya están pensados.

Nos acompañó a la presentación Eduardo, precisamente en el día de su cumpleaños, con quien luego dimos un buen paseo y tomamos un café por el Barrio de las Letras, diseñando el proyecto audiovisual centrado en el concepto de democracia que estamos preparando, discutiendo sobre el futuro del cine -y sus posibilidades en los formatos actuales- y preparando los desayunos Fenareta.

La presentación fue un éxito.

Se congregaron unas 200 personas, entre emprendedores e inversores. Tras las emotivas introducciones, muy personales, de Luis Berruete y de Pedro Armentia, Victor Viñuales, miembro del Consejo Asesor, habló de la tendencia maniquea a buscar buenos y malos (Administraciones y ONGs buenas, porque miran el beneficio general, empresas malas, porque miran el beneficio propio), y de la nueva figura de la “empresa mestiza” o “empresa social“, aquella que une ecosistemas tradicionalmente enfrentados. Habló también de la frontera impermeable entre la empresa y “lo social” y de la “revolución que exige la sostenibilidad del Planeta“. Justificó el papel fundamental de las empresas sociales porque:

  1. su existencia exige innovar.
  2. lo nuevo siempre nace pequeño.
  3. sólo la unión de lo social, lo económico y lo ambiental pondrá fin a una crisis tridimensional como esta.
  4. sólo los hechos pueden combatir el escepticismo que detiene la mencionada revolución.

Citando a Al Gore y la resistencia al cambio, dijo que “es difícil que alguien entienda algo si su nómina dependa de que no lo entienda“, lo cual nos dará para un futuro post que ya tenemos localizado hace tiempo. Comparó la empresa social, esa que proporciona beneficio al emprendedor y a todo su entorno, con el explorador que se encamina a terrenos desconocidos y definió a Creas como la unión entre empresas sociales e inversores sociales.

Tras las intervenciones de Margarita García de La Calle y del Director de Hub Madrid (proyecto apoyado por Creas), Max Oliva, vino la charla llena de entusiasmo y realismo de Santiago Álvarez de Mon (con quien luego nos emplazamos a una reunión específica sobre Fenareta).

Dijo que no necesitaba hacer un acto de fe para creer en el ser humano, pues se encontraba decenas de personas maravillosas cada año. Habló de la necesidad de hacer las paces con la incertidumbre, asumiéndola con la tranquilidad con que el pez asume que el océano es su hábitat. Mencionó la necesidad que tenemos de “conversaciones sociales de altura“, esas que versan sobre las cosas importantes. Y recordó que esas preguntas sobre cosas importantes casi siempre se hacen en los momentos de zozobra. Esa “conversación social” viene de la mano de la “conversación última” que mantiene cada uno consigo mismo. Habló de Yunus y de su cuidado por el Otro (la versión profunda de uno mismo, lo que nos molesta de nosotros mismos).

Caricaturizó al lider visionario y recordó la sencillez de Yunus, que no veía nada extraordinario, sino que estaba harto de que las cosas no marchasen bien para los pobres. Habló de los viejos jóvenes, los que se lanzan al futuro exigiendo seguridad; y de la necesidad de dar el primer paso como único camino para conocer cómo dar el segundo. Defendió el beneficio y manifestó que lo sospechoso es perder dinero, no ganarlo. Exigió de las empresas que supiesen morir con dignidad y habló de la libertad profunda del emprendedor.

Manifestó la necesidad de viajar para entender, y puso como requisito al viaje exterior una necesaria “arqueología interior“. Volvió a recordar a Yunus, vencedor de ese maniqueismo de las dos orillas: el banquero que le cobraba interés a los pobres, y que nunca le costó un dólar a su Estado. Habló de inversiones inteligentes y también de inversiones sabias.

Y acabó con la reformulación de la pregunta por la vida después de la muerte: ¿hay vida antes de la muerte? A lo que respondió refiriéndonos al oficio de exprimir el arte de vivir.

Señales, en definitiva: luces que van iluminando la pista y marcando el camino.

Y hoy viernes, tras escuchar una clase de Historia de las Ideas Políticas de Evaristo, nos reunimos con Guillermo, para ir preparando el primer proyecto en el que va a ser consultor, al que se le unirán otras personas que ya tenemos identificadas. El proyecto relacionado con el fracaso escolar está tomando forma poco a poco, y en unos dias estará conformado su esquema general y su equipo. Hay que decir que Richard Brisebois, a quien mencionábamos el otro día en el post Sobre la confianza, nos ha contactado y dado ánimos.

Mañana nos veremos con Rubén Manso -otro candidato a los desayunos Fenareta y “filósofo de la contabilidad“. Fuerte apoyo de Fenareta.

Una semana más, nuevas luces, nuevas personas que nos apoyan con toda su ilusión y su maravilloso interés.

Ad astra.

Con Kubrick, Strauss y Ligeti.

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Organizaciones con alma

Hace semanas nos enviaba un buen amigo, Oliver Álvarez, un trabajado correo sobre la vocación de Fenareta, sus fines y la posibilidad de conseguirlos.

“(…) estoy convencido de que es urgente que la Filosofía llegue al cimiento de nuestra civilización actual, la empresa. Creo que es necesario que la empresa (individualmente y en conjunto) aclare sus fines, y ponga un límite a los medios que está dispuesta a utilizar para su labor de creación, si no, ésta, se puede conllevar una desproporcionada destrucción, tanto del entorno (social y de todo tipo) como de sí misma.

Hemos creado estos entes superpoderosos y no hemos puesto un corazón en su pecho.

La labor de la Filosofía en la empresa se me presenta como una oportunidad para hacerlo.

Como en la metáfora homérica de “la estrategia de odiseo”, desde el enfoque de Fenareta, podríamos pasar dentro de sus murallas para que la Filosofía clarificase qué fines y medios pueden beneficiar a todos, dentro y fuera de esas murallas.

En mi mensaje te mencioné que estaba preparando un examen. La asignatura era Antropología Urbana. En el texto “fundacional” de esa disciplina, Louis Wirth, sociólogo de la Escuela de Chicago, escribió algo que me ha impactado:

La ventaja de que goza la corporación frente al empresario individual o a la sociedad individual en un mundo industrial-urbano, deriva no sólo de la posibilidad de centralizar los recursos de miles de individuos o del privilegio legal de la responsabilidad limitada y sucesión perpetua, sino el hecho de que la corporación no tiene alma.

El urbanismo como modo de vida

http://www.bifurcaciones.cl/002/reserva.htm

“La corporación no tiene alma”.

¿Quizá darle una sería terminar con ésa, su ventaja, y a la vez, eliminar su esencia…?

¿Cómo lo asumiría la corporación?

Me refiero a que la búsqueda de beneficios a cualquier coste es inherente a la naturaleza de las corporaciones. Como dice Noam Chomsky en una interesante entrevista al respecto:

“Por supuesto no son personas reales, son inmortales, son entidades legales colectivas. De hecho son muy similares a otras formas organizativas que conocemos, son una de las formas de totalitarismo desarrolladas en el siglo XX. Las otras formas fueron destruidas, éstas todavía existen, y últimamente se les exige por ley que sean algo que podríamos denominar patológico, si se tratara de seres humanos.

La ley les exige que maximicen su poder y sus ganancias sin importar el efecto que esto produzca en las personas. Se les exige que externalicen sus costos, de modo que si pueden hacer que el público o futuras generaciones los paguen , se les requiere que lo hagan. Sería ilegal que los ejecutivos de las corporaciones hicieran otra cosa.

http://www.voltairenet.org/article125564.html

Siguiendo en esa línea, en uno de los comentarios de vuestro blog, dice Ian:

“El cambio que se necesita por tanto es de valores en aquellos que toman las decisiones y se encuentrar en lugares de responsabilidad, sí, pero sabiendo que “beben” de un ambiente y entorno que los presiona a ser de una determinada manera.”

http://fenareta.org/blog/2010/08/19/la-venta-de-una-empresa/#comments

Ésa es la cuestión que me preocupa, y me gustaría saber cuál es vuestra visión, sobre cómo eliminar esa presión sobre las personas, que las obliga a maximizar beneficios sin ningún límite, cuando esa presión es la razón de ser de la entidad.

Preñado de contenido, sobre el que estamos trabajando, dejaba varias líneas de investigación apuntadas, varios ecos que resuenan. Entre ellos el del alma de las organizaciones.

Fenareta, en esta primera fase, no está planteando soluciones, ni siquiera posiciones. Está escuchando a filósofos, a organizaciones, a fundaciones, tratando de afirmar poco o nada. Fenareta está pensando lo que le dicen y lo que va leyendo.

Y recogiendo -obviamente con cierto criterio- ideas, palabras, materiales, libros, comentarios… que pueden llegar a ser muy útiles para su misión.

Este correo de Oliver nos recuerda la obra de otra persona que, en su campo, habla de organizaciones con alma desde hace años. Y del despido interior.

Simplemente hemos querido congregar a ambos en este blog hoy, filosof-ando. Mostrar dos nuevas señales, desde ámbitos distintos pero en alguna medida coincidentes, con las que nos queremos quedar.

Os compartimos, pues, el trabajo de otro buen amigo, Lotfi El-Ghandouri, que puso en marcha Creative Society hace años, después de haber asesorado a entidades como El Circo del Sol. Asimismo, dio nacimiento a The Hub, centro de innovación social para emprendedores. Merece la pena echar un vistazo al Hub de Madrid, donde el jueves por la tarde se presenta el fondo de capital riesgo social Creas.

De nuevo, personas de diferentes ámbitos llegan, tras largas azarosas navegaciones, a una misma orilla.