FENARETA

“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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Se dice “persona”

Adjuntamos un interesante artículo del Financial Times.

Son muchas las escuelas de negocio que, explícita o implícitamente, se están acercando a la noción de “persona”, con toda la riqueza que ello entraña. Han sido muchos años de formación técnica, y se empieza a constatar que el “carácter” ha quedado demasiado olvidado.

Profesión, profesar… iremos poco a poco recuperando nociones tan válidas como aquellas que sirvieron de base a la economía medieval, esa magnífica época que luego dio lugar al Renacimiento. Recomendamos un vistazo a los manuales de Historia Económica Mundial para entender lo que está sucediendo. Es la vuelta a los oficios, a la vocación, al compromiso personal en todo lo que se hace.

Es la necesidad de recuperar la confianza en la persona que ejerce una profesión. Eso no es cuestión ni de dinero ni de reparto de dinero. Es una cuestión de amor.

Financial Times 05-09-2010

Management is not and can never be a profession

By Richard Barker

Published: September 5 2010

In the wake of the economic crisis and the resulting debate on the culpability of business schools, the move among academics to promote management as a profession has picked up steam.

Leading proponents argue that business schools should model themselves on professional schools, creating a code of ethics to help create a cadre of MBAs who are more accountable to society.

The starting point here – that management is a profession and should behave like one – is understandable. After all, managers’ status in society is similar to that of doctors or lawyers, as is the level of responsibility they carry.

But the analogy is false. Management is not a profession and neither can it become one. Worse, hanging the mantle “professional” on business education fosters misguided prescriptions for reform.

We turn to professionals because they have knowledge we do not possess. We trust the advice of doctors or lawyers because they have been guaranteed by professional associations. In turn, these associations are made possible because there is broad consensus on requisite professional education, certification as the exclusive route to professional practice, and the power of exclusion from practice through enforcement of ethical standards.

Management is different. While the professional is a specialist, the manager is a jack of all trades and master of none. The role of the manager is general, variable and indefinable – and as such resists the standards and certification that a true profession demands. A simple illustration is that it would be unthinkable for society to allow an unqualified person to attempt surgery, yet no one would seriously suggest that an MBA was required for entry into management. In short, there cannot be a professional association that controls entry to, and exit from, a profession of management.

The skill of integration is the distinguishing feature of a manager and is at the heart of why business education should differ from professional education. The key is to recognise that integration is not taught but learnt. It takes place in the minds of students rather than in the content of programme modules. The students link the various elements of the programme, including learning from each other and building on their own unique experiences.

It is therefore vital that business schools see themselves primarily as learning environments and not simply, and more narrowly, as places in which students are taught.

In a survey of 600 alumni who graduated from Cambridge university’s Judge Business School, in the UK, respondents ranked learning that took place outside the classroom, in project teams and learning groups and more generally in the business school and wider university, as more useful to them in their current careers than the technical and functional knowledge taught in core courses. It is this learning beyond the classroom that feeds the practice of management.

Business schools should also play down grading culture. An academic grading system cannot adequately predict managerial ability. It is possible to measure students in subjects such as finance and accounting, which are analogous to courses in professional schools, but it is much more problematic to assess the essential skills of management.

Moreover, the attempt to reduce learning to grading inevitably results in
non-collaborative behaviour and a dysfunctional learning environment. Students should be empowered, not ranked.

Business schools cannot uniquely certify managers, enabling them to practise. Nor can they regulate managers’ conduct. They provide learning environments that consolidate, share and build business experience and help equip managers to deal with diverse working environments.

Business schools are not professional schools but incubators for business leadership.

Richard Barker is a former MBA Director at Cambridge university’s Judge Business School in the UK and author of “No, Management Is Not a Profession” in the July-August issue of Harvard Business Review, from which this piece is adapted.

Copyright The Financial Times Limited 2010.

¿Qué entiende Fenareta por “empresa”?

“Los filósofos que han especulado sobre la significación de la vida y el destino del hombre, no han notado lo suficiente que la naturaleza se ha tomado la molestia de informarnos sobre sí misma. Ella nos advierte por un signo preciso que nuestro destino está alcanzado. Ese signo es la Alegría. Digo la Alegría, no el placer.

El placer no es más que un artificio imaginado por la naturaleza para obtener del ser viviente la conservación de la vida; no indica la dirección en la que la vida es lanzada. Pero la alegría anuncia siempre que la vida ha triunfado, que ha ganado terreno, que ha conseguido una victoria: toda gran alegría tiene un acento triunfal.

Ahora bien, si tomamos en cuenta esta indicación y seguimos esta nueva línea de hechos,  hayamos que por todas partes donde hay alegría, hay creación: más rica es la creación, más profunda es la alegría”.

Henri Bergson

El socialismo marxista y el liberalismo capitalista han acabado por defenestrar el concepto de empresa y la antropología subyacente, al situarlas en medio de un dilema que no es tal: ¿libertad o justicia?

Los teóricos de la libertad han defendido el llamado “mercado” por encima de todo, mientras que los defensores de la llamada justicia social han dado la preferencia al Estado. De estas opciones han nacido las oposiciones mercado-estado, liberalismo-socialismo o riqueza-poder. Fenareta ofrece un giro radical en el pensamiento de la empresa, en paralelo con el giro que propone a nivel antropológico. La empresa es una persona, y la persona no es ni un lobo infinitamente voraz que caza por cazar ni un gusano ocioso deseoso de ser alimentado simplemente para engordar. La persona tiene un sentido y todo lo que hace, lo comparte.

Creemos en la persona humana con todas sus dimensiones, y consideramos que el valor de la misma se puede concentrar en la vida. La persona tiene un sentido, la Vida, y el sentido actúa de tractor, de elan, de impulso, de fuerza que impulsa a la persona a perseverar en su vida, a crear más vida, a buscar la verdad de la vida y a contemplar la belleza de la vida.

La persona crea valor cuando crea vida con lo que es y lo que hace. Crea valor cuando contribuye a la creación facilitando las circunstancias que hacen posible y digna la vida. Creando valor se perfecciona según su naturaleza: llega a ser lo que debe ser, lo que es. Lo consigue como individuo, pero fundamentalmente lo consigue en la comunidad en la que vive, que ayuda a vivificar y que le vivifica.

Desde esta estructura vital animada por la vida se crea lo valioso, la nueva vida. Esta creación produce en el hombre una intensa alegría al constatar con sus propias manos que la vida no cesa y que el bien triunfa en la lucha contra el mal.

La creación de la vida por el hombre se produce mediante la utilización de determinados recursos, limitados, que son los que configuran la creación económica. Esos recursos responden siempre a una organización, que es la que conduce a la consecución de los proyectos. Estar en camino de conseguir los proyectos es el síntoma de la justicia social, y no estarlo es la mayor injusticia social imaginable. La creación económica es la ordenación de recursos limitados de cara a proyectos que responden al sentido de toda actividad humana: la creación de vida.

La empresa es el modo habitual de organizar esa actividad de creación económica, con la única salvedad de que el comercio y el tráfico mercantil han perfeccionado hasta tal punto esa organización específica que la han dotado de personalidad económico-jurídica. Así pues, la empresa es la persona jurídica que tiene como vocación el crear vida de forma económica –con recursos limitados.

En su dinamismo propio (la creación de vida), la empresa cuenta con recursos limitados -bienes fabricados, aquellos que forman una suma limitada o nula: su distribución acaba por agotarlos- y otros ilimitados, bienes creacionales, aquellos que se pueden compartir o repartir y que nunca se terminan (tales como la bondad, la generosidad, la confianza, el sacrificio, el ingenio, la paciencia, etc.). –que serían

La empresa se convierte, en la visión de Fenareta, en persona cuya vocación es contribuir a la creación, desde su campo de conocimiento específico, la creación económica. Penetran, por tanto, la vida y el impulso vital dentro de la empresa, haciéndola emerger hacia el entorno –la comunidad, el mercado y el Estado- para ofrecer su mano creadora allá donde ella vea que se necesita.

Desde la empresa creadora, y obrando conforme al sentido, se alcanzan los proyectos, y el caminar hacia ellos, utilizando los recursos, limitados o ilimitados, conforma la justicia, siempre social. Así pues, el dilema no es tal y la vida puede realizarse plenamente, libre y justa.