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“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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La importancia de saber pedir perdón (de profesión, aprendedor)

En el proceso de emprender, y en general en la vida, hay pocas cosas seguras. Pero si podemos tener alguna certeza es que, tarde o temprano, nos equivocaremos.


Sea cuál sea la fuente de nuestro error, también podemos estar seguros de que afectará las personas a nuestro alrededor.

Leído en el blog de Alberto Domínguez

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p+E+R+S+O+N+E+I+D+A+D

El cine puede llegar a explicar, mediante la imagen en movimiento, lo que cientos de libros no lograrían ni siquiera aproximar.

Un libro recomendable es, a este respecto, “La filosofía va al cine” (“Philosophy Goes to the Movies”), de Christopher Falzon.

Una introducción a los problemas que aborda la filosofía (conocimiento, moral, persona, política…), con basamento en películas de todas las épocas y estilos.

En nuestro caminar hacia el entendimiento de lo que la empresa es y lo que debe ser, lo primero que encontramos, siempre, son personas. Personas humanas. Son varios los materiales que cifran la clave del entendimiento de la empresas y sus problemas en la dimensión personal de su actuación. Humanismo empresarial, puede denominarse esta posición. Hablaremos de ello próximamente.

Ya hemos abierto la reflexión acerca de la posibilidad de considerar a la empresa como una persona (ved los posts de referencia). Aparentemente este ejercicio de traslación forzaría y simplificaría violentamente las cosas.

Sin embargo, el cine puede ofrecernos señales más favorables para realizar dicho ejercicio. En concreto, acerca de la noción de persona y personeidad y sus diferentes aplicaciones.

Era Locke uno de los filósofos que trataba de distinguir entre persona y ser humano, entre identidad personal e identidad de un ser humano. Razón, conciencia y autoconciencia constituyen la personeidad para él, siendo la memoria el criterio de la identidad personal.

¿Tienen razón las empresas? ¿Y conciencia? ¿Y autoconciencia? ¿Y memoria? Parece que el basar la personeidad en la mismidad de la memoria -en su perduración en el tiempo- en lugar de basarla en la mismidad de la sustancia puede llegar a variar mucho las cosas…

¿Qué pasaría, en la concepción de Locke, si la memoria se rompe o aniquila? ¿Desaparece la persona?

El cine ha tratado estos temas con su habitual frescura, y la llamada “ciencia ficción” nos ha dejado buenas señales para seguir. Pero no sólo la ciencia ficción. Era un grito de reivindicación de la personeidad el que profería La Motta en la escena de “Raging bull” en la que golpea su cabeza y sus puños contra la pared de la carcel, diciendo: “They called me an animal. I’m not an animal“. El mismo que John Merrick pronuncia en “El hombre elefante“, esta vez afirmando que él es un ser humano (¿y una persona?): “I am not an animal! I am a human being!“.

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Las líneas de separación entre lo simplemente humano y lo personal se difuminan en películas como “Blade runner“:

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Y dichas líneas quedan también cuestionadas por Kubrick en su 2001, con la contraposición que hace entre los despersonalizados astronautas y el “ordenador personal” llamado HAL (I-1, B-1 y M-1), una máquina ansiosa, preocupada, emocional, neurótica y orgullosa cuya programación para mentir acaba por averiarla y destruirla:

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Si persona es aquel o aquello que siente, quizá la noción debería revisarse. Quizá hay más personas entre las empresas de lo que pensamos y menos personas entre los humanos de lo que creemos.

El cine nos hace pensar.

Y sentir. Nos “personeiza”.

Business: ¿problema o solución? (Soft y hard II)

Buen artículo de nuestro amigo Santiago Álvarez de Mon en Expansión.

Hace días nuestra amiga Deborah nos preguntaba por las habilidades soft, en comentario a nuestro post “Soft o hard: ¿qué es qué?”. Quizá este artículo sea explicativo.

Cuando estas líneas vean la luz, estaremos en plena jornada de huelga. Buena excusa para reflexionar sobre una institución clave, la empresa moderna, fuente de esperanza y frustración.

Hasta que la sociedad civil someta la política a una experiencia catártica –deplorable la altura intelectual del debate– y obligue a la Universidad a salir de su endogamia (analizar, pensar, hacer, decidir, debatir, disfrutar, no son verbos dominantes entre los muros universitarios), espero más de la empresa en términos de cambio y renovación. Urgida por un mercado implacable no tiene más remedio. El instinto de supervivencia despierta las neuronas del ingenio y el trabajo.

Algunos factores en su haber
-Talento a granel. Afortunadamente me relaciono con multitud de profesionales. Bien formados, esforzados, dispuestos a estudiar, a viajar, incluso a sortear la infranqueable barrera del inglés, constituyen un ejército donde no sólo brillan las estrellas de los generales.

-Un potencial inmenso de innovación y creatividad, pendiente de estallar en cuanto se den las circunstancias propicias para ello, fundamentalmente libertad, responsabilidad y exigencia.

- La calidad humana de hombres y mujeres que piden a sus carreras algo más que una nómina. También les mueve la solidaridad y el servicio. El comportamiento de nuestras empresas en el concierto internacional confirma estas fortalezas. El atrevimiento, la sana ambición, la falta de complejos, pensar a lo grande, se han encontrado y el resultado está a la vista.

Elementos en su debe
-Incapacidad, cerrazón o desidia para revisar paradigmas periclitados, para hacer una mínima autocrítica. La crisis es producto de muchas variables, entre otras, la codicia e inmoralidad de algunos listillos que saldrán indemnes de ella. En este contexto, repetir el latiguillo de la autorregulación y repudiar todo lo que se acerque a control y rigor suena irresponsable. Reglas claras, transparencia y seguridad jurídica constituyen el ecosistema de las comunidades de aprendizaje del futuro.

-Alergia a la incertidumbre, hábitat natural de la experiencia humana de vivir. Tecnologías, complejidad, globalización, diversidad, mueven nuestro suelo, y en pleno movimiento de tierras buscamos seguridad y calor. ¿Resultado? Angustia y actitudes defensivas, el río sigue su marcha. El cambio es lo único cierto.

-Un preocupante déficit cultural, particularmente grave en un mundo global e interconectado. Al acervo técnico de conocimientos tenemos que unir un set de habilidades soft (historia, psicología, filosofía…) imprescindible para no hacer el ridículo en países desconocidos. Negocios y humanidades no tienen porqué estar a la greña.

-Una carencia sensible de perfiles emprendedores que se vienen arriba frente al riesgo y el vacío. Ante las incógnitas y desafíos del presente nos falta adrenalina y espíritu aventurero, y nos sobran “empresarios” acostumbrados a hacer negocios pendientes del BOE. Negocios y Gobierno, juntos, encamados, no pinta bien. Unos, a jugar sin marrullerías y ventajas, y el otro, árbitro imparcial y justo que delimita y respeta las normas de la competición.

-Falta de sensibilidad social. Privatizar egoístamente las ganancias y socializar descaradamente las pérdidas, megablindajes y despidos indiscriminados, no son una buena oferta “electoral”. ¿Se puede ir muy lejos con el slogan de crear valor para el accionista? ¿No hay otros stakeholders en juego? ¿Alguien se deja la piel por objetivo tan limitado? ¿Las nuevas generaciones se sienten seducidas por criterios estrictamente económicos? Propósito, sentido, causa, sueño, justicia, son ideas fuertes que afectan, y muy mucho, a la cuenta de resultados. No entender esto y seguir manipulando al personal con homilías huecas y frías sobre management explican la pérdida de legitimidad y credibilidad de más de un gestor. Las personas no son kleenex de usar y tirar, son los protagonistas principales de la película, al menos mientras ésta dura.

Si no se ahonda en la naturaleza moral de la empresa, desde su eficiencia e independencia económicas, estaremos sembrando el caldo de cultivo para la demagogia, la nostalgia, el populismo y, a lo peor, la violencia. Si la economía y las finanzas se ponen a trabajar al servicio del espíritu humano, si definimos la misión y visión de la empresa de un modo más auténtico, noble y atractivo, a lo mejor les ahorramos a nuestros hijos espectáculos como el de hoy. Talento e inteligencia no faltan. Voluntad y carácter, no estoy tan seguro.

Segundamano y trueque

Hace años, cuando conocí Berlín por primera vez, me llamó la atención encontrar en las calles, depositados en las amplias aceras, electrodomésticos. Fue la amiga que me acogió en la visita quien me explicó que los alemanes reciclan. Que intercambian o aprovechan objetos usados, y que las bicicletas o las lavadoras de segunda mano son objetos apreciados y que forman parte de la vida normal de los alemanes.

Su bicicleta, de hecho, esa bicicleta que horas antes de mi vuelo de regreso se empeñó en llevarme por última vez a callejear por la ciudad y que casi me hace perder el avión si no es por la contrarreloj urbana que me marqué en el último momento, era de segunda mano. Apenas le costo unos 20 euros.

En España estábamos con el euro, multiplicando el precio del café por seis de la noche a la mañana, aumentando exponencialmente la base de nuevos ricos, comprando coches de alta gama como su fueran utilitarios y camino de pedir la tercera hipoteca (comprados ya el piso y la casa vacacional, quedaba acometer la “inversión financiera” pura). Eso de alquilar (tan usual en Alemania) era de pobres. A lo sumo, tráfico de influencias en la adjudicación de VPO, y alquilar el piso dormitorio a 900 euros para ir pagando la tercera hipoteca. La banca invitaba al festín, hasta que le dejaron de prestar para prestar.

Siempre he pensado que el uso racional de las cosas es síntoma de desarrollo. Desarrollo que he observado tanto entre poblaciones relativamente pobres -esas que no han llegado a afanarse con las cosas- como entre poblaciones relativamente ricas -esas que ya no se afanan con las cosas.

El trueque -no entendido como un sistema económico propiamente dicho, sino como una forma sencilla de ajustar necesidades sencillas en entornos domésticos- siempre me ha parecido un síntoma de desarrollo, tanto económico como personal, por la funcionalidad que otorga a las cosas.

Tanto trueque como mercados de cosas usadas se ubican en este desarrollo. ¡Cuánta desazón produce la necesidad de comprar, usar y tirar, para volver a comprar en un ciclo sin fin! ¡Y qué sorprendente ese reusar la ropa de hermanos a hermanos, heredar los libros, utilizar con cuidado el coche 10 ó 15 años y tantas costumbres que, parece, ahora empiezan a recuperarse por una capa social un poco desnortada en los últimos años!

Parece que surgen y se rescatan algunas iniciativas en esta línea, moderando la necesidad emocional del español de comprar.

Un ejemplo, que usa el lema: “no gastes, cambia“, lo pone en marcha una ONG que promueve el trueque urbano. Se habla de educación para el consumo, de comunidad, de generar riqueza (fuera del sistema económico), del dinero, del poder, del capitalismo, de la economía, del bien del grupo… y de personas.

Con el uso de ciertos términos no estamos muy de acuerdo, pero no importa. Indica algo su presencia. Son pequeños pasos hacia un sentido. Ello afectará a las empresas, por supuesto.

Y nos alegra.