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Despojo y saqueo: hipérbole de la golfería

Lo llevamos diciendo meses, en diferentes foros, y molesta. Hoy lo vamos a comentar aquí, en Filosof-ando, pues se trata de reflexionar sobre la economía tratando de acercarnos a la verdad de la misma.

La verdad de la economía es que no es bueno mentir: la verdad de la economía no dista mucho de la verdad de casi cualquier materia.

Las cajas están quebradas, como los bancos, debido a la burbuja de valoración generalizada que existe en España -un café no puede valer €1,3, ó 216 pesetas- desde que entró el Euro y decidimos forrarnos a costa del tipo de cambio. Y eso molesta.

Desde que una moneda de euro se hizo equivalente en la mente española a la de 100 pesetas, todo se ha encarecido en esa proporción, un 66%. No sacaron el billete de euro -que ofrece mayor percepción que el metal- y eso fue el principio de la burbuja. Se empezó a vivir una mentira.

Si usted ha prestado a personas para comprar cafés -o lo que sea: pisos, tierras, empresas- a 216 pesetas (cuando días antes valían 70 pesetas ó €0,42), usted ha prestado mal, le han mentido o se ha dejado engañar.

Y un día alguien, al final de la cadena de préstamos, decidirá que no sigue el juego, corregirá el valor, y usted no podrá recuperar sus 216 pesetas: recuperará lo que ese último esté dispuesto a pagar, de acuerdo al sentido común: probablemente las 70 pesetas y un poco más. No se podrá seguir engañando.

Las cajas están quebradas porque, adicionalmente, los políticos que están dentro de ellas no son “politikós”, sino golfos: golfos cuya responsabilidad debemos asumir todos los que les hemos puesto ahí, es decir, usted y yo. Nosotros somos los golfos de base y ellos los golfos que nos representan.

Lo cual quiere decir que las cajas están doblemente quebradas, pues los préstamos, inflados objetivamente de por sí, se han hecho a amigos, golfos también, lo cual significa “inflación subjetiva”: el golfo prestatario no los merece, pues no tiene intención de devolverlos.

Las cajas tienen que ser políticas porque son la herramienta que tiene la “polis” para articular financieramente su funcionamiento comunitario, su comunidad. Igual que tiene que ser político el Parlamento -pero compuesto por verdaderos políticos: no vale privatizarlo porque los que acuden allí a Parlamentar sean unos golfos. Igual que tiene que ser política la polis: si los ciudadanos somos unos golfos, tendremos que dejar de ser golfos, no ciudadanos.

No hay que “despolitizar” las cajas.

Ni vendiéndolas -a menos que se vendan a la polis, a la gente, a los ciudadanos -ya des-golfados-, a cooperativas de ciudadanos que quieras gestionarlas como herramientas financieras de la polis-, ni fusionándolas para tapar bajo una gran alfombra común la basura individual, ni maquillando ratios para cumplir unos supuestos test que nadie ha cumplido…

La limpia del sistema financiero es mucho más sencilla de lo que se nos quiere anunciar: en lo objetivo, quiebras.

En lo subjetivo, comienza por uno mismo. Responsabilidades y, cuando dejemos de ser unos golfos, ciudadanos depurando a sus políticos.

Es decir, limpia de abajo a arriba. Echamos de menos acusaciones populares, defensores del ciudadano y ministerios fiscales tomando la iniciativa. No hay ciudadanos que lo exijan porque… nadie está libre de culpa.

Cualquier otro mecanismo es un enjuague o un “esto lo arreglamos entre todos”.

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