FENARETA

“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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Cambiar el mundo

Elogio de la duda

04.01.2011 Santiago Álvarez de Mon

Semana atípica de transición, víspera de Reyes, tiempo que invita a conversar con los demás y con uno mismo. Pareciera como si la cadencia de nuestro ritmo vital remitiera un poco, y pensar se hiciera un sitio en nuestra abotargada agenda.

“El sentido de la vida es la pregunta más apremiante”, afirma Albert Camus en uno de sus ensayos. Víctor Frankl, prisionero de Auschwitz, la contestó después de una prueba trágica, de ahí su clásico El hombre en busca de sentido. La adversidad suele ser un disparadero certero de preguntas inquietantes. En la abundancia, etapa proclive para que nuestro ego se hinche como un globo, tendemos a aburguesarnos. Es en el desierto, en la penuria y dificultad de experiencias desestabilizadoras, cuando el ser humano se recoge sobre sí mismo y desciende a un plano más profundo y sabio de su diálogo interior. Reparando otra vez en la crisis que nos aqueja, económica, cultural y filosófica, sigo echando de menos preguntas inteligentes y me sobran respuestas fáciles para problemas difíciles.

La sencillez no es un atajo para sortear los dilemas más enrevesados, sino un lugar al que se llega después de haber bregado pacientemente con la complejidad y diversidad de retos descomunales. ¿Qué sentido tiene esta crisis? ¿En qué nos hemos equivocado? ¿Cuál es el verdadero significado de la palabra mercado? ¿Y de la idea de Estado? ¿Cómo se inserta en una realidad global e interconectada? ¿Cuál debiera ser el destino de los recursos públicos? ¿Fomentan la autonomía individual, la dignidad personal, o incuban la dependencia infantil? ¿Qué hemos aprendido de años en los que “vivimos peligrosamente”?

Bertrand Russell dice con su acostumbrada sagacidad: “Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se debe a que los ignorantes están completamente seguros, y los inteligentes, llenos de dudas”. No cito a Russell para reivindicar y perpetuar la indecisión, para alimentar la parálisis de personas inseguras que, alérgicas al error, buscan la infalibilidad. Liderar es decidir, y decidir es actuar, previa honesta y rigurosa reflexión. Uno lee los periódicos y encuentra demasiadas afirmaciones gratuitas, análisis superficiales, verdades a medias, descalificaciones fariseas del adversario.

¿Cuántas personas conoce que se han replanteado en serio sus paradigmas de siempre? ¿Cuántos liberales se formulan cuestiones sobre la justicia y solidaridad de algunas medidas? ¿Cuantas personas de ideario más intervencionista someten al Estado a una revisión profunda de su papel?

¿Qué valor tienen nuestras convicciones si no son cocinadas en la brasa de la duda? Preguntar, escuchar, meditar, dudar, verbos decisivos, auténticas parteras de un liderazgo transformador, tienen un escaso protagonismo en el debate público. Si me urgen enunciar una sola cualidad del liderazgo, diría que la humildad. Válida para el triunfo y la derrota, es la virtud que me blinda de la desesperación, de la vanidad, y me anima a bregar con una realidad más vasta y rica que mis modelos mentales. Abundan expedidores de recetas, diseñadores de eslogans y carteles publicitarios, ideólogos de la nostalgia, y faltan mentes jóvenes y curiosas que miran de frente a la vida para ahondar en sus misterios y sugerencias. Me despido con una anécdota real que a mí me ha hecho pensar.

Un día, Arthur Schlensiger le preguntó a Alice Longworth, la hija de Theodore Roosevelt: ¿Por qué a su padre le desagradaba tanto Winston Churchill? Porque se parecen mucho, respondió Mrs. Longworth. El prójimo, el otro, puede ser espejo puñetero que devuelve imágenes ciertas de uno mismo, no están trucadas. Necesitamos quiebros emocionales como este, sutilezas sicológicas para recorrer nuestros meandros, para descubrir nuestras deficiencias. Estas son el mejor antídoto contra la soberbia, la terquedad, la vagancia, el pesimismo, el talibanismo y la cerrazón.

“¿Quieres cambian el mundo?, empieza por ti mismo”, aconsejaba Gandhi. Ésta es mi petición a los Reyes Magos. Que durante este 2011 recién entrado, en lugar de empeñarnos en cambiar al otro, quienquiera que éste sea, empecemos con nosotros mismos. Desde dentro hacia afuera, ése es el orden natural del cambio. Entonces los acontecimientos cobran otra dimensión, las relaciones mejoran, el tiempo se aprovecha y la vida cobra un nuevo sentido.

(Expansión)

… pero con happy end, si es posible …

Desde Fenareta querríamos ser capaces de contribuir a la reflexión sobre la economía y la empresa (Filosof-ando) en una forma tan amena y gráfica como la que ofrece David Harvey.

En su web encontramos más trabajo en esa línea.

Quisiéramos ser capaces de llegar, sin embargo, a un final algo más feliz que el que Harvey propone. Aunque si la reflexión no lo permite, habrá que estar a la reflexión, claro.

La nuestra no es marxista, sin embargo. Como ya comentamos hace tiempo, quizá es la hora de pensar más que de transformar.

Disfrutad:

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¿Coreografía o música de los golpes? – Raging bull

Empezamos la semana con fotografías, películas, músicas y libros que contribuyen a hacer de la vida diaria un ejercicio de reflexión e integración personal. Combatiendo la inercia y el automatismo laboral“.

Así se describe este apartado de los lunes. Hoy una mirada. A esta secuencia (Raging bull de Martin Scorsese).

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Una mirada que podría sostenerse horas, días. Que podría servir como mirada de contemplación ante las personas que encontramos en nuestro trabajo. Mirada a nosotros mismos.

Como una eterna nota, el púgil baila en el tri-grama que marcan las rústicas cuerdas del cuadrilátero, en primer término. Cuerdas que marcan, con sangre a veces, el argumento de su vida. La vida de un boxeador envuelto en un ropaje que le hace casi ridículo. El papel que le ha tocado jugar, probablemente delimitado por esas cuerdas, de las que su bailoteo y sus golpes nunca lograrán sacarle. El personaje que, irremisiblemente, irá golpeando cuanto se encuentre.

Hace días nos planteábamos la pregunta: ¿por qué luchas? E intuíamos que, en una vida pensada, la lucha no lo era todo. La lucha puede llevar a perder la libertad. ¿Qué sucede cuando se lucha para recobrarla? ¿Y cuándo se lucha porque no se tiene ninguna posibilidad adicional? ¿Por qué luchan tanto ciertas personas, algunas, como Jake La Motta, que provienen de un origen tan difícil? ¿Y otras que lo tienen todo?

Hoy, en la visión del legendario Jake La Motta que Scorsese nos ofrece, vemos que la pregunta queda fuera del marco, de la pantalla. A veces nos tocará enfrentarnos a personajes como el que aparece enjaulado en la pantalla, y nuestro cometido será sentarnos con ellos y escuchar, sin cuestionar, sin preguntar.

Asistir a su baile, a veces desaforado, incluso patético, sin aspirar a que se justifiquen. Sin exigir que den cuenta y razón. Porque a veces la cuestión no va de cuentas, ni de razones, ni de causas. Simplemente suena la musica y ellos bailan, dentro del espacio que dejan las cuerdas. Con la ropa que llevan puesta y sin percatarse de su apariencia. Bailan y nosotros miramos.

Acompañemos. En silencio. Comprendiendo el sufrimiento que la persona lleva consigo y que reparte, como caramelos, a quien se le acerca, a quien entra en el ring de su vida.

En ciertas circunstancias que vamos viviendo, la primera reacción es juzgar, contrastando lo que vemos con lo que pensamos que debería ser. Las personas abren su corazón y manifiestan una situación de sufrimiento. ¡Qué difícil es no juzgar para el espectador! ¡Qué difícil es simplemente acoger! ¡Qué difícil es saltar al cuadrilátero y compartir los golpes!

Sin embargo, cuando se alcanza a comprender los extremos en que se deselvuelve la vida de estas personas, la palabra del juicio se apaga, se avergüenza, dando paso al silencio. Surge la simpatía, la compasión… Ni causas ni razones. No se pueden encontrar razones ni causas cuando, tras los golpes de la vida, Jake, con la cara literalmente partida, le recuerda a Ray que se mantiene en pie, lo cual se convierte en su sentido:

“Ya never got me down Ray……Ya hear me? ya never got me down….”

Entonces una llamada, una voz, tiene sentido. Entonces, tras la acción inmediata, se acierta a divisar todo un horizonte que la bruma del instante había, por un momento, ocultado, pero que se muestra de nuevo. Entonces surge la posibilidad de la vida.

“They called me an animal. I’m not an animal.”

Entonces se entienden afirmaciones como la que le hace Jake a su abandonada esposa, mientras cocina para él:

“Don’t overcook it. You overcook it, it’s no good. It defeats its own purpose.”

Seguimos caminando y buscando esa serenidad para aceptar lo que no podemos cambiar, la valentía para cambiar lo que podemos cambiar y la sabiduría para discernir unas de otras. Sabiduría que a veces surge inesperadamente:

“I’ve done a lotta bad things, Joey. Maybe it’s comin’ back to me.”

Cuando ello sucede, suena la música.

Suena esta música: el Intermezzo de la Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni. Es también clarificador. Es muy curioso cómo, contrastando con su placidez y serenidad, ha servido para acompañar películas de gran violencia. Películas donde las personas se resistían violentamente, golpeandolo todo, a un trágico destino que les estaba, desde el comienzo, indicado.

Suena esta música, quizás, a ¿liberación? ¿O a aceptación serena del destino? ¿O a discernimiento? ¿A qué le suena al protagonista cuando dice:

“There’s no way I’m goin’ down. I don’t go down for nobody.”

Habría quizá que reflexionar acerca de las cuerdas que marcan el cuadrilátero en que se mueven las organizaciones, y quizá madurar nuestra actitud ante ellas y las personas que las forman. Para poder entender:

“I remember those cheers,
They still ring in my ears,
And for years they remain in my thoughts.
‘Cause one night I took off my robe,
And what’d I do? I forgot to wear shorts.
I recall every fall, every hook, every jab,
The worst way a guy can get rid of his flab,
As you know, my life wasn’t drab.
Though I’d rather hear you cheer
When I delve into Shakespeare …
‘A horse! A horse! My kingdom for a horse!’
I haven’t had a winner in six months.
And though I’m no Olivier,
If he fought Sugar Ray, he would say
That the thing ain’t the ring, it’s the play.
So give me a stage
Where this bull here can rage,
And though I can fight,
I’d much rather recite.
That’s entertainment.”?

La Cavalleria en diferentes tonalidades.

  • Dirigiendo Lim Kek-tjiang a la Evergreen Symphony Orchestra:
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  • En la maravillosa “El Padrino”:
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  • Levon Manukyan
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  • Zubin Metta
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  • Un magnífico adiós
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  • Ricardo Muti
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Acaba la película con una cita bíblica:

“So, for the second time, [the Pharisees]
summoned the man who had been blind and said:
‘Speak the truth before God.
We know this fellow is a sinner.’
‘Whether or not he is a sinner, I do not know.’
the man replied.
‘All I know is this:
once I was blind and now I can see.’
John IX. 24-26

¿Qué entiende Fenareta por “empresa”?

“Los filósofos que han especulado sobre la significación de la vida y el destino del hombre, no han notado lo suficiente que la naturaleza se ha tomado la molestia de informarnos sobre sí misma. Ella nos advierte por un signo preciso que nuestro destino está alcanzado. Ese signo es la Alegría. Digo la Alegría, no el placer.

El placer no es más que un artificio imaginado por la naturaleza para obtener del ser viviente la conservación de la vida; no indica la dirección en la que la vida es lanzada. Pero la alegría anuncia siempre que la vida ha triunfado, que ha ganado terreno, que ha conseguido una victoria: toda gran alegría tiene un acento triunfal.

Ahora bien, si tomamos en cuenta esta indicación y seguimos esta nueva línea de hechos,  hayamos que por todas partes donde hay alegría, hay creación: más rica es la creación, más profunda es la alegría”.

Henri Bergson

El socialismo marxista y el liberalismo capitalista han acabado por defenestrar el concepto de empresa y la antropología subyacente, al situarlas en medio de un dilema que no es tal: ¿libertad o justicia?

Los teóricos de la libertad han defendido el llamado “mercado” por encima de todo, mientras que los defensores de la llamada justicia social han dado la preferencia al Estado. De estas opciones han nacido las oposiciones mercado-estado, liberalismo-socialismo o riqueza-poder. Fenareta ofrece un giro radical en el pensamiento de la empresa, en paralelo con el giro que propone a nivel antropológico. La empresa es una persona, y la persona no es ni un lobo infinitamente voraz que caza por cazar ni un gusano ocioso deseoso de ser alimentado simplemente para engordar. La persona tiene un sentido y todo lo que hace, lo comparte.

Creemos en la persona humana con todas sus dimensiones, y consideramos que el valor de la misma se puede concentrar en la vida. La persona tiene un sentido, la Vida, y el sentido actúa de tractor, de elan, de impulso, de fuerza que impulsa a la persona a perseverar en su vida, a crear más vida, a buscar la verdad de la vida y a contemplar la belleza de la vida.

La persona crea valor cuando crea vida con lo que es y lo que hace. Crea valor cuando contribuye a la creación facilitando las circunstancias que hacen posible y digna la vida. Creando valor se perfecciona según su naturaleza: llega a ser lo que debe ser, lo que es. Lo consigue como individuo, pero fundamentalmente lo consigue en la comunidad en la que vive, que ayuda a vivificar y que le vivifica.

Desde esta estructura vital animada por la vida se crea lo valioso, la nueva vida. Esta creación produce en el hombre una intensa alegría al constatar con sus propias manos que la vida no cesa y que el bien triunfa en la lucha contra el mal.

La creación de la vida por el hombre se produce mediante la utilización de determinados recursos, limitados, que son los que configuran la creación económica. Esos recursos responden siempre a una organización, que es la que conduce a la consecución de los proyectos. Estar en camino de conseguir los proyectos es el síntoma de la justicia social, y no estarlo es la mayor injusticia social imaginable. La creación económica es la ordenación de recursos limitados de cara a proyectos que responden al sentido de toda actividad humana: la creación de vida.

La empresa es el modo habitual de organizar esa actividad de creación económica, con la única salvedad de que el comercio y el tráfico mercantil han perfeccionado hasta tal punto esa organización específica que la han dotado de personalidad económico-jurídica. Así pues, la empresa es la persona jurídica que tiene como vocación el crear vida de forma económica –con recursos limitados.

En su dinamismo propio (la creación de vida), la empresa cuenta con recursos limitados -bienes fabricados, aquellos que forman una suma limitada o nula: su distribución acaba por agotarlos- y otros ilimitados, bienes creacionales, aquellos que se pueden compartir o repartir y que nunca se terminan (tales como la bondad, la generosidad, la confianza, el sacrificio, el ingenio, la paciencia, etc.). –que serían

La empresa se convierte, en la visión de Fenareta, en persona cuya vocación es contribuir a la creación, desde su campo de conocimiento específico, la creación económica. Penetran, por tanto, la vida y el impulso vital dentro de la empresa, haciéndola emerger hacia el entorno –la comunidad, el mercado y el Estado- para ofrecer su mano creadora allá donde ella vea que se necesita.

Desde la empresa creadora, y obrando conforme al sentido, se alcanzan los proyectos, y el caminar hacia ellos, utilizando los recursos, limitados o ilimitados, conforma la justicia, siempre social. Así pues, el dilema no es tal y la vida puede realizarse plenamente, libre y justa.