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“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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De yuppie a filósofo (soft y hard III)

No es nuestro el título, bastante atractivo.

Es de Julieta Balart, socia de Agama, a quien hoy traemos a Voces (desde el coaching), para que nos ofrezca nueva luz en nuestra búsqueda.

Y habla de autoconocimiento, y del directivo como ser humano, dando nuevas pistas sobre el asunto soft/hard que en su día mencionamos.

Hace referencia al aumento del nivel de conciencia de las personas (¿o de los seres humanos?), a la esencia y a “reaprender lo fundamental, lo olvidado, lo que estaba reservado a los filósofos“.

Asimismo, habla de autoría, de psicología transpersonal y de energía creadora… Seguiremos la pista. De momento, os adjuntamos el documento.

p+E+R+S+O+N+E+I+D+A+D

El cine puede llegar a explicar, mediante la imagen en movimiento, lo que cientos de libros no lograrían ni siquiera aproximar.

Un libro recomendable es, a este respecto, “La filosofía va al cine” (“Philosophy Goes to the Movies”), de Christopher Falzon.

Una introducción a los problemas que aborda la filosofía (conocimiento, moral, persona, política…), con basamento en películas de todas las épocas y estilos.

En nuestro caminar hacia el entendimiento de lo que la empresa es y lo que debe ser, lo primero que encontramos, siempre, son personas. Personas humanas. Son varios los materiales que cifran la clave del entendimiento de la empresas y sus problemas en la dimensión personal de su actuación. Humanismo empresarial, puede denominarse esta posición. Hablaremos de ello próximamente.

Ya hemos abierto la reflexión acerca de la posibilidad de considerar a la empresa como una persona (ved los posts de referencia). Aparentemente este ejercicio de traslación forzaría y simplificaría violentamente las cosas.

Sin embargo, el cine puede ofrecernos señales más favorables para realizar dicho ejercicio. En concreto, acerca de la noción de persona y personeidad y sus diferentes aplicaciones.

Era Locke uno de los filósofos que trataba de distinguir entre persona y ser humano, entre identidad personal e identidad de un ser humano. Razón, conciencia y autoconciencia constituyen la personeidad para él, siendo la memoria el criterio de la identidad personal.

¿Tienen razón las empresas? ¿Y conciencia? ¿Y autoconciencia? ¿Y memoria? Parece que el basar la personeidad en la mismidad de la memoria -en su perduración en el tiempo- en lugar de basarla en la mismidad de la sustancia puede llegar a variar mucho las cosas…

¿Qué pasaría, en la concepción de Locke, si la memoria se rompe o aniquila? ¿Desaparece la persona?

El cine ha tratado estos temas con su habitual frescura, y la llamada “ciencia ficción” nos ha dejado buenas señales para seguir. Pero no sólo la ciencia ficción. Era un grito de reivindicación de la personeidad el que profería La Motta en la escena de “Raging bull” en la que golpea su cabeza y sus puños contra la pared de la carcel, diciendo: “They called me an animal. I’m not an animal“. El mismo que John Merrick pronuncia en “El hombre elefante“, esta vez afirmando que él es un ser humano (¿y una persona?): “I am not an animal! I am a human being!“.

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Las líneas de separación entre lo simplemente humano y lo personal se difuminan en películas como “Blade runner“:

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Y dichas líneas quedan también cuestionadas por Kubrick en su 2001, con la contraposición que hace entre los despersonalizados astronautas y el “ordenador personal” llamado HAL (I-1, B-1 y M-1), una máquina ansiosa, preocupada, emocional, neurótica y orgullosa cuya programación para mentir acaba por averiarla y destruirla:

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Si persona es aquel o aquello que siente, quizá la noción debería revisarse. Quizá hay más personas entre las empresas de lo que pensamos y menos personas entre los humanos de lo que creemos.

El cine nos hace pensar.

Y sentir. Nos “personeiza”.