FENARETA

“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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Poesía (del griego ποίησις ‘creación’ < ποιέω ‘crear’)

El trabajo:

Entonces, dijo el labrador: Háblanos del Trabajo.

Y él respondió, diciendo:

Trabajáis para seguir el ritmo de la tierra y del alma de la tierra.

Porque estar ocioso es convertirse en un extraño en medio de las estaciones y salirse de la procesión de la vida, que marcha en amistad y sumisión orgullosa hacia el infinito.

Cuando trabajáis, sois una flauta a través de cuya ánima el murmullo de las horas se convierte en música.

¿Cuál de vosotros querrá ser una caña silenciosa y muda cuando todo canta al unísono?

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Ámbito corpóreo de los individuos humanos, convictos y confesos

Leído hace días.

Las imágenes y subrayados los añadimos nosotros:

“Sr. Director:

Soy profesor de filosofía de un instituto de Asturias y mi comentario tiene que ver con una de sus intervenciones en el programa de Intereconomía El gato al agua del pasado miércoles 17 de noviembre 2010.

Suelo verles siempre que puedo y en ese día se habló sobre la cadena perpetua. Usted hizo un primer comentario muy cauto sobre una opinión, que es más generalizada de lo que se cree entre la ciudadanía, favorable incluso a la pena de muerte.

Pues bien, acerca de este tema y en su línea argumental me gustaría hacerle el siguiente excurso (si bien quizás debería leerlo también el Sr. de Prada o la Sra. Durán, a quienes su fe cristiana les puede):

En primer lugar, cabría afirmar que en esta sociedad hay una serie de individuos humanos que, dada la gravedad de los actos por ellos cometidos, quizás no merezcan denominarse personas humanas y que, por tanto, la sociedad no pueda admitirlos bajo ningún concepto. Me estoy refiriendo a asesinos convictos y confesos.

Es muy importante que se den estas dos circunstancias para la argumentación que sigue, dado que sólo así se asegura que no hay error en la sentencia (de muerte, claro está).

Si bien es cierto que el valor de la vida se consagra como uno de los más importantes sino el que más, también cabe el recurso de la legítima defensa como eximente en un caso límite (incluso la tradición cristiana limita el quinto mandamiento en estos casos de legítima defensa).

Del mismo modo, el valor de la vida humana es uno de los principios fundamentales de la ética. Con todo, cabe hacer una excepción y justificar desde la ética algo ¿tan execrable? como la pena de muerte (pena que ha estado presente en todas las sociedades humanas de forma natural hasta hace bien poco y que continúa estando en algunos países).


¿Cómo justificar entonces desde el punto de vista ético algo que va en contra de uno de los principios fundamentales de la ética como es la conservación del ámbito corpóreo?

Ahí va la justificación de una manera muy resumida:

Para empezar hay que analizar críticamente el concepto de “pena de muerte”. La pena, obviamente ha de aplicarse sobre un sujeto vivo, de lo contrario la pena como mucho se queda para sus familiares, a no ser que aceptemos la existencia de “almas en pena”.

Por ello, el profesor Gustavo Bueno (padre del contertulio de El gato al agua Gustavo Bueno) propone la expresión “eutanasia procesal”. La explicación tiene un entramado lógico bien hilvanado:

A aquellos individuos humanos, reos de crímenes horrendos, léase asesinos convictos y confesos, habrá que hacerles ver y recapacitar sobre lo horrible de los actos por ellos cometidos. Si una vez dado este paso, estos asesinos se dan cuenta de la magnitud de sus crímenes, su conciencia no podrá soportarlo, no podran vivir con ese peso el resto de sus días y entonces:

- O bien toman el camino que tomaría un individuo racional en su caso, a saber, el suicidio (casos de este tipo se dan, por desgracia, muy frecuentemente: por ejemplo, un marido obsesivo mata a su mujer y a sus hijos y después se quita la vida…). Habrá que darles esa opción si así lo desean.

- O bien no tiene los arrestos suficientes para llevar a cabo este hecho irreversible que supone el suicidio, con lo cual la sociedad, a través de las instituciones correspondientes ha de facilitarle una muerte digna, es decir, la eutanasia procesal. En este caso la eutanasia procesal se concibe como un favor que la sociedad concede a quienes no pueden vivir ya más y no se atreven a suicidarse. Por cierto, ha habido casos de asesinos de esta clase en EEUU que han pedido expresamente para ellos la pena capital.

Ahora bien, en el caso de que estos asesinos convictos y confesos no tomen conciencia de su culpabilidad y se jacten de haber cometido esos crímenes horrendos, se rían de las víctimas, etc., entonces habrá que despojarles de su condición de persona humana.

Si no son personas, pueden ser tratados como las alimañas y ser eliminados sin ningún tipo de remordimiento.

PD: La argumentación completa aparece desarrollada por el profesor Gustavo Bueno en su libro El sentido de la vida: seis lecturas de filosofía moral (páginas 71 a 74)”

¿Planificación urbana o cervecitas? ¿Progreso o historia?

Hoy miramos, en Arte de vida, a la arquitectura. Ese magnífico intento del hombre por acercar la belleza a la vida cotidiana.

Son el tipo de comentarios que mencionamos más abajo los que le quitan gravedad a los esfuerzos científicos y políticos y demuestran que, en ocasiones, la vida acaba fluyendo a sus anchas, por mucho que la ingeniería social y el utopismo (sueños de la razón) se empeñen en canalizarla hacia un ideal que, a fin de cuentas, sólo existe en una mesa de reuniones.

La arquitectura y el urbanismo de las ciudades dice mucho de la vida que aloja. Londres es buena prueba de ello y un ejemplo de entendimiento y respeto de sus planificadores por la naturaleza y espontaneidad de la vida ciudadana.

¿Hacer ciudad o dejar que sea? ¿Ciudades vivas o ciudades fantasma?

Algún material interesante aquí. Y no dejemos de hojear la Breve historia del urbanismo de Chueca Goitia, con su preciosa descripción de la conformación de las ciudades en base a la antropología de los pueblos.

¿Es la empresa una obra de ingeniería social? ¿Cuenta la empresa con los “ciudadanos” que la conforman? ¿Dispone de los “espacios públicos” adecuados donde la vida se pueda dinamizar mediante el diálogo y el intercambio? ¿Forma parte la empresa, como un ciudadano más, de ese espacio público creador y vive “escondida”? ¿Es la empresa creadora de comunidad?

Y el artículo mencionado de Expansión:

“El cotilleo entre banqueros es la base del éxito de la City”

22.10.2010 Londres R. Casado / A. Polo

Detrás del crecimiento de Londres como centro financiero internacional durante las últimas décadas se esconde un nombre poco conocido. No es banquero, ni ministro, ni regulador financiero.

Peter Rees ocupa su actual cargo desde 1985. �Debo ser quien más tiempo lleva en la City en el mismo trabajo�
Peter Rees ocupa su actual cargo desde 1985. �Debo ser quien más tiempo lleva en la City en el mismo trabajo�

Se trata de Peter Rees, y es el jefe de Planificación Urbana de la City de Londres, una milla cuadrada de terreno donde cada mañana acuden 350.000 personas a trabajar en bancos, aseguradoras, despachos de abogados y firmas de auditoría.

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Cuerpo animado, espíritu realizado

Hoy tratamos de abstraer un poco más de lo habitual. Podríamos obtener con este ejercicio ciertas señales especialmente inesperadas por el lugar donde se hallan.

Víctor ha sido profesor de Estética y de Sociología. Le conocí trabajando las Confesiones de San Agustín.

La sencillez con la que enfoca los asuntos y su capacidad de escucha convertían las clases con el en un auténtico diálogo filosófico -cosa que, a veces, molesta a los alumnos, quienes pueden estar demasiado acostumbrados a copiar al dictado un mal resumen de un mal libro que un mal profesor les regurgite.

Hoy en “Voces” queremos escuchar la suya.

No sabríamos decir si es una voz desde el arte, la filosofía o desde la mística, pues el contenido de lo que os queremos presentar hoy lo escribió en junio de 2009 en el Monasterio de Santo Domingo de Silos y salió publicado este año en Glosas Silenses, esa revista que los benedictinos de Silos editan desde hace algunos años.

Víctor entra a analizar en la revista la esencia de la obra de arte, y leyendo su trabajo pensábamos en Fenareta, en la empresa, en la creación económica…

Habla en su trabajo de Aristóteles, y de la analogía que hacía el filósofo entre la energeia que dinamiza la cosa natural y la que dinamiza la obra humana, la obra técnica. La estela que dicha energeia deja a su paso por la obra (natural o técnica) es el orden de la misma, su origen y finalidad. Orden que constituye su belleza, cuya observación acaba por conducir a su creador, acaba llevando a su autor. Tenemos así el orden como la ratio essendi de la belleza.

En el obrar humano, por contraste con la creación natural, hay un plus de conciencia representativa, pues existe el resultado de dicho obrar primero en nuestro querer, anticipado, imaginado. Ese plus de conciencia, que convierte el hacer humano en consciente, diferencia la obra de arte (arte-facto) de la cosa natural. Volverá Víctor a ello.

Acude a continuación a analizar lo que el hombre hace en la vida: “está-viviendo-ahora” y “es del mundo por su cuerpo“. Vivir como un hacer que se “hace en mí”.

Subiendo un nivel, del individual al social, estamos ante el arte como ex-presión, comunicación de la interioridad de la vida, vida inter-subjetiva. La comunicación que siempre se produce, entre los hombres, a través de los cuerpos: obra de arte como corporalización o encarnación de la vida para comunicarse con otra.

Decimos “el arte” porque la obra (el resultado, el efecto) no es separable de la acción-arte-causa que la produce. Cosas naturales y productos de la técnica tienen sentido ontológico instrumental: la obra de arte no. No está al servicio de la famosa cura del Dasein.

Dado que la conciencia es siempre corpórea -el cuerpo nos acompaña siempre como ingrediente esencial de la vida-, su flujo acontece en contacto con la materia: este hacer del espíritu en contacto con la materia es la forma en la que el espíritu se ex-presa: se re-aliza. La obra de arte es la realización del espíritu.

He aquí la condición finalista del arte y su excelencia: el arte es depositario de una actividad humana excelente y su practicante, el artista, adquiere condición de super-humano. Libre en el sentido de no estar al servicio de nada, sabedores el artista y su obra de su condición repleta de significado en sí, se “enthou-siasman.”

Misterio del arte que se revela en tres momentos de fuerza: en la dirección de la materia, que ya es inseparable del espíritu (en el verdadero arte no se puede separar uno de otro; por contraste, el hombre normal, para su desgracia, no sabe poner espíritu en un lienzo o en una partitura); en la dirección del espíritu y en la respectividad de uno y otro.

La belleza de la obra de arte no puede ser hallada en la cosa física, sino en la relación de esta con el espíritu, pues la obra es la belleza encarnada, corporeizada.

En el momento actual, donde la vida del hombre son fragmentos, cabe probablemente sólo la belleza parcial, la belleza que se expresa y encarna en la fractura del hombre. Sigue siendo belleza, sin embargo. Mientras haya armonía en la relación entre el espíritu (como esté) y la materia en que se encarna, habrá belleza.

Parcial, pero belleza (a lo Quevedo).

Y ahora, bajando de nuevo a la arena de las organizaciones, dejamos alguna pregunta pendiente:

  1. ¿acaso no son las empresas creaciones humanas y ejemplos claros de encarnación de una conciencia en la materia?
  2. ¿su único fin es ganar dinero o pueden llegar a ser un fin en sí mismas: pueden llegar a tener sentido propio?
  3. ¿cómo de posible es acercar una concepción “artística” a la empresa, pensándola primero como arte-facto (de un “artista”) y luego, si fuera posible, acercándola un poco más al espíritu / conciencia?
  4. ¿qué es un arte-sano? ¿y una fabricación arte-sanal? ¿era artístico su trabajar?
  5. ¿qué sistemas económicos sustentan a las empresas de hoy y cuáles sustentaban a los artesanos medievales?
  6. ¿han seguido caminos paralelos el desprestigio de la institución empresarial y la desaparición del artí-fice? ¿hasta qué punto nos desagrada no saber quién está detrás y hasta qué punto nos tranquiliza conocer al “responsable”? Cuando preguntamos por el “responsable”, ¿acaso no preguntamos por aquel que tiene la capacidad de salirse del procedimiento y aportar algo de “sí mismo”, algo de su persona, para solucionar algún problema que ha surgido y que la falta de espíritu no puede afrontar?
  7. ¿es la responsabilidad social corporativa el remedio a la suma de las irresponsabilidades individuales de los artífices, que no han puesto espíritu en su trabajo?
  8. ¿es la obra de arte aquella obra que mayor responsabilidad contiene por parte de su autor?
  9. ¿qué es “poner espíritu” en el trabajo que se realiza? ¿qué es no ponerlo?
  10. ¿podría identificarse lo que algunos empresarios sienten por la obra que es la empresa que han creado con lo que siente el artista ante la suya?
  11. ¿puede ser “bella” la empresa? ¿debe aspirarse a la belleza en la organización?

Seguiremos pensando, preguntando y caminando.

El texto de Víctor está disponible para quien lo quiera leer, a continuación:

LA ESENCIA DE LA OBRA DE ARTE

Víctor M. Tirado San Juan

En esta nueva visita a Silos me he propuesto reflexionar junto a vosotros sobre este tema tan bonito y a la vez tan difícil de la obra de arte. El título hace resonar en nuestro espíritu la conferencia de Heidegger de 1935 en torno al “origen de la obra de arte”, y la verdad es que el enfoque que el pensador alemán hace del problema me parece acertado, aunque nosotros seguiremos nuestro propio camino.

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Creación económica (I)

Vamos inaugurando esta sección para los jueves. Su objetivo es acercar a las personas que nos siguen reflexiones y experiencias vitales sobre este importante concepto que, para la metodología Fenareta, es fundamental.

La Creación Económica.

Si hacéis una búsqueda en el blog veréis que ya se han dibujado algunas líneas directrices en este sentido. Se ha hablado de creación económica como creación de vida; de empresa creadora y de la significación de los recursos en todo el esquema. Asimismo, ha surgido un síntoma o un fruto “colateral”, la alegría, de la creación.

Pues bien, ya estamos dando los pasos en la cimentación de este concepto, utilizando “concretos” diferentes pero compatibles. Se irán citando en esta sección.

Recomendamos intensamente la lectura del libro de José Antonio MarinaLa creación económica“, uno de los que hace años más nos inspiraron en la gestación de lo que ahora es Fenareta.

Dice el resumen:

“Para el autor la empresa es el centro de la actividad creadora económica. La aparición de las “tecnologías de la inteligencia” ha acelerado los procesos de innovación, por lo que las empresas que no mantienen vivas sus capacidades creativas desaparecerán. La actividad creadora se da siempre en un contexto que la estimula o la bloquea. Un ambiente deprimido, rutinario, envidioso, que recela la innovación, limita las posibilidades creadoras. Marina impone como gran tarea social la configuración de una cultura de la creación, en la que la economía tiene un papel especial. Por esta razón, concede y exige a las empresas un mayor protagonismo en este Gran Proyecto Ético, por la gran influencia real que tienen en el mundo y por la cantidad de talento que concentran.

La riqueza de una nación ya no reside en el conjunto de sus bienes o de dinero sino en el talento y la suma de todas las posibilidades creadoras de sus habitantes. Gran parte de esas posibilidades dependen de la realización del Gran Proyecto Ético, en el cual han de tener acomodo las creaciones del espíritu. Si el talento es el gran recurso, cada talento despreciado es una fuente de riqueza perdida.

Este libro es, pues, una teoría de la inteligencia económica, que no materializa la inteligencia sino que espiritualiza la economía.”

¿Coreografía o música de los golpes? – Raging bull

Empezamos la semana con fotografías, películas, músicas y libros que contribuyen a hacer de la vida diaria un ejercicio de reflexión e integración personal. Combatiendo la inercia y el automatismo laboral“.

Así se describe este apartado de los lunes. Hoy una mirada. A esta secuencia (Raging bull de Martin Scorsese).

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Una mirada que podría sostenerse horas, días. Que podría servir como mirada de contemplación ante las personas que encontramos en nuestro trabajo. Mirada a nosotros mismos.

Como una eterna nota, el púgil baila en el tri-grama que marcan las rústicas cuerdas del cuadrilátero, en primer término. Cuerdas que marcan, con sangre a veces, el argumento de su vida. La vida de un boxeador envuelto en un ropaje que le hace casi ridículo. El papel que le ha tocado jugar, probablemente delimitado por esas cuerdas, de las que su bailoteo y sus golpes nunca lograrán sacarle. El personaje que, irremisiblemente, irá golpeando cuanto se encuentre.

Hace días nos planteábamos la pregunta: ¿por qué luchas? E intuíamos que, en una vida pensada, la lucha no lo era todo. La lucha puede llevar a perder la libertad. ¿Qué sucede cuando se lucha para recobrarla? ¿Y cuándo se lucha porque no se tiene ninguna posibilidad adicional? ¿Por qué luchan tanto ciertas personas, algunas, como Jake La Motta, que provienen de un origen tan difícil? ¿Y otras que lo tienen todo?

Hoy, en la visión del legendario Jake La Motta que Scorsese nos ofrece, vemos que la pregunta queda fuera del marco, de la pantalla. A veces nos tocará enfrentarnos a personajes como el que aparece enjaulado en la pantalla, y nuestro cometido será sentarnos con ellos y escuchar, sin cuestionar, sin preguntar.

Asistir a su baile, a veces desaforado, incluso patético, sin aspirar a que se justifiquen. Sin exigir que den cuenta y razón. Porque a veces la cuestión no va de cuentas, ni de razones, ni de causas. Simplemente suena la musica y ellos bailan, dentro del espacio que dejan las cuerdas. Con la ropa que llevan puesta y sin percatarse de su apariencia. Bailan y nosotros miramos.

Acompañemos. En silencio. Comprendiendo el sufrimiento que la persona lleva consigo y que reparte, como caramelos, a quien se le acerca, a quien entra en el ring de su vida.

En ciertas circunstancias que vamos viviendo, la primera reacción es juzgar, contrastando lo que vemos con lo que pensamos que debería ser. Las personas abren su corazón y manifiestan una situación de sufrimiento. ¡Qué difícil es no juzgar para el espectador! ¡Qué difícil es simplemente acoger! ¡Qué difícil es saltar al cuadrilátero y compartir los golpes!

Sin embargo, cuando se alcanza a comprender los extremos en que se deselvuelve la vida de estas personas, la palabra del juicio se apaga, se avergüenza, dando paso al silencio. Surge la simpatía, la compasión… Ni causas ni razones. No se pueden encontrar razones ni causas cuando, tras los golpes de la vida, Jake, con la cara literalmente partida, le recuerda a Ray que se mantiene en pie, lo cual se convierte en su sentido:

“Ya never got me down Ray……Ya hear me? ya never got me down….”

Entonces una llamada, una voz, tiene sentido. Entonces, tras la acción inmediata, se acierta a divisar todo un horizonte que la bruma del instante había, por un momento, ocultado, pero que se muestra de nuevo. Entonces surge la posibilidad de la vida.

“They called me an animal. I’m not an animal.”

Entonces se entienden afirmaciones como la que le hace Jake a su abandonada esposa, mientras cocina para él:

“Don’t overcook it. You overcook it, it’s no good. It defeats its own purpose.”

Seguimos caminando y buscando esa serenidad para aceptar lo que no podemos cambiar, la valentía para cambiar lo que podemos cambiar y la sabiduría para discernir unas de otras. Sabiduría que a veces surge inesperadamente:

“I’ve done a lotta bad things, Joey. Maybe it’s comin’ back to me.”

Cuando ello sucede, suena la música.

Suena esta música: el Intermezzo de la Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni. Es también clarificador. Es muy curioso cómo, contrastando con su placidez y serenidad, ha servido para acompañar películas de gran violencia. Películas donde las personas se resistían violentamente, golpeandolo todo, a un trágico destino que les estaba, desde el comienzo, indicado.

Suena esta música, quizás, a ¿liberación? ¿O a aceptación serena del destino? ¿O a discernimiento? ¿A qué le suena al protagonista cuando dice:

“There’s no way I’m goin’ down. I don’t go down for nobody.”

Habría quizá que reflexionar acerca de las cuerdas que marcan el cuadrilátero en que se mueven las organizaciones, y quizá madurar nuestra actitud ante ellas y las personas que las forman. Para poder entender:

“I remember those cheers,
They still ring in my ears,
And for years they remain in my thoughts.
‘Cause one night I took off my robe,
And what’d I do? I forgot to wear shorts.
I recall every fall, every hook, every jab,
The worst way a guy can get rid of his flab,
As you know, my life wasn’t drab.
Though I’d rather hear you cheer
When I delve into Shakespeare …
‘A horse! A horse! My kingdom for a horse!’
I haven’t had a winner in six months.
And though I’m no Olivier,
If he fought Sugar Ray, he would say
That the thing ain’t the ring, it’s the play.
So give me a stage
Where this bull here can rage,
And though I can fight,
I’d much rather recite.
That’s entertainment.”?

La Cavalleria en diferentes tonalidades.

  • Dirigiendo Lim Kek-tjiang a la Evergreen Symphony Orchestra:
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  • En la maravillosa “El Padrino”:
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  • Levon Manukyan
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  • Zubin Metta
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  • Un magnífico adiós
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  • Ricardo Muti
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Acaba la película con una cita bíblica:

“So, for the second time, [the Pharisees]
summoned the man who had been blind and said:
‘Speak the truth before God.
We know this fellow is a sinner.’
‘Whether or not he is a sinner, I do not know.’
the man replied.
‘All I know is this:
once I was blind and now I can see.’
John IX. 24-26

¿Qué entiende Fenareta por “empresa”?

“Los filósofos que han especulado sobre la significación de la vida y el destino del hombre, no han notado lo suficiente que la naturaleza se ha tomado la molestia de informarnos sobre sí misma. Ella nos advierte por un signo preciso que nuestro destino está alcanzado. Ese signo es la Alegría. Digo la Alegría, no el placer.

El placer no es más que un artificio imaginado por la naturaleza para obtener del ser viviente la conservación de la vida; no indica la dirección en la que la vida es lanzada. Pero la alegría anuncia siempre que la vida ha triunfado, que ha ganado terreno, que ha conseguido una victoria: toda gran alegría tiene un acento triunfal.

Ahora bien, si tomamos en cuenta esta indicación y seguimos esta nueva línea de hechos,  hayamos que por todas partes donde hay alegría, hay creación: más rica es la creación, más profunda es la alegría”.

Henri Bergson

El socialismo marxista y el liberalismo capitalista han acabado por defenestrar el concepto de empresa y la antropología subyacente, al situarlas en medio de un dilema que no es tal: ¿libertad o justicia?

Los teóricos de la libertad han defendido el llamado “mercado” por encima de todo, mientras que los defensores de la llamada justicia social han dado la preferencia al Estado. De estas opciones han nacido las oposiciones mercado-estado, liberalismo-socialismo o riqueza-poder. Fenareta ofrece un giro radical en el pensamiento de la empresa, en paralelo con el giro que propone a nivel antropológico. La empresa es una persona, y la persona no es ni un lobo infinitamente voraz que caza por cazar ni un gusano ocioso deseoso de ser alimentado simplemente para engordar. La persona tiene un sentido y todo lo que hace, lo comparte.

Creemos en la persona humana con todas sus dimensiones, y consideramos que el valor de la misma se puede concentrar en la vida. La persona tiene un sentido, la Vida, y el sentido actúa de tractor, de elan, de impulso, de fuerza que impulsa a la persona a perseverar en su vida, a crear más vida, a buscar la verdad de la vida y a contemplar la belleza de la vida.

La persona crea valor cuando crea vida con lo que es y lo que hace. Crea valor cuando contribuye a la creación facilitando las circunstancias que hacen posible y digna la vida. Creando valor se perfecciona según su naturaleza: llega a ser lo que debe ser, lo que es. Lo consigue como individuo, pero fundamentalmente lo consigue en la comunidad en la que vive, que ayuda a vivificar y que le vivifica.

Desde esta estructura vital animada por la vida se crea lo valioso, la nueva vida. Esta creación produce en el hombre una intensa alegría al constatar con sus propias manos que la vida no cesa y que el bien triunfa en la lucha contra el mal.

La creación de la vida por el hombre se produce mediante la utilización de determinados recursos, limitados, que son los que configuran la creación económica. Esos recursos responden siempre a una organización, que es la que conduce a la consecución de los proyectos. Estar en camino de conseguir los proyectos es el síntoma de la justicia social, y no estarlo es la mayor injusticia social imaginable. La creación económica es la ordenación de recursos limitados de cara a proyectos que responden al sentido de toda actividad humana: la creación de vida.

La empresa es el modo habitual de organizar esa actividad de creación económica, con la única salvedad de que el comercio y el tráfico mercantil han perfeccionado hasta tal punto esa organización específica que la han dotado de personalidad económico-jurídica. Así pues, la empresa es la persona jurídica que tiene como vocación el crear vida de forma económica –con recursos limitados.

En su dinamismo propio (la creación de vida), la empresa cuenta con recursos limitados -bienes fabricados, aquellos que forman una suma limitada o nula: su distribución acaba por agotarlos- y otros ilimitados, bienes creacionales, aquellos que se pueden compartir o repartir y que nunca se terminan (tales como la bondad, la generosidad, la confianza, el sacrificio, el ingenio, la paciencia, etc.). –que serían

La empresa se convierte, en la visión de Fenareta, en persona cuya vocación es contribuir a la creación, desde su campo de conocimiento específico, la creación económica. Penetran, por tanto, la vida y el impulso vital dentro de la empresa, haciéndola emerger hacia el entorno –la comunidad, el mercado y el Estado- para ofrecer su mano creadora allá donde ella vea que se necesita.

Desde la empresa creadora, y obrando conforme al sentido, se alcanzan los proyectos, y el caminar hacia ellos, utilizando los recursos, limitados o ilimitados, conforma la justicia, siempre social. Así pues, el dilema no es tal y la vida puede realizarse plenamente, libre y justa.