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“Hay dos maneras de difundir la luz… ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja" (Lin Yutang)
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Iberdrola por fin logra ver el bosque

Es un problema de las empresas: los árboles no les dejan ver el bosque. Inmersas en los problemas del día a día, no logran ver cada eventualidad en un marco general. Fenareta querría contribuir a que lo lograran.

Para ello usamos Faros: proyectos, personas o textos que nos ayudan a encontrar referencias. Y hoy hablamos de una persona que nos ayuda a ver el bosque entre tanto árbol.

Iberdrola ha dado un paso en este sentido -¿o no? ¿será pura propaganda?- y ha fichado al bosque por antonomasia, a Vicente del Bosque.

A quienes por razones deportivas tuvimos la suerte de conocerlo en su día (un día que viene de hace mucho tiempo, cuidando de muchos chavales de las categorías inferiores del Real Madrid), y aunque fuera sólo por un rato, no se nos olvida su categoría humana y su sabiduría filosófica, en el campo de deporte y en cada faceta de la vida.

Nunca fue, sin embargo, la estrella que otros han querido ser a toda costa. Hay ya libros sobre él, sobre todo desde que tropezó con el impostor éxito (en el Mundial), que junto con la muerte son los dos grandes óleos de bendición en la sociedad actual.

Iberdrola ha nombrado a Del Bosque miembro del consejo consultivo de Castilla León. Y la noticia, ante tanto fichaje estrella, parece reconfortante: como si la época invitara a acercar a este tipo de “filósofos” de la vida a la empresa del 2010, una empresa en crisis de identidad, con su moralidad cuestionada por todos con su legitimidad como institución creadora de riqueza en entredicho.

Entendemos que Del Bosque no va a asesorar sobre modelos económicos o a tomar canapés a las presentaciones de la empresa en la comunidad autónoma, sino a aportar sentido común y sabiduría de vida a las desiciones estratégicas de la empresa en la región: una región tan seria y tan poco dada a exuberancias como Castilla León. Dice mucho esta elección de la persona elegida, de la empresa que lo elige y de la visión que se tiene del futuro.

¿Es esta la época de los estoicos y de la filosofía pegada a la tierra, filosofia para el día a día?

¿Era la de antes, época de exuberancia irracional, la época de los platónicos o hegelianos?

¿Veríamos mejor ahora la incorporación, en la crisis, de un entrenador más mediático a Iberdrola, o preferimos al “gris” Del Bosque? ¿Por qué cambian nuestros criterios de reconocimiento y autoridad? ¿Buscamos imaginación? ¿Buscamos fiabilidad?

En Iberdrola, por fin, van a ver el bosque.

miembro del consejo consultivo de Castilla y León

Empresa (religiosa) sin visión.

Entrevistábame yo con el director del departamento de ética empresarial de una escuela de negocios mexicana bastante prestigiosa. Una universidad vinculada a un grupo religioso.

Y percibía, junto con la conversación de superficie, que versaba sobre la universidad, su funcionamiento, mi persona, etc. otra conversación más profunda. En ella se me estaba indicando, suavemente, que la ética era, en esa escuela, un departamento menor, un complemento a los otros departamentos “de peso”. ¿Y en cuál no? ¿Existe acaso una carrera llamada ética o moral? Es tan sólo una asignatura dentro de esa absurda carrera llamada Filosofía, y un simulacro de asignatura que los ingenieros, médicos, empresarios y juristas deben estudiar para sacarse el título que realmente les importa, el “de peso”.

Es llamativo cómo las universidades religiosas, aquellas que nominalmente han mantenido un posicionamiento trascendente de su actividad, no han tenido el valor de mantener dicho posicionamiento hasta el final. Se han vendido al mejor postor, que es el que puede pagar las colegiaturas a cambio de beneficiarse, nominalmente, del prestigio de una institución que, no lo olvidemos, en algún momento de la historia llegó a educar a profesionales morales, a personas. Han perdido la esperanza que les llevaba a perseverar en su ser amándolo, amando lo que son y manteniendo su vocación a serlo.

Han tenido que camuflar su misión trascendente bajo categorías descafeinadas para hacerles digerir a sus alumnos lo que la propia universidad, en un impulso suicida, ha dejado de considerar como “creencia” y ha pasado a ubicar como “ideología”.  Se trataba de adaptarse a los tiempos y, en vez de hacer un sobre esfuerzo para repensar lo propio y tratar de recrearlo y vivificarlo, se ha caído en la comodidad de aceptar acríticamente las conclusiones de la ideología y vivir con ellas, pidiendo perdón –a uno y a la institución- por la deslealtad, pero extendiendo la mano a cambio de unas monedas. Nihil novum…

Las ideas se tienen; en las creencias se vive. Pasar de vivir a tener no es sino idealizar primeramente para morir después, renunciando a la relación, con el consecuente empobrecimiento que ello supone, al perderse la realidad circundante para acabar uno encerrado en sí mismo.

Todo es opinable y la ética acaba dejando de ser la savia que lo vivifica todo –el sentido- para constituirse en maquillaje de los “actos del hombre”: RSC, RSE o cualquier acrónimo que le otorgue aspecto científico sirve de lenitivo a la conciencia que, terca, nunca muere.

¿Formar especialistas en finanzas y aliñarlos con algo de ética o formar personas para la labor financiera en la comunidad?

Depende de lo que el mundo necesite: ¿qué se debe hacer?

El mundo está harto de financieros y muy necesitado de personas, saturado de técnicas y vacío de sentido. Si las instituciones que partían de la noción milenaria de persona han decidido olvidarse de sus orígenes, otras tendrán que ocupar su sitio. Es cuestión de tiempo. Son creencias demasiado poderosas como para que se las irrogue una institución, especialmente si no tiene la diligencia debida como para custodiarla y vivificarla.

Y no olvidemos que en el fondo, estas instituciones son también empresas, con su visión y misión. Cuando la visión se empieza a volver borrosa o se pierde o no se sabe revisar, otros vendrán con la capacidad de ver mejor y seguir la luz que antaño servía de guía. El ecosistema, en el fondo, es selectivamente sabio. La deslealtad y la cobardía se acaban pagando. Fatalmente.